La Fundación Hogar del Empleado ha presentado un estudio titulado Informe Educativo 2000, que analiza la situación de la educación española tras la implantación de la LOGSE y recoge los problemas que la enseñanza tiene hoy planteados. Es imposible entrar a leer el informe sin cierta prevención sabiendo que Álvaro Marchesi, alma mater de la filosofía “comprensiva” que ha inspirado la elaboración de la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo, ha sido, junto con Roberto Rey, coautor del libro que se acaba de presentar.
Según los autores, gracias a la LOGSE, el índice de fracaso escolar que se situaba en 1980 en el 40%, a finales de los noventa ronda el 35%. Mejoría que se produce en la primaria porque en la secundaria, según dicen, las cosas siguen poco más o menos igual.
Los cambios fundamentales que la LOGSE ha introducido en la enseñanza primaria son la flexibilidad total de los programas y la casi imposibilidad de repetir curso; no puede extrañar a nadie que esto produzca un descenso notable en el índice de fracaso escolar. No hay nada más sencillo para evitar el fracaso que suprimir el obstáculo.
En cuanto a la secundaria, la gran novedad de la LOGSE es la eliminación de la Formación Profesional de primer grado que recibía a los alumnos que, tras finalizar la EGB, no querían o no podían cursar el bachillerato. Aquellos que no sienten ninguna motivación por el estudio y que desde los 14 años están deseando acabar su escolaridad obligatoria para aprender un oficio deben ahora esperar dos años más, con el agravante de que necesitarán aprobar la ESO para que se acepte su matrícula en la nueva Formación Profesional, que ahora se llama de Grado Medio.
Es curioso que Rey y Marchesi consideren que las cosas en secundaria siguen igual de mal ahora que antes, mientras señalan como punto más conflictivo de la ley la existencia de los llamados “objetores escolares”, alumnos entre 14 y 16 años (en la práctica entre 14 y 18) que están escolarizados contra su voluntad. Estos “objetores escolares” surgen con la llegada de la LOGSE. Antes tenían la posibilidad de estar ya en un sistema de estudio que les permitía prepararse directamente para la incorporación al empleo.
Si los educadores “progres” consideraban que a los 14 años (que, en la práctica, era a los 16) era inhumano “condenar” al niño al trabajo manual, es porque creen que no ir a la universidad es “una condena”.
Pensar que todo el mundo tiene interés por el estudio, por la lectura, por la escritura, que todos quieren saber más y más historia, geografía, inglés, matemáticas o latín indica un desconocimiento absoluto del alma humana.
Cuando cada vez es mayor el número de jóvenes que quiere aprender rápidamente algo fácil que les permita ganarse la vida lo mejor posible, el “progre” sigue empeñado en que la igualdad de oportunidades es dar a todos los adolescentes exactamente la misma formación, aunque para ello se deba renunciar a facilitar una enseñanza intelectual profunda a aquellos que la deseen.
Si el nivel cultural de los antiguos estudiantes de Formación Profesional era escandalosamente bajo habría que haber pensado en cómo elevarlo sin suprimir esa formación específicamente dirigida a la preparación para el empleo, como lo han hecho los alemanes que lejos, de sucumbir a la ola de “comprensividad escolar” que corría por Europa en los años setenta, han mantenido siempre una diversificación de su sistema de enseñanza y defienden orgullosamente su postura, creen en la eficacia de mantener una escuela para cada necesidad y un sistema capaz de satisfacer los tan variados y distintos intereses del individuo.