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15 de Diciembre de 2000

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CRóNICAS COSMOPOLITAS

El KGB y los PC occidentales

Por Carlos Semprún Maura

Este es el título de uno de los capítulos del libro de Christopher Andrew y Vassili Mitrokhín: “Los archivos Mitrokhin”, del que me voy a servir para confirmar algún dato, aunque pretendo hacer un comentario más general. Lo primero que me parece importante subrayar es la confirmación de que desde el triunfo del golpe bolchevique de 1917 hasta Yeltsin, o sea desde Lenin a Gorbachov, todos los partidos comunistas occidentales tenían lazos organizativos y recibían órdenes y subvenciones de Moscú a través del KGB. Todos. Y en cada uno de esos PC existía “el hombre KGB” en su dirección. No es inútil reafirmar esto cuando constatamos una ofensiva ideológica a favor del comunismo -con sus dimes y diretes- que desde Nelson Mandela a Santiago Carrillo intenta salvar lo posible del naufragio y reanimar al moribundo. Valgan algunos ejemplos: en Francia, pero con colaboraciones internacionales, se ha publicado hace poco, un anti “Libro negro del comunismo”, titulado: “El siglo de los comunismos”, en plural, para señalar de entrada que hubo y hay “buenos” comunismos, como hubo algunas cositas malas.
La principal crítica que hacen estos comunistas franceses y británicos, con la aportación de algún cretino argentino, al “Libro negro” es el de no ser “científico” y de basarse únicamente en una “historia policial”. Desde Marx, el término científico, en un tal contexto, da escalofríos porque significa la deshumanización total de la acción política y la justificación del Terror. Y ¿quién puede atreverse seriamente a afirmar que los millones de muertos en Kolyma (Siberia), o en Auschwitz (Polonia, ocupada por los nazis), como los demás campos y el terror generalizado, no son mucho más consustanciales al totalitarismo nazi y comunista que ciertos discursos oficiales?. Pues estos autores lo afirman.

Sigamos haciendo “historia policial” y hablando de la colaboración de los PC occidentales con el KGB. Una de las estafas con mayor éxito en los medios informativos, pero también en los partidos políticos y en los Gobiernos de éste rincón del mundo constituido por España, Francia e Italia, consiste en afirmar que “sus” PC son partidos democráticos, perfectamente virtuosos, que sólo han luchado contra el nazismo, el fascismo y el franquismo y en defensa de la “clase obrera”. ¿Qué opinarían los dirigentes de los partidos políticos de izquierda, centro y derecha, si tuvieran en cuenta el hecho de que “sus” partidos comunistas, tan patriotas, recibían dinero del KGB y a cambio espiaban, saboteaban y hasta asesinaban a las órdenes de Moscú?. Nada, dirían que es falso, una calumnia anticomunista.

Existe en España, Francia e Italia, una potente corriente político-mediático, pero que llega a las universidades y colegios, para blanquear totalmente ese dinero sucio que constituye el pasado, el presente y tal vez el futuro (Putin en Cuba, no es inocente) de los PC. En España está clarísimo; por televisión, radio, prensa, el PCE está presentado como virgen de toda colaboración activa con los crímenes del totalitarismo. “El País”, y sus columnistas y colaboradores, como Pradera, Elorza, Estefanía, y otros; gentes como el ex, Federico Sánchez (un maestro de la mentira!), o el propio Santiago Carrillo, que acaba de publicar otro libro en este sentido, y para no dar la lata no cito más nombres, de sobra conocidos, han logrado convencer hasta a gentes del PP y desde luego a ABC (¡y no hablemos de Umbral!) que los peceros españoles eran y fueron demócratas que nada tuvieron que ver con el totalitarismo criminal.

Jean-François Revel, criticando a esta corriente francesa, da el ejemplo de Walter Vetront, secretario del PDS (ex comunista) en Italia, quien ha reconocido que el PCI sí había sido cómplice del totalitarismo soviético y de sus monstruosos crímenes. Revel ataca al PCF y a su aliado en el Gobierno, el PS , por ser incapaces de hacer algo semejante. Es cierto, pero yo, más escéptico y sin olvidarme que la mentira ha sido convertida en arte por los comunistas, me pregunto si los camaradas italianos no han elegido esa forma demagógica de zanjar la cuestión y evitar todo análisis histórico sobre su propia colaboración con Moscú y el KGB. Reconocemos nuestra complicidad pasada, punto y aparte, se terminó. Pero resulta que el hombre del KGB en el PCI que se ocupaba personalmente del famoso “oro de Moscú”, Armando Cessuta, hoy líder del partido de los comunistas italianos”, vota, por lo general, a favor de ese mismo PDS, y a todos les interesa ocultar su muy reciente pasado de “hombre del KGB”. La participación del KGB en el asesinato de Aldo Moro, por las Brigadas Rojas, resulta ser una hipótesis cada vez más verosímil. Berlinguer, el difunto líder del PCI, no estaba de acuerdo con las Brigadas Rojas y si protestaba contra la ayuda que recibían de los “servicios” del Este, eso no le impedía recibir subvenciones de los mismos servicios.

