DRAGONES Y MAZMORRAS
La cultura y sus mariachis
Por Julia Escobar
Ya me gustaría contarles a ustedes de primera mano lo que pasó en la Feria del Libro de Guadalajara, pero miren por dónde no me invitaron. Mis amigos, para consolarme, me dicen que es porque no escribo en El País ni me publican en Alfaguara ni hablo en la SER. Pero sé que hay muchos que tampoco lo hacen y ahí están, cantando rancheras. No es que yo me lo merezca más que ellos, pero se da el caso de que soy amiga desde hace mucho del comisario del evento, Carlos García Gual y, la verdad, bien podía haberme enchufado. En el fondo, me alegro, porque así podré quejarme con razón y no por devoción como muchos de los que se han estado poniendo de guacamole hasta las cejas, aunque eso sí, mientras defendían con la boca llena la postura de los que hemos sido marginados.
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La culpa, una vez más, la tiene el dichoso volumen Libros y letras de España editado por la Dirección General de Libro, en el que sólo están los que están y no los que son, como ocurre desde que yo tengo memoria. Al menos eso dijo Juan Manuel de Prada, indignado, en una mesa redonda a la que él sí había sido invitado. Prada (se conoce que no figura en el citado volumen) se cebó con Fernando Valls, autor de la parte que se ocupa de narrativa en ese libro que Prada calificó de panfleto y que yo acabo de encargar al Ministerio (cualquier español puede hacer lo propio) para leerlo con detenimiento y poderles contar la semana que viene la magnitud de la infamia, si tal hay.
Para empezar yo ya he detectado una, la del título: La narrativa española, de ayer y hoy, con una coma ominosa que indica lo poco fiable que es una persona que claudica de forma tan flagrante en el uso de los signos de puntuación. Los responsables de la tendrían que tener mucho cuidado con esas cosas, que para algo son de letras; a mi entender, eso es mucho más grave que cualquier omisión. Serénese Prada y otros relegados porque dentro de cien años todos calvos, pero la coma del título seguirá, inicua, en su sitio.
La verdad es que el Ministerio no tendría por qué meterse en esos jardines. No sé cómo no han aprendido después de las escandaleras que se armaron en Munich o en Francfort en el pasado por lo mismo. Quien tendría que hacer el dichoso librito es la Federación de Gremios de Editores de España, que se puede permitir ser todo lo parcial que quiera, pero el Ministerio no es quien para decir (hablo de oídas) que Cela es discutible y Juan Benet un genio.
Además, aunque me hubieran invitado a Guadalajara tampoco podría haber asistido porque el día 1 de diciembre, cuando la Feria cruzaba su Ecuador, tuve el honor de presentar, junto a José María Marco y Alicia Delibes el libro de mi querida amiga Inger Enkvist, a la que los lectores de La Ilustración Liberal ya conocerán por la entrevista que me concedió para la revista y que se publicó en el último número.
La obra tiene el impactante título de La educación en peligro (Editorial Unisón) y ya saben que cuando algo así está en peligro, caveant consules. No había muchos cónsules en la Asociación de la Prensa, local donde se celebró el acto, pero sí profesionales y amigos de la autora. Como Alicia Delibes se ocupa extensamente del contenido del libro en su sección de este Semanal les remito a ella para que se enteren del valor de las ideas y de las propuestas de este magnífico y riguroso análisis de una de las cosas que más deberían preocuparnos, mucho más que el número de autores excluidos o incluidos en un Quien es quien tan aleatorio como efímero.

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