CIENTOCINCUENTA ANIVERSARIO
El nacimiento de un gigante del pensamiento económico
Por José Ignacio del Castillo
Se conmemora en este mes de febrero el nacimiento de uno de los más grandes economistas de todos los tiempos: Eugen von Böhm-Bawerk. Sirva este artículo para unirnos en el homenaje al maestro.
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Böhm-Bawerk nació en Brno, la capital de la región de Moravia entonces parte integrante del Impero Austro-húngaro, en febrero de 1851. Estudió Derecho en la Universidad de Viena en donde se familiarizó con la obra del gran Carl Menger, de quien fue alumno. Precisamente en ese momento Menger estaba llevando a cabo una auténtica revolución en la Ciencia Económica. Se trataba de explicar todos los fenómenos económicos partiendo de los individuos, sus acciones y sus valoraciones subjetivas. Böhm-Bawerk sería su mejor discípulo. Construyendo sobre los cimientos de Menger, nuestro homenajeado elevó a la Ciencia Económica a las más altas cotas y consiguió que la Escuela Austriaca de Economía alcanzase fama imperecedera.
Bóhm-Bawerk no sólo fue un extraordinario pensador. Como docente ocupó durante años las cátedras de Economía de Innsbrück y Viena. También fue Ministro de Hacienda del Imperio en tres ocasiones. Finalmente dimitiría al verse impotente para frenar las intrigas que forzaron el desequilibrio presupuestario. Los militaristas comenzaban ya sus preparativos para una guerra que no tardaría en llegar. Retirado de la política, Böhm-Bawerk abrió entonces su seminario en la Universidad de Viena. En él se formaron entre otros Ludwig von Mises y Joseph Schumpeter. El seminario también tuvo otros “ilustres” visitantes. Numerosos socialistas destacados se apuntaron al mismo con fines aviesos. Entre ellos podemos destacar a Bujarin, el líder bolchevique que confesaría: “Nadie nos hace tanto daño como esta maldita Escuela Austriaca de Economía. Tenemos que acabar con ellos.” También estuvo matriculado en el seminario Rudolf Hilferding, que sería Ministro de Hacienda socialista en Weimar y que tanta responsabilidad tuvo en la hiperinflación de los años 20 y en allanar el camino al nazismo. Böhm-Bawerk murió en 1914 pocas semanas antes del inicio de la terrible guerra que había temido y que con tanto valor había tratado de evitar.
Entre todas sus aportaciones destacan sin duda, sus esfuerzos por esclarecer la naturaleza y el origen del interés del capital. Sus hallazgos se recogieron en los tres volúmenes de la monumental obra Capital e Interés. Con ella no sólo refutó hasta ridiculizar la teoría de la explotación sostenida por los socialistas, sino que sitúo la problemática en una nueva dimensión. La Ciencia Económica tradicionalmente había clasificado los factores de producción en tres grandes grupos: tierra, trabajo y capital. La genial aportación de Böhm-Bawerk consistió en descubrir la auténtica esencia del capital recurriendo al análisis de un factor ignorado: el tiempo
Sirviéndose del tiempo Böhm desarticuló la teoría de la explotación. Veamos como. Una cosa es que deba pertenecer al obrero el producto íntegro de su trabajo o su valor correspondiente –lo cual Böhm-Bawerk y cualquiera acepta- y otra que el obrero deba percibir ahora todo el valor futuro de su trabajo. Los socialistas han pretendido, si llamamos a las cosas por su nombre, que los obreros perciban a través del contrato de trabajo más de lo que producen, más de lo que obtendrían si trabajasen por cuenta propia. Böhm-Bawek ilustra el argumento con algunos ejemplos entre los que destaca el siguiente: Supongamos que un vino necesita madurar en la barrica durante veinte o cuarenta años para alcanzar una calidad extraordinaria. Los cultivadores, recolectores y pisadores de la uva, no pueden cobrar hasta pasadas decenas de años salvo que un capitalista les adelante su retribución. Si quieren cobrar inmediatamente después de finalizar su tarea, deberán hacerlo no conforme al valor del vino ya maduro, sino de acuerdo al valor del vino sin edad que es notablemente inferior. Si alguien les anticipa sus retribuciones y luego vende el vino pasados cuarenta años, ¿De verdad creen los socialistas que dicho empleador debe buscar a sus antiguos operarios y retribuirles con los intereses del capital que él ha obtenido? Y si el vino se malogra o cae de valor debido a cambios en el gusto de los consumidores, ¿tendría sentido que les persiguiese para exigirles el reembolso de lo cobrado?
Si realmente el tiempo fuera indiferente a la hora de determinar el valor y por tanto la cuantía de la retribución, a los obreros les daría igual cobrar el día siguiente a la terminación de su tarea que transcurridos cinco años y, si esto fuera así, les daría igual cobrar a los cinco años que pasados cincuenta, cien o mil. (No me cabe duda de que todos empresarios subirían muy generosamente los sueldos a quienes esperasen largos periodos para cobrar). Böhm demostró que en realidad, el interés no tiene nada que ver la apropiación del trabajo del obrero –como dicen los socialistas-. Tampoco se trata de una retribución por la abstinencia –la tesis que había sostenido Nassau Senior y de la que se mofó el socialista Lasalle-. El interés es la manifestación en el mercado de un presupuesto de la acción humana, a saber, que los seres humanos desean alcanzar sus fines cuanto antes. De no ser así, éstos optarían siempre por los procesos materialmente más productivos cualquiera que fuese el tiempo que requiriesen hasta completarse. Se llegaría así a un punto en que la producción de bienes de consumo desaparecería, pues toda los factores se emplearían en investigación, desarrollo y acumulación de capital.
Un ejemplo hará que se vea más claro: Todos somos como el pobre pescador que no se fabrica una red para pescar, y sigue haciéndolo a mano o con un arpón (con una productividad material mucho menor) debido al tiempo que tiene que emplear y esperar hasta que ésta está lista y durante el cual debe pasarse sin comer.
Desgraciadamente, los hallazgos de Böhm-Bawerk siguen siendo hoy ignorados por una gran parte del público. Fidel Castro sigue prohibiendo la contratación de asalariados “para evitar la explotación”. Los sindicatos “de clase” gozan del privilegio de la violencia (pueden impedir la contratación de esquiroles) con un argumento similar. Con ello, el nivel de vida de los supuestos beneficiarios (los asalariados) sigue resintiéndose debido a los destructivos efectos sobre la empresarialidad y la acumulación de capital que ello comporta. En Cuba se generaliza la miseria. En otros países el paro y unas retribuciones bastante inferiores de las que hubiese permitido el laissez faire nos amargan la vida. ¡Lástima!

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