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1 de Diciembre de 2000

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NEGOCIOS EN INTERNET

El juego de los adivinos

Por José Hermida

La adivinación del futuro se concibe como un delirio irracional. Pero en Internet, quienes no sean adivinos tendrán un futuro negro. ¿A quién no le hubiese gustado ser el primero en crear una librería virtual en Internet? ¿O tal vez haber desarrollado un sistema pionero en pagos electrónicos? ¿O un programa antivirus fácil de usar? ¿O el primer portal de empresas?
Es normal tener la sensación de que todo está inventado en Internet. Y también en cualquier otra área de actividad. La inmensa mayoría de los negocios en Internet son clones de negocios anteriores; con pocas variantes, que a veces son exclusivamente de diseño, y donde se repiten hasta la saciedad fórmulas usadas una y otra vez.

Acordémonos de los portales de hace dos años, o su versión actual de portales específicos para “servicios a empresas”, que probablemente se seguirán desarrollando a lo largo de 2001. Todavía se da por cierto que la inundación de contenidos distintos en un website, a modo de portafolio de productos, constituye un atractivo irresistible para las empresas. El hechizo se desvanece cuando comprendemos que cada empresa es un mundo distinto con necesidades perfectamente diferenciadas. Una muestra de ello son los portales de asociaciones empresariales de un mismo sector: los desarrolladores de estos portales no “se imaginan” lo que quieren los usuarios. Sencillamente lo saben. Y se lo proporcionan (con mayor o menor fortuna, pero se lo proporcionan).

Uno de los principales problemas que se plantean a la hora de diseñar negocios en el largo plazo es que los diseñadores dan por supuesto que la situación actual (necesidades, recursos técnicos y actitudes) serán las mismas a partir de ahora. Y para siempre.

Pero no es así. En primer lugar, muchos planes de negocio se establecen conforme a encuestas realizadas dentro de Internet, un problema que los investigadores de mercado tienen presente desde hace tiempo. Una persona que se conecta por primera vez a Internet, por lo general emplea muchas horas de navegación antes de interactuar dentro de la Red; alguien que esté conectado un promedio de una hora al día, puede tardar entre seis y doce meses antes de realizar una compra on line. Evidentemente, la gente no se conecta por primera vez y se pone a contestar encuestas como una fiera (sobre todo porque no encontrará el panel de preguntas a no ser por azar). Desgraciadamente, las personas que responden a las encuestas lo hacen precisamente porque tienen experiencia en Internet, así que sus opiniones están necesariamente basadas en sus conocimientos: dicen lo que hacen y lo que saben, no lo que harían o lo que desconocen.

Los planes de negocio se siguen haciendo sobre la base de la información recibida a partir de esas encuestas, cuyos resultados se encuentran en innumerables sitios de la Red (y ni siquiera todos los planes de negocio se elaboran con datos de encuestas, sino con simple y pura intuición). La mayor parte de las personas que responden a esas encuestas leen las mismas revistas (técnicas) tienen los mismos hábitos de navegación (más de la mitad, desde sus puestos de trabajo) y comparten las mismas opiniones que obtienen de las Listas de Correo a las que se encuentran suscritas o de los Grupos de Noticias en los que participan. Dicho de otra forma, han formado su opinión en un típico entorno de creencias a la moda, las cuales configuran dogmas que hay que repetir sistemáticamente para no ser tomados por inexpertos.

¿Cómo salir de este círculo vicioso? Desde luego, no tomando a Internet como única fuente de conocimiento. Tal vez algún día Internet será el único suministro de información para todo el planeta, pero podemos plantear serias dudas sobre la posibilidad de que esto realmente ocurrirá: ni el ferrocarril se ha convertido en el único medio de comunicación terrestre, aunque siga habiendo trenes, ni el telégrafo es la única manera de transmitir mensajes desde un lugar a otro.

La predicción del futuro en el entorno de los cibernegocios pasa por los siguientes requisitos:

1º. Sano ejercicio de la duda: no dar por cierta ninguna opinión que satisfaga nuestros prejuicios.
2º. No limitarse a averiguar lo que piensan los expertos, sino todo tipo de in: Internet se sigue comportando como un mundo cerrado, lo que resulta contradictorio con su vocación universal.
3º. Investigar fuentes de conocimiento ajenas a la Red: ¡la lectura de libros sigue siendo una actividad recomendable!
4º. Estar al tanto de desarrollos científicos y no sólo informáticos: muchos se sorprenderían si supiesen que absolutamente todas las “asombrosas” innovaciones que de vez en cuando publican los periódicos estaban previstas (y publicadas) desde años atrás en revistas no sólo especializadas, sino incluso de divulgación.

En realidad, el éxito en la ardua tarea de la predicción del futuro ya lo identificó claramente Sócrates con su lema “sólo sé que no sé”. Lo que pasa es que, para muchos, se ve que Sócrates no está a la moda.
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