DRAGONES Y MAZMORRAS
Francfort manda
Por Julia Escobar
De vez en cuando me pongo internacional y me da por hacer un repaso a la prensa con la idea de rastrear la huella que deja nuestra impresionante cultura en el mundo, cada vez más estrecho y bastante menos ajeno. No les quiero abrumar con mi erudición así que les daré una especie de resumen de prensa en titulares. Empezaré por la prensa francesa que me resulta más fácil. En ella he visto que “Libération” se ocupa de la 33ª edición del Festival Internacional de Cine de Sitges (11-10-00) y de la Exposición de cerámicas de Miquel Barceló en París y le hace además una entrevista al pintor (17-10-00). “Le Monde” publica una reseña de la traducción al francés de “El lápiz del carpintero” de Manuel Rivas (20-X-00) y también “Le Soir” (18-X-00).
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En cuanto a la prensa italiana, tanto “La Repubblica” (10-X-00) como “Il Giornale” (20-X-00) dedican sendos (y largos) artículos a la publicación en Italia de “Negra espalda del tiempo” de Javier Marías. Los alemanes reseñan la traducción de “El hereje” de Miguel Delibes (Süddutsche Zeitung, 15-10-00). Este mismo periódico dedica también un amplio espacio a la exposición de dibujos de Chillida en Kaiserslautern (15-X-00), y a la conmemoración en Toledo del 5º centenario del nacimiento de Carlos V con la exposición “Carolus” (11-X-00). Para terminar, tenemos que el “Frankfurter Allgemeine Zeitung” se hace eco de la representación de “Azaña, una pasión española”, en el Teatro de la Abadía de Madrid a cargo de José Luis Gómez (18-X-00) y de la exposición sobre el modernismo arquitectónico en España en el Museo de Arquitectura de Francfort (11-X-00).
Y ya que estamos en Francfort les diré que la 52 edición de la Feria del libro de Francfort, la madre de todas las batallas editoriales, se cerró el lunes pasado con un balance de 300.000 visitantes, cifra que desmiente todas las jeremiadas que se profieren habitualmente sobre el fin del libro y esas zarandajas. Claro que el concepto de “libro” que tienen los editores es muy amplio, porque no sólo abarca los nuevos soportes electrónicos (qué otra cosa van a hacer con ellos) sino la bazofia de encargo que da lugar a que pasen cosas tan tristes como la protagonizada por esa presentadora de cuyo nombre quisiera olvidarme.
Escándalos aparte, lo único de lo que me he podido enterar es de que Grijalbo-Mondadori ha pagado 10 millones de pesetas por dos obras de un escritor irlandés llamado Eoin Colfer del que dicen que es el nuevo Tolkien. Para mí este es uno de esos misterios sin resolver del mundo editorial que me lleva a preguntarme si en realidad hay una legión subterránea y silente de lectores compulsivos que compran este tipo de literatura o que se trata en realidad de un farol, de una mera ostentación de poderío con vistas a adquirir prestigio.
Los recién llegados no me han soltado prenda sobre sus transacciones comerciales pero sí de que se lo han pasado pipa. Con razón están disgustadísimos porque el año que viene la feria cerrará en domingo y no en lunes lo que les priva de una juerga más entre salchichas y confidencias conciliares. No me refiero a los grandes divos de la edición, entre los que incluyo a las agentes literarias que tienen a gala marcharse un día antes, sino a esa tropa de editores de fondo -en todos los sentidos- a la que yo pertenecí en una vida anterior y que me llevó a Francfort en dos ocasiones. Éstos apuran esas vacaciones hasta el límite porque además alguien tiene que recoger el material y hacer las maletas.
A pesar de mi inexperiencia en la materia no tardé mucho en darme cuenta de que los verdaderos negocios no se hacían en el recinto sino en los vestíbulos y cafeterías de los hoteles y en los cócteles que dan casi todos los poderosos lo que me ahorró muchas citas infructuosas en los pabellones más frecuentados. Eran épocas en que los españoles sólo comprábamos y aunque ahora somos unas estrellitas del firmamento literario cuando yo estuve ahí todos se reían de ti si pretendías vender a un autor español, como si esto fuera una contradicción en los términos. Las cosas han cambiado mucho, tanto que en ese mismo Francfort se ha decretado que Madrid será la capital europea del libro (¿o era de la edición?) el 2003. Me lo han contado mis amigos franceses que ven en ello un reconocimiento a la gran eclosión editorial española de estos últimos años. Si ese ha sido el principal argumento, imagínense lo contentos que se habrán puesto los de Barcelona.
La verdad es que se está produciéndo un claro desplazamiento de la importancia editorial hacia la capital de España en detrimento de Barcelona, más centrada ahora en su propia lengua (y por lo tanto más provinciana), lo que desmiente aquello que dijo don Emilio Castelar en el prólogo a la primera edición de “Follas novas” de Rosalía de Castro de que “para matar el provincialismo exagerado no hay medio como satisfacer las justas exigencias provinciales”. No sabía él a qué empobrecedores extremos iban a conducir a las provincias tamañas satisfacciones.

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