Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
4 de Noviembre de 2000

En portada

Demanda contra multinacionales tabaquerasPor José Ignacio del Castillo
Fr@casos y soberbiasPor José Hermida
No perdemos las esperanzasPor Carlos Pérez Gimeno
Comienza el Ciclo de LiedPor Carlos de Matesanz
Nueva generación Audi A4Por Enrique González
García Márquez, el ilusionistaPor Rubén Loza Aguerrebere
Sangre, sudor y lágrimasPor Andrés Arconada
Cuestión de tactoPor Jorge Alcalde
La esfinge lacadaPor Rafael Escalada
Educación claudicantePor Julia Escobar

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

CRóNICAS COSMOPOLITAS

Estafas y mentiras de la leyenda comunista (III)

Por Carlos Semprún Maura

El caso de Arturo London es uno de los más conocidos, pero su destino es parecido al de miles y miles de responsables comunistas, a la vez víctimas y verdugos, abnegados militantes y repugnantes policías, destinos trágicos, si se quiere, pero ante todo, ejemplos siniestros de la inhumanidad del sistema totalitario. Pero los “robinsones crusoes” del naufragio del totalitarismo que se dedican, desde sus fértiles islas, a blanquear la historia negra del totalitarios con pingües beneficios han querido hacer de London el ejemplo luminoso del buen comunista, ala vez abnegado luchador antifascista y víctima del estalinismo. Pero esto no es sino una estafa más.
Primero porque no se puede separar tajantemente el “estalinismo” del “leninismo” o del “maoísmo” ni de toda la experiencia totalitaria en el mundo entero. Y segundo porque London, como tantos, fue un disciplinado militante de la Internacional Comunista que hacía lo que le decían sus jefes. Su biografía también es clásica, por así decir: nace en 1915 en Ostrava (Checoslovaquia), en una familia de artesanos. A los 14 años se adhiere a las Juventudes comunistas y pronto tiene responsabilidades locales. En 1934 está en Moscú recibiendo sus cursillos de adiestramiento. En 1936 le envían a España. Aquí, su biografía oficial destaca una primera mentira: se alistó en las brigadas Internacionales y combatió hasta la caída de Cataluña.

London no combatió durante nuestra guerra civil, fue uno de los policías de la Internacional encargado de la selección y depuración de cuadros (no se trata de pinturas, sino de militantes responsables). Esto lo escribió él mismo más tarde en uno de sus innumerables informes que, desde la cárcel, enviaba a las autoridades comunistas checas para demostrar su comportamiento de militante estalinista disciplinado en todo momento. Lo cual no le evitó la tortura, como bien es sabido. Su viuda, Lise London, nos explica que hay que situar el término “depuración” en su contexto: “He aquí, sin lugar a dudas, un término que fuera de su contexto y sin tener en cuenta el vocabulario comunista, ha podido y podrá suscitar comentarios. Si debiera significar algo diferente al control de los cuadros en una situación de excepción se hubieran encontrado ya pruebas precisas”. (Lise London. Nota a pie de página 25 del libro “Aux sources de L´Aveu” (Las fuentes de “La Confesión”. Ed. Gallimard, 1997).

Esta señora, que después de haber exigido a las autoridades comunistas checas el fusilamiento de su marido, detenido y torturado, se hizo su agente literario, finge ignorar que las pruebas precisas sobre crímenes comunistas en España abundan. Otra mentira de su biografía oficial es cuando se apunta que London entra en la resistencia antinazi en Francia en agosto de 1940. Por esas fechas corría aún el pacto nazi-soviético (1939/1941) y no sólo no había resistencia comunista en Francia sino que el PCF intentó colaborar con los nazis sin éxito y los comunistas franceses, como los demás comunistas en el mundo, sólo se lanzaron a la lucha antinazi a partir de la invasión, por sorpresa, de la URSS por el ejército nazi en junio de 1941.

Antes, en 1939, London había denunciado a Vladimiro Clementis, su compatriota y camarada, que se había mostrado muy crítico en relación con dicho pacto nazi-soviético precisamente. Clementis fue expulsado de PC checo y durante la guerra se refugió en Londres. Tras la victoria aliada se reconcilió con su partido y volvió a Praga en donde, después del golpe comunista que se hizo con todo el poder en 1948, fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores y London, ¡las vueltas que da la vida!, viceministro, o sea, el adjunto del camarada que había denunciado. Pero ambos, durante la tremenda ola de represión que sacudió a todas las seudo “democracias populares” a principios de los años cincuenta se vieron juzgados, acusados de ser agentes del imperialismo yanqui y trotsquistas y fusilado Clementis ( y varios más) y London condenado a cadena perpetua, luego amnistiado.

