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3 de Septiembre de 2004

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PERÚ

Infame televisión

Por Pedro Salinas

Alejandro Toledo, presidente de Perú
Tres largos años se ha tomado el Congreso peruano para elaborar una Ley de Radio y Televisión que debía reemplazar a la vigente, por obsoleta. Al final, el resultado ha sido desastroso.
Criterios socialistas e intereses subalternos de radiodifusores y televisoras que temen a la competencia, de ésos que se espantan ante la posibilidad de una libre participación de capitales extranjeros en los medios de comunicación, impidieron que la televisión peruana diera un salto cualitativo.
 
Se esperaba que la nueva ley permitiera el ingreso de la inversión extranjera en los medios electrónicos, para que de esa manera pudiesen contar con mayores recursos y así elevar el nivel. Se esperaba, por ende, que la nueva ley eliminara los topes al capital foráneo y le abriera las puertas a la globalización. No obstante, argumentos chovinistas y nacionalistas, pero muy efectistas, ganaron terreno y, finalmente, hicieron que el Congreso retrocediera.
 
"Al permitir que los medios estén en manos extranjeras, la seguridad del país se pone en riesgo", esgrimió un demagógico legislador, henchido de espíritu mercadofóbico. El mensaje prendió y se expandió.
 
La posición de muchos parlamentarios y algunos diarios, de notoria xenofobia al capital, sostenía que las estaciones de radio y televisión, en control de transnacionales, podían generar corrientes de opinión en contra de los intereses nacionales.
 
No se dieron el trabajo de reflexionar que, bajo esa misma óptica, habría que exigir también que los propietarios de los centros de educación, así como los profesores, sean peruanos de nacimiento. Y, claro, para ser totalmente consecuentes y evitar la injerencia de valores ajenos a los nacionales, habría que eliminar, por cierto, la televisión por cable. O sea, una estupidez.
 
Pero el Congreso no estaba solo en el despropósito. En el Poder Ejecutivo aparecieron también funcionarios retardatarios. Uno de ellos fue el ministro de Justicia, Baldo Kresalja, quien escribió una carta pública en la que pedía abiertamente que la ley aprobada por el Legislativo debiera observarse. Empero, no para liberalizarla más, sino para todo lo contrario. Kresalja quiere controlar los medios de comunicación y lo dice abiertamente. Así como suena. Control. A secas. Y lo pide sin un ápice de rubor en la cara.
 
Aspira, además, a un "Consejo de lo Audiovisual" con atribuciones sumamente amplias y peligrosas, que, entre otras cosas, decida quién entra y quién sale del espectro electrónico. Así como la evaluación del contenido de la programación. Reclama, asimismo, que el tope fijado por el Congreso (40%) para el capital extranjero se reduzca a la mínima expresión. Exige, por lo demás, que por ley se obligue a incrementar la producción nacional.
 
De esta manera, en lugar de avanzar hacia un mejor futuro para la radio y la televisión, en el Perú se ha decidido volver a los tiempos controladores e intervencionistas de Juan Velasco Alvarado, ese militar bravucón que instauró una dictadura socialista durante los años setenta y condujo al país a su ruina moral y económica.
 
© AIPE
 
Pedro Salinas es corresponsal de la agencia Aipe en Lima
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