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18 de Mayo de 2001

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MúSICA CLáSICA

Fin de la temporada Complutense

Por Carlos de Matesanz

La Universidad Complutense de Madrid ha mantenido, a lo largo de todo el curso académico, uno de los más interesantes y asequibles ciclos musicales de la temporada capitalina. Ha concluido con dos conciertos —los días 17 y 18, en el Auditorio Nacional— de la Real Orquesta Nacional de Escocia, que se mantiene en buena forma a pesar de no encontrarse en sus días de gloria. Lo mejor, sin duda, ha sido el contenido de los dos programas, dirigidos con eficiencia por Alexander Lazarev.
En el primero, nos llenamos de ambiente británico, casi escocés, con los Cuatro Interludios Marinos de la ópera “Peter Grimes” de Britten y la Fantasía Escocesa de Bruch, con el brillante violín de Corey Cerovsek en la parte solista. La segunda parte estuvo ocupada por la Sinfonía nº 12 de Shostakovich, que fue la que llevó el peso dramático de la velada, entre otras cosas, porque el director se implicó mucho más en esta partitura.

La segunda cita volvió a acercarnos al ambiente escocés con la obertura “Las Hébridas” de Mendelssohn y dos obras británicas modernas: el concierto para percusión de Masson y la pieza “Veni, veni Emmanuel” de McMillan, en las que brilló con luz resplandeciente la percusionista Evelyn Glennie, una artista auténticamente popular y admirada en Inglaterra. Tras ese despliegue de técnica y poderío, la Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky de la segunda parte, perfectamente llevada por Lazarev, casi nos pareció sosa.

Pero no sólo no estamos tristes de que esta temporada haya concluido, sino que casi nos alegramos, porque ya queda menos para que se inaugure la próxima, nada menos que con una gala lírica, conmemorativa de los centenarios de Bellini y Verdi. Será allá para el 24 de octubre, pero ya está abierta la posibilidad de abono.

Nombres como los de Joaquín Achúcarro, Friedrich Haider o Stephen Hough salpican un calendario de conciertos que, al igual que el de este año, presenta gran interés en las citas con la música barroca. John Elliot Gardiner y sus Solistas Barrocos Ingleses vendrán a interpretar Bach, el Concerto Italiano que dirige Rinaldo Alessandrini tocará un infrecuentísimo oratorio de Alessandro Scarlatti y Les Musiciens du Louvre con Mark Minkowsky cerrarán la temporada con la ópera “Orfeo y Eurídice” de Gluck.

Además, habrá música española rara vez interpretada, como la obertura de “El poeta calculista” de Manuel García y una sinfonía de Ramón Garay , que dirigirá Oscar Gershenson junto con el Requiem de Mozart, a la Orquesta de la Comunidad de Madrid y al Coro de la Complutense —por cierto, que Gershenson es el nuevo director de esta última agrupación—, o la Sinfonía nº 4 de Pedro María Marqués, que vendrá a tocarnos la Orquesta de la Radio Noruega, ya que ninguna orquesta española tiene la vergüenza de ofrecérnosla, o la simpática fantasía “Los gnomos de la Alhambra” de Chapí, que interpretará la Sinfonietta de Basilea.

En fin, mucho bueno y, como hemos dicho antes, asequible —que se note que los dineros públicos sirven para algo— y sino juzguen: el abono completo de 14 conciertos en la zona A del Auditorio a treinta y seis mil, que no llega a 217 euros. Teniendo en cuenta que el abono del Real, con la mitad de funciones o casi, tiene un precio de seis cifras —aunque también viva del dinero público—, creo que no hay más que decir.


RECOMENDACIONES DISCOGRÁFICAS


BERLIOZ: Te Deum. Alagana, Alain. Coro y Orquesta de París / John Nelson. VIRGIN 5 45449 2 (57’40”).

No sabemos muy bien por qué EMI ha lanzado esta suntuosa novedad, plagada de estrellas, en su sello Virgin Classics, que suele dedicar a la música con instrumentos originales (no es éste el caso) y que luce bastante menos. Pero lo cierto es que aquí están el mayor especialista actual en la música de Berlioz después de Colin Davis —el maestro John Nelson—, el tenor de moda —Roberto Alagna— y una de las mejores organistas de todos los tiempos: la divina Marie-Claire Alain. Juntos, y a pesar de que ni la Orquesta de París ni su Coro atraviesen su momento de apogeo, sacan a delante una de las mejores grabaciones del irregular y fastuoso Te Deum de Berlioz, digna de ponerse a la altura de las dirigidas por el mencionado Colin Davis (Philips) y por Claudio Abbado (Deutsche Grammophon).

BOCCHERINI: Quintetos para cuerda. Europa Galante. VIRGIN 5 45421 2 (59’57”)

Este registro, sin embargo, sí que nos pega, perfectamente, en Virgin, y más concretamente, en su serie Veritas, pues se trata de música del XVIII con instrumentos originales. Son tres de los seis quintetos Op. 25 para dos violines, viola y dos cellos del genial Boccherini... claro que, ya puestos, podían haber grabado el resto de la opus ofrecida en un doble compacto. En fin, el caso es que no nos quejamos, pues las interpretaciones son totalmente aconsejables, llenas de equilibrio y luz y con un puntillo de aspereza muy excitante. Se incluye, además, el famoso Minuetto —”el de la miel de la Granja San Francisco”— en su versión camerística original, también para quinteto de cuerdas, y resulta delicioso. La toma sonora, de gran transparencia, permite disfrutar con los mil y un matices —y también con los mil y un ruidillos que hacen los instrumentos originales— de esta interpretación.

SCHUBERT: “El canto del cisne” / BRAHMS: Cuatro cantos serios. Thomas Quasthoff (barítono) y Justus Zeyen (piano). DEUTSCHE GRAMMOPHON 471 030-2 (65’49”).

Completamos el trío de nuevas grabaciones que hoy les presentamos en esta sección con una nueva prueba del arte de ese gran barítono que es Thomas Quasthoff, rey en el arte del lieder, artista expresivo y profundo que es habitual y magníficamente acompañado por el larguirucho Justus Zeyen, pianista de alta estatura física y técnica. En este caso se nos ofrece el ciclo póstumo de canciones de Schubert “Schwanengesang” D. 957, en una interpretación soberbia, que uno siempre tiene la tentación de comparar con la del divino Dietrich Fischer-Dieskau (en el mismo sello) pero no es pertinente, por que Quasthoff no es divino, sino humano, pero no menos grandioso. Ahora, donde está realmente impresionante es en su interpretación de los “Vier ernste Gesänge” Op. 121; una interpretación realmente seria —como sinónimo de profunda— y no oscura o dramática, como han hecho tantos otros —entre ellos, alguna vez el propio Dieskau. Estamos, pues, ante una interpretación de referencia... y esto es algo que no puede decirse todos los días.
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