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25 de Mayo de 2001

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AL HILO DE UN LIBRO

El enigma de la propiedad

Por Porfirio Cristaldo Ayala

El crecimiento económico sostenido es el motor de la prosperidad y es la única esperanza de acabar la pobreza. ¿Pero cómo se logra el crecimiento? Esta pregunta se ha tratado de responder desde hace siglos, cuando la pobreza era lo normal y lo inexplicable era el rápido crecimiento de uno o dos países. El filósofo moral escocés, Adam Smith, en su “Riqueza de la Naciones” (1776), responde que la riqueza es consecuencia del libre comercio. Por cierto, la apertura comercial impulsó la Revolución Industrial e hizo de Inglaterra el país más rico y poderoso del siglo XIX.
Pero la respuesta del fundador de la ciencia económica parecía incompleta. No mencionaba que el libre comercio trae progreso únicamente si existen derechos de propiedad bien protegidos. No lo hacía porque lo daba por sentado. En Inglaterra, la defensa de la propiedad era una cuestión tan elemental que nadie lo mencionaba. Desde entonces muchos economistas han caído en el mismo error al estudiar las causas de la pobreza en el Tercer Mundo, donde los derechos de propiedad no tienen el mismo alcance y significado que en los países desarrollados.

Una respuesta más completa a la pobreza de las naciones dio el economista Douglass North (Premio Nobel 1993). Sus estudios sobre la historia económica de Occidente demuestran que el desarrollo de las naciones depende de la efectividad con que sus respectivas instituciones y estructuras jurídicas protegen los derechos de propiedad. Las sociedades que crearon leyes que aseguraban y facilitaban el uso irrestricto de la propiedad, tuvieron mayor desarrollo que las que buscaron distribuir la riqueza expropiando y repartiendo patrimonios e ingresos. Estas quedaron atrapadas en la pobreza.

No obstante, en el Tercer Mundo el derecho de propiedad sigue siendo un enigma. Pocos entienden que las instituciones del Primer Mundo no rigen en el Tercer Mundo. Es la misma letra pero no el mismo alcance. En los países pobres la propiedad sólo la disfrutan las elites. Los pobres no tienen acceso al capital, no porque no tengan bienes y ahorros, sino porque carecen de títulos de propiedad. A diferencia de la posesión, la propiedad puede volverse capital y crear riqueza, pues un título seguro es transferible y divisible y sirve de colateral para un préstamo.

Hernando de Soto afirma –en su nuevo libro “El misterio del capital”– que los pobres del Tercer Mundo tienen más posesiones de lo que aparentan. El valor de esas posesiones es enorme, 20 veces más que toda la ayuda económica y la inversión extranjera recibida por los países del Tercer Mundo desde 1990. Pero los pobres no pueden convertirlo en capital ni utilizarlo como colateral para expandir sus negocios por la falta de títulos y debido a la inseguridad jurídica. Eso los condena a la economía informal, donde sobreviven pagando coimas y soportando abusos de políticos y burócratas. En los países pobres, la economía informal es mucho mayor que la economía formal.

Para fortalecer la libertad e impulsar el crecimiento es preciso que los pobres accedan a la propiedad. Esto exige entregarles títulos y legalizar sus posesiones y negocios. En los cinturones de pobreza de las ciudades, explica Hernando de Soto, existen grandes asentamientos precarios, sin títulos, donde viven millones de pobres. En estas villas miserias se acumulan enormes cantidades de “capital muerto” que, por falta de títulos, los pobres no pueden transformarlo en capital para elevar la productividad, facilitar el comercio, aumentar sus ingresos y crear riqueza.

Una función esencial de los gobiernos del Tercer Mundo es dotar a los pobres de títulos sobre sus posesiones. El aporte previsional se convierte en propiedad al ser administrado en cuentas privadas. Un sencillo programa que titule las tierras y viviendas precarias, legalice los negocios y empleos del sector informal y privatice el ahorro de los trabajadores en la seguridad social significaría un gran paso para sacar a nuestros pueblos latinoamericanos de la pobreza.

© AIPE

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal en Asunción, Paraguay, de la agencia de prensa AIPE.
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