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18 de Mayo de 2001

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Hipatía de Alejandría

Por Alicia Delibes

A mediados del siglo IV, cuando Hipatía vino al mundo, Alejandría era una ciudad en la que convivían diversas religiones que, por tradición filosófica, habían dado lugar a la formación de distintas escuelas del pensamiento. La preocupación por la naturaleza de Cristo, la fidelidad a los dioses helénicos y el contacto con el judaísmo, presente en una gran parte del pueblo egipcio, alimentaban las principales tendencias ideológicas. No es demasiado extraño que Alejandría fuera la cuna de Arrio, el gran hereje de aquellos años de la cristiandad.
Alejandría era, en aquella época, una prefectura que dependía del Imperio Romano de Oriente cuya capital, Constantinopla, llamada “La Nueva Roma”, había sido fundada en el año 330 por el emperador Constantino, artífice de la cristianización y reconstrucción del Imperio.

A Constantino le sucedió su hijo Constancio y a éste Juliano, llamado el apóstata. Juliano, que tenia fama de hombre intelectual, al ocupar el trono, llevado quizás de un deseo liberalizador, decidió restaurar el paganismo en su Imperio y concedió la libertad de culto a los judíos. Su “tolerancia” no fue bien entendida por el pueblo que se dio a la revuelta y al crimen callejero. Por aquellos días, en Alejandría los paganos asesinaron al obispo Jorge y, en Antioquía, los cristianos incendiaron el templo de Apolo ante la pasividad del emperador.

El año 363, a su muerte, Juliano fue sucedido por uno de sus generales, Valentiniano, que dividió el Imperio dejando el gobierno de Constantinopla en manos de su hermano Valente al que poco después sucedió Teodosio. Este nuevo emperador se puso bajo la tutela religiosa del obispo de Milán, Ambrosio, que, gracias a su triunfo sobre el arrianismo, gozaba de un gran poder político. Teodosio pretendió gobernar con “equidistancia” pero en su deseo de contentar al obispo Ambrosio no tuvo más remedio que emprender algunas acciones contra los paganos como fue, por ejemplo, el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el año 391, considerada por los cristianos símbolo de impiedad y cuna de las filosofías anticristianas. Arcadio reinó en Constantinopla tras la muerte de Teodosio y fue sucedido en el año 408 por Teodosio II.

Este era el clima enrarecido por las luchas religiosas y políticas que se vivía el, ya decadente, Imperio Romano cuando Teón y su hija Hipatía impartían sus enseñanzas en la Escuela Neoplatónica de Alejandría. Esta escuela se erigió como continuadora de laque había fundado en Roma el filósofo Plotino, y en ella, además de enseñar filosofía, se estudiaba y explicaba matemáticas. Teón escribió comentarios a algunas obras de los grandes matemáticos griegos como son los Elementos de Euclides, el Almagesto de Ptolomeo, la Aritmética de Diofanto y el de las Cónicas de Apolonio. El libro de los Elementos que hoy manejamos era esa edición recopilada y comentada por Teón. Hipatía, que trabajaba desde niña con su padre, fue, por su gran capacidad intelectual y pedagógica, elegida como directora de la Escuela.

Pronto la fama de Hipatía se extendió más allá de la ciudad, gentes de todas partes acudían deseosas de escucharla, entre los alumnos hubo también cristianos de familias importantes. Pero, mientras con su fama se ganaba el aprecio de unos también se procuró el odio y la envidia de otros. Orestes, prefecto romano en Alejandría, inició con Hipatía una relación que algunos decían iba más allá de la simple amistad. El obispo Cirilo que se llevaba muy mal con el prefecto romano culpó a Hipatía de las malas relaciones entre el obispado y la prefectura romana.

Fuera la envidia o el miedo a la poderosa influencia de esta mujer, el caso es que en círculos cristianos empezó a crecer el deseo de quitársela de en medio. Una noche, cuando Hipatía volvía a casa, un grupo de hombres, con hábito monacal, asaltó su carruaje, calló sobre ella y arrastró despiadadamente su cuerpo hasta una iglesia cercana, allí la desnudaron y sobre ella arrojaron piedras hasta darle muerte. Después despedazaron su cuerpo y quemaron sus mutilados miembros en una enorme hoguera a la vista de toda la ciudad. Era la Pascua del año 415.

Nunca se supo la verdad sobre la influencia que tuvo el obispo Cirilo en tan horroroso crimen. El emperador Teodosio II quiso vengar la muerte de Hipatía y castigar a los culpables pero los sobornos y otros manejos eclesiásticos de quienes habían planeado el asesinato consiguieron que recayera la culpa sobre la propia familia de Hipatía.

Aunque la aportación a las matemáticas de Hipatía no haya tenido mucha trascendencia, su terrible muerte a manos de cristianos, unida a su condición de matemática y de mujer, la convirtieron en protomártir de la ciencia y han hecho de ella un símbolo de la pureza intelectual y un ejemplo para las feministas matemáticas.
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