Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
11 de Mayo de 2001

En portada

Escritos de Teoría monetaria de F. A. HayekPor José Ignacio del Castillo
La Lista Tonta (II)Por Rafael Escalada
La ONU fuente de moralPor Antonio López Campillo
Psoriasis: prevención y tratamientoPor Carmen Fernández Ruiz
Felipe se asegura el TronoPor José Apezarena
El caso de William BrownPor Agustín Jiménez
Terceras vías... muertasPor Jesús Gómez Ruiz
Pan y torosPor Carlos de Matesanz
El Hyundai Trajet estrena motorPor Enrique González
Lluvia de premiosPor Julia Escobar
El libre comercioPor Manuel F. Ayau Cordón
Muchas novedades y buen ambientePor David Jiménez Torres
Dos mujeres de banderaPor Carlos Pérez Gimeno
Le Mans Series en el JaramaPor Enrique González
Más piratas y nuevos virusPor Fabián C. Barrio
Mercado y justiciaPor Carlos F. Cáceres C.
Estrenos de poco interésPor Andrés Arconada
Ni derecha ni izquierdaPor Tibor R. Machan
Información fiscalPor Libertad Digital
Impuestos: principios y percepcionesPor Ricardo Medina Macías
Utilitarismo o iusnaturalismoPor Francisco Capella
Semana del 5 al 11 de mayoPor I. González y Rosana Laviada

Suplementos

Compartir

Buscador

Google
Palabra (s)

MEDICINA Y SALUD

El origen africano de los asiáticos

Por Enrique Coperías

Un equipo internacional de científicos ha utilizado nuestro cromosoma Y, o sea, el que determina el sexo masculino, para zambullirse en los orígenes de la humanidad. El resultado de este estudio genético apunta que las actuales poblaciones del este asiático son los descendientes de hordas de hombres primitivos que emigraron de África. Además, sugiere que apenas existió “o no tuvo lugar” un intercambio genético entre estos Homo sapiens aventureros y los Homo erectus con los que necesariamente tuvieron que toparse en su éxodo africano.
”Nuestro principal propósito no era otro que someter a prueba la hipótesis evolutiva que sostiene que el origen de las poblaciones humanas está en África”, asegura Mark Shriver, uno de los coautores del estudio que desarrolla su labor científica en el Departamento de Antropología de la Universidad estatal de Pennsylvania, en Estados Unidos. “También queríamos saber si hubo realmente intercambios sexual entre las dos especies de homínidos, es decir, los sapiens y los erectus”.

Los derroteros por los que discurrió la evolución humana durante el pleistoceno medio, hace entre 780.000 y 127.000 años, son poco conocidos. En esta época ocurrieron muchas cosas decisivas en el desarrollo de la Humanidad, pero la escasez de evidencias fósiles hace difícil a los antropólogos conocer realmente lo que sucedió. No obstante, en la década de los ochenta del siglo pasado surgieron dos hipótesis que rivalizaban por explicar cómo nació el hombre actual y cómo conquistó Eurasia. Una de ellas, bautizada como la teoría de la Eva Negra, también llamada Out of Africa, defiende que los humanos modernos emergieron en el continente negro hace entre 100.000 y 200.000
años.

Por entonces, había tres formas distintas de seres humanos en el planeta: los Homo neanderthalensis, conocidos como neandertales, vivían en Europa; los Homo erectus campaban en el continente asiático, y los Homo sapiens se desarrollaron en África. Por razones aún poco conocidas, estos últimos salieron de su tierra natal para invadir Europa, Asia e Indonesia. Su presencia en estos continentes interfirió con la ecología de las poblaciones que ya estaban allí, provocando su desaparición. Así pues, según esta explicación, toda la Humanidad actual descendería de antepasados recientes, que después se habrían modificado localmente para dar lugar a las razas actuales.

La hipótesis alternativa, llamada Multirregional, afirma que los tres grupos de Homo evolucionaron en paralelo, en sus tres localizaciones separadas, para dar origen a un único grupo final, que seríamos nosotros. Los defensores de esta teoría afirman que hubo intercambios genéticos entre estos humanos del pleistonceno medio. Desde hace algo más de una década, los científicos recurren a nuestro ADN, ya sea el que se alberga en las mitocondrias, las centrales energéticas de la célula —o en el núcleo celular— para seguir la pista de nuestros orígenes. En esta ocasión le ha tocado el turno al cromosoma Y, que tiene la particularidad de que se transmite del padre a los hijos varones. Como anotan en el estudio, que aparece publicado en el último número de la revista Science, los científicos han analizado el ADN de este cromosoma sexual extraído de 12.000 hombres procedentes de 163 poblaciones asiáticas. En concreto los genetistas compararon unas secuencias de ADN concretas conocidas como marcadores.

“Elegimos el cromosoma Y porque no se recombina”, dice Shriver. No hay que olvidar que la recombinación es el resultado del entrecruzamiento que ocurre en el óvulo recién fecundado ente los cromosomas procedentes de la madre y los hómologos aportados por el padre. De este forma, surge un embrión con una identidad genética exclusiva. “La mayor parte de la información evolutiva
procedente del material genético ha sido obtenida a partir del estudio del ADN mitocondrial, una información genética que, en este caso, pasa de la madre a los hijos, ya sean de uno u otro sexo”.

El cromosoma Y ofrece una nueva vía para abordar nuestro devenir evolutivo. Para ello, investigadores de China, Indonesia e Inglaterra recogieron muestras genéticas de varones originarios de Asia y Oceanía, y extrajeron el cromosoma Y. Su objetivo era buscar mutaciones específicas en tres puntos concreto de su cadena de ADN: los cromosomas no son otra cosa que hebras de ADN empaquetadas en una disposición especial. El estudio reveló que una de cada 12, en 127 muestras analizadas, portaba alguno de los tres polimorfismos. En palabras de los firmantes del artículo, este trío de marcadores puede ser utilizado para seguir la pista de los primeros emigrantes africanos y saber hasta qué grado sustituyeron a sus dos potenciales competidores, es decir, los
neandertales y los Homo erectus. Los resultados son contundentes: los Homo erectus asiáticos fueron completamente reemplazados por los hombres modernos que abandonaron el continente negro. Con la ayuda de estos marcadores genéticos, uno de los grupos de investigadores sitúa los antepasados de los voluntarios que han participado en el estudio en un lugar de África, hace entre 35.000 y 89.000 años. Las conclusiones de los otros dos equipos que han colaborado en la investigación son similares y, al igual que otros análisis mitocondriales, dan pábulo a los mentores de la Eva Negra.

No obstante, Shriver advierte que el estudio arroja unos resultados que pueden ser interpretados de diferentes maneras, incluso deja las puertas abiertas a un intercambio genético entre las distintas especies humanas. Efectivamente, cabe la posibilidad de que los Homo sapiens que se desplazaron a Asia tuvieran relaciones sexuales con los Homo erectus y compartieran sus cromosomas Y, pero también es posible que los Homo sapiens herederos de éste cromosoma fuesen borrados de la población, al ser portadores de una enfermedad hereditaria ligada a este material genético. De ser así, su huella no deberían aparecer en las muestras actuales. También es factible que solamente las hembras de Homo erectus se cruzaran con los machos de Homo sapiens, debido a la superioridad de estos últimos, y que, por tanto, los machos de los primeros no tuviesen oportunidad de acceder a una hembra humana. El resultado sería similar al caso anterior.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899