El Museo Reina Sofía acaba de inaugurar una exposición que reúne las obras de Juan Gris que pertenecen a su colección. El conjunto, de una primera importancia, se compone de 14 óleos, fechados entre 1913 y 1926, 4 dibujos y una larga decena de grabados y estampas para libros. La exposición tiene el indudable atractivo de mostrarnos cómo en los últimos años el Museo se ha ido enriqueciendo con importantes colecciones de los artistas más fundamentales para la historia del arte contemporáneo. Y así, si, por ejemplo, en 1970 no existía ninguna obra de Miró en las colecciones estatales y casi lo mismo se podía decir de Picasso, Dalí, el propio Gris o Julio González, por limitarnos a los más conocidos, hoy en día, gracias a donaciones, legados y adquisiciones el Museo y, en general, el Estado conservan colecciones más que dignas de estos grandes artistas españoles del siglo XX.
Esta ha sido una de las labores más importantes en las que los responsables del Museo han trabajado en los últimos años, consiguiendo enriquecer sus fondos de manera muy meritoria en una época en la que no siempre es fácil encontrar obras de importancia de los grandes maestros del arte moderno y contemporáneo.
En el caso concreto que nos ocupa, las obras de Juan Gris son realmente importantes y ofrecen, ya que de eso se trata en un museo, una visión completa y brillante de todo el recorrido estilístico de Juan Gris, desde sus ilustraciones para las revistas satíricas de finales del siglo XIX hasta sus últimos cuadros y dibujos dentro de un cubismo ya casi postcubista por llamarlo de alguna manera.
Pero por otra parte, una exposición de Juan Gris siempre tiene un atractivo especial. Gris ha sido uno de esos casos en los que la crítica se ha mostrado más dispar y opuesta en sus criterios. Así para muchos, sobre todo para la crítica y la historiografía de mediados de siglo Juan Gris no ha sido más que un mero seguidor de Picasso, un artista tan aburrido como falto de auténtico talento que debe su notoriedad a haber permanecido a la sombra del gran genio del siglo. Con pocos artistas la historiografía se ha mostrado más inclemente y rigurosa. Pero tampoco han faltado, sobre todo en los últimos años, quienes han defendido que Juan Gris fue el artista que realmente supo darle al cubismo la trascendencia que hoy le reconocemos. El que realmente fue consciente de lo que suponía plantear el concepto de una pintura pura que sólo dependía ya de su propias reglas internas de sintaxis. La pintura como una superficie plana en la que se inscriben colores y formas y que plantea cómo única ley la de su propia sintaxis.
Y es que Juan Gris (Madrid 1887-Boulogne-sur-Seine, 1927) es, nadie lo discute, el más serio y el más ortodoxo de los cubistas. Las opiniones se dividen a la hora de valorar si esto es bueno o malo, pero nadie discrepa de este principio. Cierto es que también la forma de valorar el cubismo ha cambiado.
Picasso y Braque habían llegado al cubismo desde caminos y propuestas diferentes. Juan Gris, sin embargo se incorpora después al cubismo, una vez que éste ya ha conocido su momento más radical como es el del cubismo analítico y en el que Picasso y Braque, al incorporar tipografías y papeles a sus obras se han separado del origen cubista dando a su trabajo una dimensión que Juan Gris entendió en toda su importancia, como entendió la necesidad de definir lo artístico de una nueva manera. Esa era la gran revolución del cubismo; no sólo romper definitivamente la idea del cuadro como representación y por supuesto como representación ilusionista; sino, además, de situar esa superficie plana directamente en la realidad. El cuadro ya no como representación de la realidad, sino como uno fragmento más de esa realidad. La pintura como un sistema de medidas con una finalidad en sí misma.
Desgraciadamente para Juan Gris el llevar estos planteamientos y sus consecuencias a su propia pintura tenía que ser, por fuerza, un proceso lento. Y así, cuando en 1914 llega a la madurez plástica de estos principios y de su estilo, el estallido de la gran guerra provoca una auténtica desbandada en las filas vanguardistas y con especial virulencia en las cubistas.
La guerra puso fin a las experiencias más radicales y la llamada vuelta al orden afectó a todos los movimientos y todas las propuestas. El mundo artístico se transformaba y tras la guerra, que fue dura para Gris, éste se encontró con que todo el mundo daba por cerrada la aventura cubista. Si bien consiguió un cierto prestigio —el que hizo proclamar a George Waldemar: “A los que dicen el cubismo ha muerto, yo respondo: está Juan Gris”— que lo llevó a La Sorbona a dictar su famosa conferencia “De las posibilidades de la pintura”, que tuvo una importante repercusión internacional; el naciente surrealismo lo condenaría a quedar de nuevo prácticamente fuera de la escena artística.
Eso propició que muy pronto a Gris se le viera como un símbolo del pasado. La encarnación de un sentido de la vanguardia que ya no tenía cabida. El alcance de su planteamiento iba calando, mientras tanto en propuestas que, sin embargo, parecían nacer de planteamientos contrarios a los suyos.
Hoy Gris sigue siendo un maestro. Los reparos críticos se van retirando dejando ante nosotros una de las obras más valientes y más coherentes de la vanguardia y el arte contemporáneo. El tiempo parece haber concedido a sus obras una belleza que no siempre fue evidente, una intensidad y una emoción que ahora nos son mucho más próximas.
FICHA TÉCNICA DE LA EXPOSICIÓN
Título: Juan Gris en las colecciones del MNCARS
Fecha: 8 de febrero 2001 - 16 de abril 2001
Organiza: Fundación Marcelino Botín - Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía C/ Santa Isabel 52, Planta 2ª , 2012 Madrid
Horario: Lunes a sábado: de 10.00 a 21.00 horas. Domingo: de 10.00 a 14.30 horas. Martes cerrado.
Patrocina: Fundación MArcelino Botín
Precios: 500 pesetas (3,01 Euros)
Reducción del 50%: Carnet Joven, Carnet de Estudiante o sus correspondientes internacionales y los grupos vinculados a instituciones de carácter cultural o educativo.
Exentos de pago: menores de 18 años, mayores de 65 años o jubilados y miembros de las Fundaciones o Amigos del Museo.
Entrada gratuita: sábado desde las 14.30 hasta las 21.00 h. y domingos desde las 10.00 hasta las 14.30 h.