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16 de Marzo de 2001

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VELOCIDAD DE LA RED

La dudosa libertad de los mutantes

Por José Hermida

La próxima sustitución de los circuitos electrónicos por circuitos ópticos supondrá la liquidación de los PCs así como la subsiguiente conversión de Internet en una red neuronal semibiológica. La amenaza de nuevas formas de diferencias sociales se cierne sobre la sociedad occidental.
Hace cosa de un año, las revistas de divulgación científica dieron a conocer la posibilidad de crear ordenadores subatómicos capaces de realizar complejas operaciones matemáticas en tiempos extremadamente breves. Los procesos de investigación correrían a cargo del ejército de Estados Unidos. Para expresarlo de una forma sencilla, digamos que el ingenio consiste en crear “chips” dentro de los átomos. Hoy ya sabemos que no se trataba de un sueño: la revista Science acaba de publicar un reportaje sobre el trabajo de un equipo de científico de la Universidad de California, (UCLA) señalando que, a partir de una molécula, se ha creado un interruptor eléctrico del tamaño de una millonésima de milímetro, capaz de abrirse o cerrarse mediante una descarga. Los científicos de esta Universidad trabajan con fondos del Pentágono. Se puede consultar un resumen del trabajo en www.bioplanet.net (noticia de 11 de marzo de 2001).

Cuando hablamos de “interruptor” nos referimos a un sistema capaz de permitir o impedir el paso de una corriente eléctrica, lo que en términos de notación binaria equivale a un 1 (paso de corriente) o un 0 (interrupción del flujo electrónico). Es exactamente el mismo sistema que su ordenador está utilizando en estos instantes para leer este texto.

Y ahora ustedes se preguntarán por qué demonios su ordenador tiene que funcionar más rápido. En realidad, todo debe funcionar más rápido, ya que en el entorno occidental, más o menos estable conforme a los ciclos económicos, el concepto de ciencia económica, el cual se refería hasta ahora a la escasez de los bienes, comienza ya a dar señales de constituir una disciplina basada en la administración de la escasez del tiempo: hace unas semanas, y con motivo de la instalación en mi oficina de una red local, me vi obligado a trabajar con mi ordenador portátil; todo me parecía normal hasta que, una vez concluidos los trabajos de instalación, empecé a utilizar un potente ordenador que me permite mantenerme en contacto con el resto de los compañeros de trabajo intercambiando documentos y compartiendo programas en tiempo real (“tiempo real” significa exactamente que todo sucede sin que se consuma una unidad de tiempo, sea ésta cual fuere). Me tomé la molestia de calcular por encima qué rendimiento extra suponía todo esto: nada menos que un promedio de 12 horas de trabajo efectivo al mes sin pérdidas por efectos de los denominados “ladrones de tiempo” (reuniones, desplazamientos por la oficina, espera en la transmisión de documentos, etcétera). Ahora tenemos un sistema de chat altamente efectivo y ya estamos instalando videocámaras (espero contarles algo en otra ocasión sobre esta experiencia).

Pues bien, este factor de “aceleración del tiempo” (expresión con la que no pretendo ofender a los físicos de partículas) se corresponde exactamente con el concepto actual de Overconnectedness, término acuñado por el periodista del The New York Times Thomas L. Friedman (pueden ver su página web en http://nytsyn.com/newsservice/op-ed/friedman.html) para referirse a la obsesión cultural occidental para mantenerse en permanente contacto con el entorno, lo que explica no sólo es que prácticamente todo el mundo tenga un móvil, sino que los directivos utilicen dos y hasta tres móviles, generalmente gestionados por sus secretarias particulares.

Por otra parte, las redes de fibra óptica empiezan a reclamar el protagonismo absoluto que les corresponde, ya que la transmisión de las comunicaciones por este medio, siendo ciertamente veloces, se encuentran con un cuello de botella cuando deben atravesar un circuito electrónico. Para expresarlo de forma sencilla, las comunicaciones ópticas “se quejan” de que los ordenadores... ¡van por debajo de la velocidad de la luz! Si a esto añadimos que las implantaciones subcutáneas de chips alimentados por la electricidad natural del cuerpo humano ya son un hecho (empezaron a usarse para los pacientes parapléjicos; en España desarrolla estos proyectos el Centro Estatal de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas, CEAPAT) y que la eliminación del teclado para activar el ordenador mediante señales emitidas por el cerebro ya se encuentran en funcionamiento desde hace años, nos podemos imaginar sin esfuerzo a las personas conectadas entre sí prácticamente sin la intervención de interfaces no biológicos.

Y aquí es donde se centra la cuestión: si nos atrevemos a extrapolar la situación actual en Internet, donde no todos los usuarios tienen los mismos derechos (básicamente debido al acceso a información sustantiva en función de la diferenciación entre los servicios de pago y los gratuitos), en un escenario de interconexiones biológicas o semibiológicas extracorporales, habrá una enorme masa de personas, que tal como sucede ahora mismo, carecerá de acceso a la plenitud de información disponible, pero que además, será ontológica y físicamente irrelevante con relación al sistema global. Esas personas, aparentemente, gozarán de los mismos derechos que el resto de los ciudadanos occidentales, pero en realidad no será así: unos pocos sabrán todo sobre ellos y ellos apenas sabrán nada acerca de los otros. Este escenario puede darse incluso dentro de una configuración de opulencia económica (pleno empleo, ocio de calidad, vida prolongada, etcétera).

El error de bulto de la contestación política antiglobalizadora es seguir interpretando las relaciones sociales como si nos encontrásemos en el siglo XIX y los telares siguiesen funcionando con máquinas de vapor. Las amenazas reales son infinitamente mayores que todas las que puedan pergeñarse desde una interpretación marxista de la sociedad (suponiendo que quede alguien que utilice este recurso para la descripción de las relaciones en los entornos tecnológicos). La clave para el mantenimiento de un orden sensato y justo en la sociedad inmediata se encuentra exclusivamente en la formación social de la ciudadanía, pero hay que admitir que ni en las escuelas ni en las instituciones existe conciencia de tal necesidad: a los estudiantes de bachillerato se les aprueba para que no estén en la calle y poco más: sólo faltaría que se les machacase el cerebro con cuestiones como las que me he atrevido a plantearles.

No deja de tener su gracia que Aldous Huxley explicase todo esto en Un mundo feliz cuando el mayor ingenio disponible para la comunicación de masas era la imprenta y la radio. ¿No queríamos futuro? Pues nos hemos dado cucharada y media a nosotros mismos. Pero tampoco hay que preocuparse demasiado. Uno acaba por acostumbrarse a todo.
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