Si el terror comunista se ejerció tanto contra sus enemigos como contra sus propios militantes (y masivamente contra la población civil) demuestra claramente la voluntad despótica del poder absoluto por parte de los tiranos. Cada proceso tiene sus peculiaridades, que pese a ser secundarias, son reales. Así, en el caso de London, como en el de otros muchos otros, se nota el odio de Stalin por los cosmopolitas, los judíos (el libro negro del antisemitismo comunista en Europa está por escribir) y todos aquellos que poco antes y durante la gran guerra habían actuado en la resistencia antinazi como durante nuestra guerra civil (prácticamente todos los responsables soviéticos que estuvieron en España en 36-38 fueron fusilados o murieron por el Gulag a su regreso a la URSS). La represión comunista después de 1945 no se ejerció únicamente contra estos “cosmopolitas”, como London, pero muchos de ellos fueron sus víctimas y pocos lograron sobrevivir.

Si en agosto de 1940 no podía ser resistente antinazi en Francia, es cierto que lo fue después de junio de 1941 en los medios exiliados controlados por la Internacional Comunista mientras existió, luego en el PCF. Pero en 1942, “Gerard” era su seudónimo, fue detenido y deportado en Mauthausen, uno delos campos de concentración nazis. Creo que en ese campo, como en Buchenwald, los comunistas lograron hacerse los “kapos”, pero no puedo afirmarlo aunque sea fácil verificarlo. Esta precisión sobre la biografía de London queda registrada, la verdad es la verdad. Volvamos al principio, o sea a la fabricación de la figura del “buen comunista” London que sirve para reforzar a la socialburocracia postcomunista en su gigantesca manipulación histórica que consiste en conceder tales o cuales errores y, a regañadientes, ciertos crímenes, con tal de salvar lo esencial: una doctrina, esencialmente Marx, una historia-leyenda, el movimiento obrero revolucionario, esencialmente marxista, para lo cual es necesario mentir mucho y seleccionar arbitrariamente lo “bueno”, utilizable hoy, de lo “malo”, negado o tirado por la borda, según los casos. ¿Para qué tantos esfuerzos? Para mantenerse a flote, o sea, en el poder o sus aledaños.

Pues bien, en 1996, Karel Bartosek, un ex comunista checo, disidente y afincado en París, publica “Les aveux des Archives” (“Las confesiones de los Archivos”, Ed. Le Seuil) en donde, basándose precisamente en los archivos semiabiertos del totalitarismo, en este caso los de Praga, y en una encuesta personal, denuncia todo el enrevesado intríngulis mafioso, político, comercial, de espionaje, etc, entre los partidos comunistas occidentales y Praga, que fue durante más de veinte años la sede del movimiento comunista para Europa. Entre otras cosas interesantes, este libro muestra las contradicciones, pero también sufrimientos, del disciplinado aparatchik London.

Inmediatamente todos los que quisieron salvar del naufragio a los PC occidentales como si nada hubieran tenido que ver con el totalitarismo, (el libro de Bartosek demuestra exactamente lo contrario) y que intentan santificar la figura de London se indignan y, con procedimientos que recuerdan los buenos tiempos del totalitarismo triunfante, ponen en tela de juicio la persona y actividad del autor y si no, afirman categóricamente que es agente de la CIA, casi, casi.

Entre otras manifestaciones de esta indignación está el librito al que ya he aludido: “Las fuentes de La Confesión” que para toda persona que sepa leer demuestra exactamente lo contrario de lo que pretende demostrar: que London fue un militante servil, que depuraba en España, que acató el pacto nazi-soviético denunciando a los inconformes y todo lo demás. Y por añadidura recordaré que A. London, después de salir de la cárcel donde sufrió largas semanas de tortura, escribió, aún en Checoslovaquia, un libro sobre nuestra guerra civil, “¡España, España!”, en el que recoge todas las mentiras comunistas sobre ese tremendo episodio nacional. Hasta aquí hemos llegado en la inmundicia.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899