Ese mismo KGB, muy hábilmente, lanzó el bulo, según el cual la CIA había organizado el asesinato de Aldo Moro para impedir que el PCI llegara al gobierno, con el “compromiso histórico”. Pero cuando se sabía que dicho “compromiso” incluía la ruptura real del PCI con Moscú , resulta claro que eso no lo interesaba en absoluto a la URSS. De hecho, el PCI sólo podía llegar al Gobierno italiano después de la implosión de la URSS y además echando por la borda ciertos oropeles comunistas y disfrazándose de socialdemócratas. Como Milosevic o Iliescu. Pero, claro, la situación en Italia es diferente y el PCI disfrazado de PDS se ve obligado a jugar en el marco de la democracia representativa. URSS ha muerto, sus subvenciones y sus Brigadas Rojas y Luchas Continuas, también.

Pero, ¿quién sabía que Álvaro Cunhal, el líder comunista portugués, con pinta de gran inquisidor, se ocupó personalmente de instalar una “residencia” del KGB en Lisboa después de la llamada “revolución de los claveles”? Generalmente no eran los secretarios generales quienes se ocupaban personalmente de esos quehaceres de espionaje y desinformación sino uno de sus lugartenientes. En el último periodo, en Italia fue el ya citado Cossuta, en Francia, Gaston Plissonier, pero estos eran los responsables oficiales para los partidos y el KGB, clandestinos para los demás, y se ocupaban de cuestiones económicas siendo la voz del amo soviético en el seno de sus partidos, pero los agentes, colaboradores, informadores y, en ciertos casos, asesinos, eran muchísimos más y no siempre eran comunistas.

El chantaje y el dinero procuraban infinidad de colaboradores al KGB. Ignoro quién era el corresponsal oficial del KGB en la dirección del PCE durante el franquismo, el libro de Andrew/Mitrockhin apenas habla de España en ese periodo, y sin embargo, nuestra guerra civil constituyó uno de los campos de batalla esenciales del KGB fuera de las fronteras de la URSS, influyendo en la política de los gobiernos “republicanos” directamente o a través de los delegados de la Internacional, como Togliatti y Codovilla, llevando a cabo una bestial represión contra el POUM, la CNT-FAI y muchos más. Goerge Orwell, por ejemplo, que no era ni trotskista, ni anarquista, tuvo que huir clandestinamente a Francia para no ser asesinado. También fue en España, y durante nuestra contienda, que el KGB reclutó y formó una nueva generación de agentes saboteadores y asesinos, elegidos entre los miembros del PCE y los brigadistas internacionales. Fue en Barcelona que el KGB reclutó al asesino de Trotski, Ramón Mercader y a su amada madre, Caridad. Es el caso más conocido, pero fueron muchos más.

El que dirigía todo el trabajo del KGB en España en aquel periodo, Orlev, más listo o mejor informado, al darse cuenta del viraje de Stalin, quien para aliarse a Hitler abandonó “la justa causa del pueblo español”, cuando llegó la orden de retirada en 1938 (¡y no en 1939!) en vez de volver a la URSS se refugió en los EE.UU., en donde publicó una serie de artículos en LIFE que armaron gran revuelo. Había trepado suficientemente en la jerarquía del KGB para saber que Stalin y su lugarteniente Heria procedían ritualmente a purgas en el KGB, asesinando a los asesinos sobre todo a los que habían actuado en el extranjero en periodos conflictivos y podían haber sido contaminados por ideas cosmopolitas, trotskistas o sencillamente manifestaban reservas ante el viraje pro-nazi de Stalin, que se inició precisamente durante nuestra guerra civil. El caso es que Orlov fue uno de los pocos jerifaltes del KGB que había actuado en España por aquel entonces que salvó su vida al refugiarse en los EE.UU.; la mayoría fue fusilada a su regreso a la URSS.
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