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15 de Junio de 2001

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FUEGO AMIGO

El peligro de la búsqueda de vida en el cosmos

Por Antonio López Campillo

En la novela de Wells La Guerra de los Mundos, aparecida en 1898 se cuenta la llegada de invasores marcianos a nuestro planeta; su superioridad técnica y científica les hace invencibles. No hay modo de oponerse a su poderío, y un día empiezan a verse marcianos muertos por todos los lados, la invasión ha terminado mal para ellos. ¿Qué paso? Simplemente los microbios de la Tierra resultaron mortales para los extraterrestres. Lo que los humanos no lograron lo hizo la naturaleza. Es que, como diría Shakespeare, había cosas bajo nuestros cielos que su ciencia ignoraba.
La búsqueda de vida en el cosmos, que encanta a los adoradores de OVNIS, se reduce, por ahora, y es mucho, a la búsqueda de microorganismos que muestren que la vida se ha producido en el planeta estudiado. Es que la vida, contra lo que piensan algunos, no se reduce a unos seres superinteligentes, un bacilo basta. Y ese es el peligro, como lo imaginó Wells, los bacilos son más fuertes que los marcianos.

En la exploración espacial se prepara una expedición a Marte en el año 2011 que se encargaría de traer muestras del suelo marciano y que regresaría el año 2014. En todas la expediciones anteriores se ha procurado enviar artefactos perfectamente esterilizados, para evitar la contaminación del astro explorado con gérmenes terrestres, lo que falsearía la búsqueda de organismos vivos autóctonos. En la expedición a Marte del 2011 las precauciones son dobles, no contaminar Marte y evitar que Marte nos contamine. Las muestras del suelo marciano pueden contener microorganismos no conocidos, que acaso sean mortales para los organismos de la Tierra. Sería una invasión al revés de la imaginada por Wells. Resultarían ser unos curiosos "inmigrantes" que se "integrarían" en nuestro planeta, a costa de nuestra desaparición. Por eso se toman medidas, que resultan difíciles, para evitar esa invasión, potencialmente dañina.

Una vez las muestras del suelo marciano llegadas a la Tierra el problema comienza. Hay que evitar que los hipotéticos gérmenes marcianos se escapen y al mismo tiempo impedir que gérmenes terrestres contaminen las muestras marcianas, lo que falsearía los resultados. Estas dos condiciones exigen dos técnicas diferentes y en cierto punto contradictorias. Los centros de montaje de los satélites son espacios, salas limpias y estériles y gozan de una presión superior a la atmosférica para que el aire salga al exterior y el aire del exterior, con sus gérmenes, no pueda entrar, es lo que se llama una "sala blanca". Sería el sitio adecuado para recibir los objetos procedentes de Marte y evitar su contaminación. Pero al mismo tiempo habría que impedir la salida de los posibles gérmenes marcianos para lo cual hace falta una sala diferente: es lo que se llama un P4, que es un recinto en depresión respecto a la presión del ambiente de tal manera que entre el aire del exterior y no salga el del interior. Trabajar en este último recinto exige el uso de escafandras especiales y un cuidado extremo, pues es donde está el peligro.

La realización de un espacio con esta doble característica no es tarea fácil. Actualmente el asunto lo estudian centros de investigación de los EEUU y de Europa. Esperando que lo logren y eviten, a los que queden, tener que gritar: ¡Gérmenes marcianos, go home!
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