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24 de Noviembre de 2000

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LIBRO DE LA SEMANA

El oportuno rescate de Sándor Márai

Por Julia Escobar

Nunca agradeceremos demasiado la valiente iniciativa de la editorial Salamandra (antigua Emecé España que cambió su nombre al independizarse hace pocos meses de la casa madre argentina) de rescatar a un autor que ya había tenido su momento de fama y que había caído en el olvido. Muchos de quienes lo han leído ahora por primera vez se han extrañado de que esto haya podido suceder con un autor de esa categoría y han recibido la lectura de las dos novelas publicadas hasta ahora, El último encuentro y La herencia de Eszter, como uno de los acontecimientos literarios del año.
Pero los autores no sólo caen en el olvido por culpa de los lectores y de los editores, sino muchas veces de las circunstancias históricas. Sándor Marai es una víctima más del descalabro de la segunda guerra mundial y, en particular, de la incuria comunista pues sus libros, muy leídos en la época, fueron prohibidos (en realidad él no quiso que se publicaran en Hungría mientras su país estuviera bajo la bota comunista) y su memoria destruida cuando marchó al exilio donde vivió cuarenta años.

En lugar de cambiar de lengua, como hizo por ejemplo Nabókov quien, harto de que nadie leyera sus novelas rusas escritas en el exilio decidió pasarse al inglés con la fortuna de todos conocida, Márai, autor prolífico, siguió escribiendo en húngaro, idioma de esacasísima difusión pues sólo la hablan 13 millones de personas en el mundo, de las cuales 3 millones están fuera de Hungría.

Márai nació en 1900, en una aldea húngara, hoy eslovaca. Pertenecía a la burguesía cosmopolita de principios de siglo (su verdadero nombre era Groschmid, familia sajona que se instaló en Hungría en el siglo XVII) y sus novelas son un retrato de las clases acomodadas, cultas y refinadas de la época. Por eso tal vez él, que era conocido como el Proust húngaro, tituló sus memorias Confesiones de un pequeño burgués y fue tan odiado por los comunistas. Al mismo tiempo era un liberal convencido, que detestaba la violencia y se opuso al fascismo. En 1948 se marchó de Hungría, asqueado, y este exilio supuso el final de su celebridad. Vivió en Francia, Italia y luego se marchó a Canadá para terminar en San Diego, California donde se suicidó, en 1989, pocos meses antes de que cayera el muro de Berlín.

Había publicado en su país unos cuarenta libros entre poesía, teatro, artículos, diarios, memorias y novelas, algunos traducidos al español y publicados en José Janés y Destino durante los años 40 y 50: El divorcio en Buda, A la luz de los candelabros (hoy retraducida como El último encuentro) y unas cuantas más que conocieron, todas ellas, sucesivas ediciones. La vigencia de sus textos está avalada principalmente por su extraordinaria calidad. Si El último encuentro es la novela de la amistad traicionada y de la búsqueda de la verdad, La herencia de Eszter es la novela del amor sin esperanza (“los amores sin esperanza son los únicos que duran", dice uno de los personajes de la novela). Los protagonistas de su mundo literario son las clases acomodadas y cultas y sus grandes temas son existenciales y morales. El tiempo, el gran enemigo, se convierte a su vez en aliado y permite un retrato en perspectiva de esas vidas intensas y ricas que, en el plazo de un solo día, despliegan todos sus sentimientos y experiencias en una densa y bellísima trama narrativa.

Esta novela de Sándor Márai -y también la anterior- son verdaderas obras maestras que están a la altura de las de autores como Thomas Mann, Stefan Szweig, Arthur Schnitzler o Joseph Roth, porque, como ellos, él pertenece a la mejor estirpe de narradores centroeuropeos.

Sándor Márai, La herencia de Eszter, traducción del húngaro de Judit Xantus, Salamandra, Barcelona, 2000, 166 páginas.
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