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27 de Abril de 2001

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MúSICA CLáSICA

Guerra y Paz

Por Carlos de Matesanz

La compañía rusa más de moda, la del Teatro Kirov de San Petersburgo, ha visitado Madrid ofreciendo una tanda de representaciones en el Teatro Real de una ópera oceánica: “Guerra y Paz” de Prokofiev. Este despropósito lírico —embutir en una ópera el novelón homónimo de Tolstoi— fue el último intento lírico del genial autor ruso, cuyas óperas siguen siendo de lo menos frecuentado de su producción; el resultado es una ópera interminable, a veces un poco mareante, de más de cuatro horas de música.
El Kirov, dirigido por su astuto y enérgico titular, Valery Gergiev, ha propuesto una versión “sanamente” cortada, con casi una hora menos de música. El espectáculo funciona así a las mil maravillas. Aunque la verdad es que funciona porque pocas compañías hay tan competentes en estas lides como la que nos ha visitado. Ni siquiera una batuta de lujo, como la de Mstislav Rostropovich, fue capaz de hacer que la compañía del Real hiciese una buena ópera rusa, como pasó la temporada anterior con “Lady Macbeth de Mtsenk” de Shostakovich. Aquí, la adecuación estilística y el alto nivel de los esforzados músicos del Kirov nos han ofrecido un auténtico prodigio de interpretación en una obra bien compleja.

El coro —que tiene tendencia a descontrolarse, un poco en plan cosaco— y, sobre todo la orquesta, soberbia sin paliativos, hicieron una lectura llena de rigor y de solvencia técnica, amén de obtener un sonido pleno y muy hermoso en los momentos más apoteósicos, que no son pocos. Los solistas, todos ellos competentes y muy adecuados, tanto vocal como físicamente, a sus papeles, actuaron como un auténtico equipo en los tres repartos que ponían en escena la obra. Como esta es una obra claramente “colectiva”, con más de setenta partes solistas, lo importante era que cada uno de los intérpretes, al margen de su calidad vocal, supieran actuar perfectamente encajados en el engranaje general de la obra.

El montaje escénico, co-producido entre el Kirov y el Metropolitan de Nueva York, fue básico —es decir, poco variado— pero sobradamente eficaz, lo cual ya es mucho, teniendo en cuenta que “Guerra y Paz” requiere unos quince cambios de decorado. Parte destacada del mismo era la iluminación, muy bien diseñada, pero no demasiado bien ejecutada por los técnicos del Kirov.

No habíamos tenido oportunidad hasta ahora de ver esta obra representada, y no sabemos cuánto tiempo tardaremos en poder volver a disfrutarla. Haberlo hecho con interpretación de la altura de la ofrecida por el Kirov —altura que no alcanzan las compañías españolas ni de lejos— ha sido un placer que no podemos sino agradecer. Esperamos con ansia su próxima visita la temporada que viene, a ver si puede ser.


RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS


A propósito de la “obra discográfica” del Teatro Kirov, he aquí algunos puntos fundamentales de su fonografía, tan importante por el repertorio que nos ofrece, dentro de la escasamente imaginativa oferta actual. La compañía graba en exclusiva para el sello Philips, al que pertenecen las recomendaciones citadas a continuación.



VERDI: Misa de Réquiem. Fleming, Borodina, Bocelli, D’Arcangelo. Coro y Orquesta del Teatro Kirov / Valeri Gergiev. 468 079-2 (87’32”) 2 CD.

