MáS QUE NúMEROS
El grupo Bourbaki
Por Alicia Delibes
Quien más o quien menos, casi todo el mundo, ha oído hablar de las Matemáticas Modernas, esas matemáticas que hablaban más de conjuntos, de correspondencias, de relaciones, de uniones e intersecciones que de números, cuentas, triángulos, áreas y volúmenes. Esa forma de enseñar aritmética en la que se exigía a los niños que entendieran el sentido profundo de la conmutatividad de la suma o del producto aunque no supieran bien sumar o se tropezaran constantemente en las tablas de multiplicar.
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Para entender cómo surgió aquella moda pedagógica, que causó un grave daño a más de una generación de escolares de todo el mundo occidental, es necesario hacer un breve recorrido por la historia de la evolución de las matemáticas a lo largo del siglo XX.
En las primeras décadas del siglo, mientras la escuela matemática alemana, liderada por David Hilbert, vivía unos años de gran esplendor, Francia, tras la muerte en 1912 del que había sido su última gran gloria, Henri Poincaré, vio desaparecer la fama que había tan merecidamente alcanzado la época anterior.
Después de la primera guerra, cerca ya del año 30, un grupo de jóvenes matemáticos formados en la École Normal Supérieur de París, grandes admiradores tanto de su compatriota Henri Poincaré como del prusiano David Hilbert, se propuso devolver a Francia la posición que antaño había ocupado en la historia de la Ciencia Matemática.
Adoptaron el nombre de un general francés de la guerra franco prusiana, Nicolas Bourbaki, que se había hecho famoso por el humillante fracaso sufrido en su intento de puentear las líneas enemigas.
El grupo Bourbaki empezó a escribir lo que en principio iba a ser un simple libro de texto para estudiantes universitarios que recogiera los últimos descubrimientos y tendencias matemáticas y que acabó siendo una larga y exhaustiva obra de recopilación que llamaron Éléments de Mathématique.
Esa que se llamó Matemática Moderna no era sino la simplificación y adaptación que, a partir de los años sesenta, se hizo de la obra de los bourbakistas, cuyo primer tomo había aparecido en Francia el año 39 y que, con la metodología pedagógica de Euclides, pretendía llenar el hueco dejado por el ya abandonado libro griego de los Elementos.
La llegada del nazismo y, sobre todo, el estallido de la segunda guerra mundial desmanteló la escuela matemática alemana que no consiguió recuperarse hasta después de 1950. Cuando lo hizo fijó su mirada en la escuela francesa y adoptó la corriente pedagógica del bourbakismo. Pudo así, al fin, Nicolás Bourbaki curar la humillación de su derrota.
Lástima que el fracaso de ese formalismo bourbakista haya empañado el final de una interesante historia y restado valor a quienes la hicieron posible. A pesar de ello los nombres de aquellos destacados alumnos que se graduaron a finales de los años 20 en la École Normal Supérieur de París, Henri Cartan, Claude Chevalley, Jean Coulomb, Jean Delsarte, Jean Dieudonné, Charles Ehresmann y André Weil, y que dedicaron su inteligencia y su esfuerzo al progreso de las matemáticas han quedado ya impresos para siempre en el libro de la Historia de la Ciencia.

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