EL INFORME LUGANO
La conservación del capitalismo
Por Francisco Capella
Susan George, presidenta del Observatorio de la Mundialización, acaba de publicar un libro, "El Informe Lugano. Sobre la conservación del capitalismo en el siglo XXI", donde en forma de novela se repiten las falacias típicas acerca de los mercados, los empresarios, la economía y la política. La colaboración de Intermon revela que se trata de una ONG con la que no merece la pena colaborar si uno espera que su dinero se utilice con algo de sentido común.
|
Lo absurdo de sus afirmaciones demuestra que en ausencia de una teoría correcta acerca de la acción humana, las interpretaciones de los hechos de la realidad producen todo tipo de disparates. En un tono apocalíptico, habla de catástrofes dramáticas, de crisis de la economía globalizada por su mala gestión, de sufrimiento, de excesos, de descontrol, de lucha de todos contra todos, de destrucción del medio ambiente, de un sistema que produce "millones de perdedores con los que nadie tiene la más mínima idea de qué hacer". Todo culpa del capitalismo irrestricto, que "no puede asegurar la felicidad para todos", lo que hasta ahora había constituido su gran éxito. ¿O sea que ha podido garantizarla pero de repente ya no? Con 8,000 millones de personas el sistema no funciona, pero al parecer con 4,000 millones sí es posible. Maravillas de los óptimos de población.
Un superhéroe para niños resuelve problemas porque lo sabe todo y lo puede todo, o sea por definición. George recurre a la falacia del principio de autoridad: inventa a unos presuntos superexpertos (detrás de los cuales se esconde) y patatín, patatán, espera que nos creamos que todo lo que dicen es correcto, porque, claro, son rigurosos, utilizan datos reales y están muy bien pagados para decir la verdad. Y así dicen cosas tan brillantes como que "Hay demasiadas fábricas notablemente eficientes que producen demasiados bienes para muy pocos compradores solventes". O sea, que los dueños de las fábricas son muy buenos técnicos, pero no saben qué quieren los consumidores y cuánto están dispuestos a pagar por ello. Como esto debe provocar graves pérdidas, ¿cómo es que son capaces de conservar la propiedad de los medios de producción? ¿O es que estos pseudoexpertos se preocupan de que no se puede consumir lo suficiente? ¿La escasez se ha acabado y estamos en el Nirvana? ¿O se trata otra vez de la falacia del subconsumo de Keynes?
El plan de salvación del capitalismo y sus amos del universo consiste en eliminar a los que sobran, "aquellos que no contribuyen a consolidar la economía", por ejemplo mediante la intoxicación alimentaria, la epidemia del sida y la promoción de fanatismos violentos para que se maten entre ellos. Antes el empresario era demonizado por su egoísmo y su afán de captar más y más clientes, pero ahora resulta que pretende liquidar a los que no consumen. La autora realiza un curiosísimo análisis de la función empresarial: "Los empresarios no son personas libres, si no aseguran una rentabilidad del 15%, si no despiden, dejan de ser empresarios".
"El poder hoy está en los mercados financieros, en los que sólo cuentan 150 personas, y está en los dirigentes de las transnacionales y sus servidores". Estos malignos poderes distraen a la gente común para "evitar que se ocupen de lo que pueden hacer juntos; se bloquea la solidaridad". Juntos como hermanos, no nos moverán, suena a movimiento hippy.
George imagina "un accidente global, una crisis bursátil: las empresas no podrían pagar a los bancos, todo el mundo sería despedido, los bancos y las empresas cerrarían, el paro se generalizaría, los Gobiernos se verían impotentes, los precios aumentarían, la gente no tendría dinero..." Si todo el mundo es despedido, obviamente el paro se generaliza, pero entonces ¿quién produce los bienes cuyos precios aumentan? ¿Quién paga estos bienes a altos precios si la gente no tiene dinero? Lo más bonito del cuento es imaginar a los gobiernos impotentes, pero sospecho que no es la idea de la autora, porque probablemente no entiende cómo se producen las crisis bursátiles por la manipulación crediticia de los gobiernos, y cómo se agravan por sus regulaciones y su presión fiscal.
Susan George afirma que sus críticos no han cuestionado sus datos, sus premisas o su "lógica", y que le gustaría que alguien lo hiciera. ¿Pretende conocer todas las críticas en su contra? Juzgue usted mismo.