He aquí la última grabación del Kirov: un Requiem de Verdi en el centenario del óbito del genial operista. La música de Verdi es una de las más interpretadas —y con más acierto— por esta compañía, cuando se decide a salir de su elemento natural: el repertorio ruso. Después de grabar algún título operístico de Verdi en interesantes versiones originales, Gergiev y su “troupe” nos ofrecen un Requiem, ante todo, arrebatado y, por momentos atroz. La energía es incesante, aún en los remansos líricos. La orquesta y el coro, excepto en los momentos más comprometidos, responden sin problemas; no obstante, se nota un vibrato descontrolado en los agudos, algo muy ruso, y una falta de claridad en los tutti orquestales. Los solistas, con la excepción del impresentable Bocelli —muy mejorado, gracias a la técnica que todo lo cura, anemia vocal incluida— son excelentes, especialmente la Fleming —bella voz poco verdiana— y, sobre todo, la Borodina.



PROKOFIEV: “El ángel de fuego”. Gorchakova, Leiferkus, Kit, Dyadkova, Galuzin, Ognovenko. Coro y Orquesta del Teatro Kirov / Valeri Gergiev. 446 078-2. (118’57”)

De entre las óperas que el Kirov ha grabado de Prokofiev —”Esponsales en el convento”, “Semyon Kotko”, “El jugador”, “El amor de las tres naranjas” o la propia “Guerra y paz”, grabadas todas en vivo— nos quedamos con este “Ángel de fuego”, por ser, sin duda, la mejor grabación disponible de la obra: impecablemente dirigida, con un ritmo incesante, casi enloquecido, la obra vibra dentro de su complejidad como un odre de sensaciones intensas. Aunque la escena final se le caiga literal y sorprendentemente a Gergiev de las manos, esta grabación es preferible a la más suntuosa (y en estadio, con mejor sonido) de Neeme Järvi para Deutsche Grammophon. No es ajeno a esta preferencia el hecho de que los papeles protagonistas, Ruprecht y Renata, estén encomendados a voces tan sólidas como las del barítono Sergei Leiferkus y la soprano Galina Gorchakova, que es incombustible.



RIMSKY-KORSAKOV: “Sadko”. Galusin, Grigoriam, Tarassova, Diadkova, Ognovenko, Alexashkin. Coro y Orquesta del Teatro Kirov / Valeri Gergiev 442 138-2 (172’33”) 3 CD.

Más importante aún si cabe que la tarea de grabar las óperas de Prokofiev es la de recuperar las de Rimsky-Korsakov, tal vez menos importantes en lo musical, pero mucho más variadas y atractivas. Hoy por hoy podemos conocer obras como “Kastchei el inmortal” o “La novia del zar” gracias casi exclusivamente a estas grabaciones en vivo del Kirov. Hemos escogido “Sadko” por ser una de las más bellas y menos frecuentadas por el disco. Es un gozo, y la presencia de dos tenores tan sanotes como Vladimir Galusin en el papelón protagonista y Gegam Grigorian cantando la celebérrima “Canción India” es toda una garantía de solidez canora; claro que el resto del reparto no se queda atrás en absoluto. Esperamos con impaciencia más obras de Rimsky por el Kirov, como “El gallo de oro”, su última ópera”, que debe de estar al caer.



MUSSORGSKY: “Boris Godunov; versiones de 1869 y 1872”. Putilin, Vaneev, Lutsuk, Galusin, Ohotnikov, Borodina. Coro y Orquesta del Teatro Kirov / Valeri Gergiev. 462 230-2. (306’10”) 5 CD.

He aquí uno de los más interesantes experimentos de la discografía del Kirov: ofrecer en un solo cofre las dos versiones, tan distintas en todos los aspectos, de una obra fundamentalísima de la ópera rusa: “Boris Godunov” de Modest Mussorgsky. La primera, de 1869, es más breve, sin personajes femeninos, más concentrada y centrada sólo en el aspecto político de la trama; la definitiva, tres años posterior, tiene un acto más, más música y un personaje femenino añadido, cantado magníficamente por la Borodina. Sin embargo el experimento es fallido porque las interpretaciones vocales, quitando la mencionada, no son especialmente brillantes, y como esta ópera ha sido grabada por los más grandes bajos, la comparación merma sus méritos. Hasta Gergiev parece que no se encuentra especialmente cómodo en la obra.
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