Es lamentable que Javier Tusell haya perdido tanto el tiempo en escribir malos artículos cuando debería haber dado a luz algún buen libro de historia que justificara su acceso a la cátedra bajo los auspicios de la dictadura, en los tiempos en que para tal menester era preciso jurar los principios del movimiento nacional y contar con buenos padrinos en las familias del franquismo. Tusell es uno de esos falsos intelectuales -no se le conoce una idea propia mínimamente sugerente- que ha intentado hacerse un sitio mediante el combate sistemático al liberalismo, primero desde posiciones del fundamentalismo católico, luego desde una fenecida democracia cristiana intervencionista y en los últimos tiempos desde el apoyo al PNV y a las tesis del xenófobo Arzalluz. Todo con tal de no salir del liberalismo, es pecado.
Tusell -con relaciones con el franquismo por los cuatro costados- lleva tiempo intentando engañar a la opinión pública como si hubiera sido poco más o menos el padre Peyton de la transición y le debiéramos algo de nuestra libertad a él, cuando es todo lo contrario. No es extraño que recientemente se le haya afeado su costumbre de ocultar y eliminar del mapa a los luchadores antifranquistas, porque este cronista con compulsivas -y fallidas- pretensiones de cortesano tiende siempre no a mantener un debate -para lo que no está preparado- sino a recurrir a las fórmulas de las policías políticas, desde la Inquisición a la Unión Soviética: el monago siempre señala a los adversarios con tonos de anatema. Se le pone un hábito blanco y parece un torquemadilla dispuesto a llevar a la hoguera de papel a los que no piensan como él. Un método recurrente en los petimetres ultraconservadores.
No hay nada tan curioso como la pretensión de los vástagos de las familias del régimen franquista de pretenderse el monopolio del centro, cuando sobre la materia son unos neófitos. El centro es el liberalismo, guste o no guste. Desde el liberalismo de Aznar al social-liberalismo de Rodríguez Zapatero, poco dispuesto a escuchar los cantos de sirena ronca de los ideólogos de la nada. El liberalismo triunfa en España a pesar de las cruzadas de personajes con pensamiento tan endeble como este historiador aficionado. Después de intentar por todos los medios ser el intelectual orgánico de Aznar -la mítica baraka del presidente del Gobierno es en buena medida el haberse distanciado del mal fario tuselliano-, una de las últimas del historiador aficionado -una especie de Tamara de la historia- fue la publicación de un curioso libro “contra Aznar” -en apoyo de la cruzada contra Almunia- en plena campaña electoral. Nada más conocerse su salida no había ninguna duda de que el PP obtendría la mayoría absoluta. Una de las anteriores, fue dejar constancia de la buena salud de la URSS poco antes de que cayera el muro de Berlín.
Como profeta, Tusell es un buen guía para saber lo que no va a suceder. Es de los que no acierta ni cuando rectifica, porque además no rectifica nunca, lo cual dicen que es de sabios. En el antiliberalismo es contumaz, por eso el liberalismo goza de buena salud. Mientras el liberalismo es una corriente fecunda y fructífera, Tusell es una nulidad intelectual cuya mayor contribución al pensamiento es su teoría de las “identidades concéntricas”, que es una pacata versión de la contradicción en los términos del “nación de naciones”. Uno de los motivos mayores de esperanza respecto a la marcha de las cosas en España es que Tusell lleva tiempo de jaleador de Arzalluz y de embajador en Madrid del PNV. Una de las últimas perlas en este combate a favor del pacto Estella/Lizarra es la consideración de que Sabin Arana es un pensador comparable a Cánovas en cuanto a modernidad. Incluso niega por ocultación la militante xenofobia del profeta del PNV. Quizás porque Tusell tiene algunas identidades concéntricas con Sabin.
Una muy clara es el punto inquisitorial: “Los esclavos de Satanás han conspirado y conspiran con tan afán porque el alma de Euskeria sea esclava del pecado, y el cuerpo sea preso del extranjero”. Otro, el antiliberalismo: “Tampoco soy liberal, sino que aborrezco cordialmente todo liberalismo, desde el más radical al más moderado” ya que “la peregrina libertad del liberalismo es la libertad de Satanás”. “¿Queréis conocer la moral del liberalismo? Revisad las cárceles, los garitos y los lupanares: siempre los hallaréis concurridos de liberales”. Todas estas frases aunque parezcan salidas de la pluma de Tusell, y se parezcan a algunas de sus ordinarieces, son en realidad de Arana Goiri tar Sabin. Almas gemelas.