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El misterio del capital (Lima, Editorial El Comercio, 2000), De Soto vuelve no sólo a estudiar los mismos problemas sino a plantear las mismas soluciones. La diferencia radica en que
El otro sendero presentaba una teoría del desarrollo a partir de la situación del Perú, mientras que
El misterio del capital presenta esa misma teoría a partir de la situación del Tercer Mundo en general.
Este nuevo libro es, fundamentalmente, una versión ampliada del anterior. No hay, entre uno y otro, una innovación esencial. Utilizándose la útil clasificación de Isaiah Berlin, puede decirse que De Soto es más un erizo que un zorro: afincado en una sola idea, busca desde allí sus alimentos; no sale a buscarlos por nuevos parajes.
La idea central del libro es que la raíz del atraso del Tercer Mundo radica en que sus sistemas legales no definen adecuadamente los derechos de propiedad. Por culpa de ello, sus activos no se convierten en capital, es decir, en instrumentos de crédito, con los cuales se puedan “apalancar” los negocios.
Para un abogado como yo, la teoría de De Soto resulta seductora, por cuanto exalta la importancia de las leyes en el proceso de desarrollo. A diferencia de las teorías marxistas, según las cuales las leyes serían sólo una superestructura, De Soto nos dice que las leyes son la base o la infraestructura a partir de la cual se hace posible el desarrollo.
La exaltación de los derechos de propiedad también es positiva. En este libro se precisan mejor los efectos benéficos de tales derechos: fijar el potencial económico de los activos; integrar información dispersa a un solo sistema; volver responsables a las personas; volver fungibles a los activos; colocar a las personas en red y proteger las transacciones.
Pero, más allá de esto, ¿está De Soto en lo cierto? A partir de mi experiencia profesional como abogado y de mis propias investigaciones académicas, considero que hay un gran ausente en la teoría del desarrollo de De Soto: el marco político en el que se establecen los derechos de propiedad y, por tanto, se desarrolla la economía. Sería injusto decir que De Soto no le presta ninguna atención a la estructura política, pero, en este aspecto, no profundiza suficiente. Brinda observaciones al paso, que no nos dicen mucho. Diríase que endosa la perspectiva de los economistas-técnicos, esa que Patrick Gunning llama la de los “déspotas benevolentes”.
Desde mi punto de vista, no basta que los derechos de propiedad estén adecuadamente definidos en la legislación civil o comercial. En 1995, por ejemplo, hice un estudio tratando de encontrar por qué la oferta pública primaria de acciones y bonos no era más utilizada como mecanismo de inversión y financiamiento. Luego de analizar las leyes y reglamentos peruanos y compararlos con los de otros países llegué a la conclusión de que no sufríamos ningún “costo de transacción” que fuera notoriamente superfluo. El problema radicaba en que no había quién comprara las acciones y bonos que se ofrecían en la Bolsa de Valores de Lima.
¿Por qué no había más compradores de los títulos-valores de las empresas peruanas? La respuesta, a mi modo de ver, se relaciona, fundamentalmente, con la inestabilidad política peruana. Los inversionistas no se animaban a comprar esos papeles no porque les falta tal o cual característica sino porque no sabían quién sería el próximo gobernante peruano.
Cualquier teoría institucional sobre el desarrollo resulta incompleta, pues, si no incluye un análisis de las instituciones políticas o constitucionales. La desatención de De Soto a las instituciones políticas tiene importantes consecuencias: sus ideas pueden ser -¿no han sido ya?- utilizadas por regímenes autoritarios, que las desnaturalicen y desprestigien.
Para evitar que ello ocurra, la lucha por el fortalecimiento de los derechos de propiedad, por tanto, debe ir de la mano con la lucha por la democracia constitucional.
A pesar del carácter incompleto de las explicaciones del libro de De Soto creo, sin embargo, que en balance el resultado es muy favorable.
El misterio del capital nos devuelve a un pensador peruano innovador y fundamentalmente acertado.
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AIPEJosé Luis Sardón es profesor en la
Facultad de Derecho de la UPC de Lima.