Los políticos californianos se plantean aumentar los sueldos de los maestros en la zona de influencia de Silicon Valley a fin de que la enseñanza no desaparezca de la zona. No se trata de reivindicaciones de los maestros; todo lo que ocurre es que el fenómeno de la especulación del suelo hace que resulte bastante difícil que un maestro pueda costearse una vivienda, siquiera en alquiler. Tal como en La fiebre del oro de Charlot, oleadas de ambiciosos técnicos, expertos en cibernegocios y pulcros contables reconvertidos en captadores de inversionistas, llegan a la zona para lavar los ríos de bits en busca del preciado metal. Los ejecutivos de las dotcoms tienen sueldos de oro, vacaciones de oro, paracaídas de oro y stock options de oro. Los precios de todas las cosas, en consecuencia, también son áureos. Justo lo que sucede cuando tienes una mina. A algunos incluso se les permite llevar a sus mascotas al centro de trabajo.
Pero la mina empieza a dar señales de encontrarse exhausta. Sobre todo, la mina de las ideas. Igual que en la época de los buscadores de oro, la tentación de apoderarse de la mina del vecino comienza a mostrarse como la mejor estrategia. La única diferencia es que en Silicon Valley no se trata de robar vetas de mineral, sino personas. Ha llegado el momento de contratar matones para dar comienzo al secuestro sistemático. Los jefes de las cuadrillas de malhechores, ahora, trabajan en los departamentos de Recursos Humanos, han leído a Popper (y a su discípulo Soros, por supuesto) y ponen precio a las cabezas de los ejecutivos con la misma soltura con la que un tendero etiqueta una lata de sardinas antes de colocarla en el estante del supermercado del barrio.
Las grandes compañías, con notables recursos financieros a su disposición, se vienen permitiendo el lujo de comprar las plantillas enteras de las pequeñas empresas competidoras. Se trata, por supuesto, de desmantelar los equipos humanos de los competidores que hayan venido demostrando un futuro prometedor (un futuro generalmente basado en innovaciones tecnológicas).
Hasta hace aproximadamente un año, la obsesión de los ciberempresarios se centraba en la construcción y aplicación de sistemas infalibles de seguridad para sus sitios web, con la prioridad manifiesta de proteger las bases de datos. Desde las revistas científicas hasta las más divulgativas, pasando naturalmente por las publicaciones especializadas en Internet, la instalación de cortafuegos y otros dispositivos de seguridad era un tema recurrente. Para los lectores, este tipo de información resulta tan entretenida como la lectura de una novela de James Bond (existe una simpatía inconfesada por parte del público hacia los butroneros; estas cosas suelen ser muy emocionantes). Pero ahora el problema viene dado por la la confidencialidad no ya de los datos, sino de los mismos procesos de software y sus estrategias de implantación. Dicho de otra manera, los competidores no sólo quieren saber qué hacen sus rivales, sino además, qué es lo que harán en el futuro.
¿Y cuál es el mejor sistema para conseguir eso? Quedarse con los mejores empleados de los rivales. Un juzgado del condado de Santa Clara ha condenado a Broadcom a elaborar un programa de formación propio, de tal forma que asegure que los empleados reciben nuevos conocimientos proporcionados por la compañía, y que esos conocimientos no provienen de lo que han aprendido en sus anteriores empleos. Y el asunto viene de lejos: hace ya tres años que Oracle fue acusada de contratar a la mayor parte de los empleados de Informix que habían tenido a su cargo la elaboración de una importante base de datos; casualmente, Oracle creó una base de datos similar en unas pocas semanas, según informa Business Week. Oracle adujo entonces que los empleados se habían cambiado de empresa porque no se sentían a gusto en la anterior. Pocos tienen dudas de que realmente fue eso lo que tuvo lugar.
Y aquí es cuando aparece la picaresca de los pequeños competidores que no disponen de recursos para piratear plantillas enteras: estas pymes ofrecen a los ejecutivos de la competencia puestos de trabajo con sueldos muy por encima de la media. Pocos ejecutivos pueden resistirse a presentar sus curricula. A continuación sigue una serie de entrevistas mediante las que el presunto empleador desea verificar los conocimientos y experiencia de los candidatos... ¿y quiénes de entre éstos se resistirá a decir que está trabajando en el Gran Proyecto Estrella? ¿Quién evitará decir que sus competencias específicas son éstas y aquéllas? ¿Cuál evitará irse de la lengua más allá de lo que se espera de un buen padre de familia? Las entrevistas de trabajo, inequívocamente imaginarias, suministran a los entrevistadores más información útil de la que un diligente Torquemada podría obtener en un potro de tortura.
Los maestros no creen que la zona sea un lugar deseable para vivir. Pero los psicólogos están instalando sus consultorios en la zona de la Bahía (un 25% de incremento en el precio de los inmuebles con relación al año pasado). Y se van a forrar.