Los gobernantes optaron por el camino fácil de acudir al déficit presupuestal para recaudar impuestos ocultos, vía inflación y aumento de tasas de interés. Si en realidad queremos saber cuál es la carga impositiva total del pueblo mexicano, no la midamos sólo por medio del Impuesto Sobre la Renta, el IVA o a los impuestos especiales, sino por el gasto total del gobierno. Quien en realidad esté preocupado por reducir la carga fiscal, no debe gritar únicamente contra el IVA en las medicinas o los alimentos, medida que yo también cuestiono, sino contra el gasto excesivo y deficitario.
Cualquier ciudadano conocedor de los principios económicos, si quiere ser congruente con su posición de rechazar más impuestos, debe pedir un menor gasto público, pues oponerse a una mayor carga fiscal y a la vez solicitar más gasto denota una completa ignorancia. Y apoyar un mayor déficit presupuestal necesariamente nos conduce al impuesto inflacionario y a mayores tasas de interés.
Además de exentar de IVA a los alimentos y medicinas básicas, reducir la tasa general de IVA y del ISR, ampliar la base y terminar con los regímenes de excepción, para que la próxima reforma fiscal signifique un avance estructural en favor de los ciudadanos, hay que garantizar el equilibrio presupuestal y abolir por ley el déficit.
Si la próxima reforma del fisco no incluye un freno legal a los impuestos ocultos en los déficit presupuestales, no se puede considerar que va en beneficio de la sociedad. En el último cuarto de siglo, la principal causa del empobrecimiento de millones de ciudadanos no ha sido los impuestos abiertos, sino los escondidos, derivados del déficit presupuestal: inflación, devaluación y altos intereses.
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AIPELuis Pazos es director del
Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa de México.