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6 de Abril de 2001

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PROTOCOLO DE KIOTO

Elogio de Bush

Por Gorka Etxebarría

Hay que tener mucho coraje para aceptar ser el punto de mira de todos los medios de comunicación y estar preparado para que Greenpeace te boicotee. Pues sí, Bush parece decidido a no aceptar una regresión a la edad de las cavernas. El protocolo de Kioto, considera, en esencia, que los niveles actuales de emisión de CO2 producirán efectos perniciosos en la temperatura de la tierra. Por ello, tratan de conseguir un apoyo unánime de todos los países de mundo a fin de ir reduciendo progresivamente estas emisiones.
En primer lugar hay que cuestionar el presunto calentamiento al que estamos abocados. Si hacemos un promedio de los “modelos generales de circulación climática” que emite las Naciones Unidas, la proyección de calentamiento es irrisoria: 2,2 grados para los próximos 100 años. Los modelos que esgrimen los ecologistas son un tanto exagerados. En palabras de Patrick J. Michaels, “cuando se ajusta la proyección media a esta realidad y al hecho científico de que una pequeña parte del calentamiento reciente se debe a cambios en el sol, baja inmediatamente el alza de temperatura esperada para los próximos cien años a alrededor de 1,4 grados”.

En segundo lugar, habrá que analizar si realmente las medidas que se adoptan son eficientes. La respuesta es que no, porque, si todos los países cumplieran el protocolo, para el año 2100 se conseguiría reducir la temperatura terráquea en 0,16 grados, vamos, el 6,4% del calentamiento promedio de los modelos de Naciones Unidas que hemos citado.

En tercer lugar, conviene saber si el coste de la introducción de tales medidas es asumible por los ciudadanos. Al parecer, se estima que oscila entre el 1 y el 3% del PIB por año, lo cual viene a suponer alrededor de 300.000 pesetas anuales por persona.

Una posible solución para evitar tales costes sería permitir transacciones de emisiones. Esto es, consentir que unos países pudieran comprar a otros sus créditos por emisiones entregándoles a cambio tecnologías poco contaminantes. Sin embargo, los países europeos no están por la labor.

Patrick J.Michaels pone un ejemplo arrollador. Imaginemos que tendríamos que pagar en concepto de seguro de vivienda tres veces el valor de la propiedad de la casa cada año (más o menos lo que establece el protocolo de Kioto). Pero, en el caso de que ésta se quemara, Kioto te entregaría únicamente como consuelo el 6,3% del valor total de la propiedad.

Por último deberíamos intentar considerar las consecuencias perversas del protocolo de Kioto. Si es por todos conocido que los países más desarrollados serán los que más reducirán las emisiones contaminantes al adoptar tecnologías protectoras del medio ambiente y los que soportarán mayores costos energéticos para llevar adelante este acuerdo, el resultado parece lógico: el camino de Kioto supone una regresión imperdonable. El camino hacia la desindustrialización.

Y como colofón merece la pena recordar que prever el futuro es imposible a efectos de anticipar los cambios tecnológicos que acaecerán en un siglo. Bush no se ha equivocado. Ahora sólo le resta explicar el por qué de su decisión. España debería seguir su ejemplo. Me temo que Aznar no tiene tanto valor. Qué lástima.
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