LASTRES DEL PASADO
El difícil acceso a las fuentes de información de negocios para empresas
Por José Hermida
En “2001, una Odisea del espacio”, aparece el primer periódico electrónico (es la escena que tiene lugar en la base espacial que gira alrededor de la tierra). El autor de la novela, Arthur C. Clarke, concibió el sistema en una época en que los ordenadores tenían el tamaño de catedrales, los operadores vestían batas blanca y los teclados todavía no existían; los operadores trabajaban en sistema binario, con tarjetas que iban perforando con la ayuda de un pequeño punzón sobre una almohadilla de esponja sintética. La almohadilla sintética era lo más moderno de todo aquello.
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En cambio hoy ustedes están leyendo estas líneas en Libertad Digital, y ninguno de nosotros vamos vestidos como los protagonistas de Star Trek, es decir, en pijama. La paradoja que vivimos consiste en que mientras tenemos a nuestra disposición un medio de comunicación tan potente como Internet, nos seguimos comportando como si el automóvil más lujoso del mercado fuese el Seat 1100 y acabasen de estrenar la película Un rayo de sol. Pero debemos ser indulgentes con nosotros mismos, ya que es natural que suceda así; las innovaciones técnicas requieren tiempo en ser asumidas por los usuarios potenciales debido al requisito de la adquisición de pericia suficiente para su utilización (algo que sucede igualmente con ciertos electrodomésticos, aunque aquí de una forma ligeramente más compleja).
Existe una considerable disfunción entre las herramientas digitales actualmente disponibles y su uso efectivo. Esto es especialmente cierto en lo que se refiere al comercio internacional. Las organizaciones de promoción comercial internacional, como puedan ser las cámaras de comercio o los institutos oficiales de exportación, han entrado en Internet, ciertamente con la aplicación de buenos recursos técnicos y financieros. Sin embargo, si ustedes tratan de obtener información sobre oportunidades de negocio internacionales, o legislación aplicable en un determinado país, se encontrarán con información duplicada, fraccionada e incluso controvertida situada en distintos sitios web, locales o mundiales, en español, en inglés o en cualquier otro idioma.
La aparición progresiva de sistemas de información de pago, y su correspondiente aceptación por el mercado, está diluyendo en gran medida la bruma que impide que el empresario internauta pueda orientarse hacia los datos que precisa, pero probablemente el mayor problema consista en la falta de coordinación entre los distintos suministradores de información. Piensen por ejemplo en lo que hay que hacer si queremos localizar un mercado nuevo para nuestros productos y que al mismo tiempo tengamos que identificar a un distribuidor en ese hipotético nuevo mercado: tenemos que rastrear trade boards (tablones de anuncios electrónicos), entrar en las páginas web de docenas de cámaras de comercio (éstas cada vez con más servicios de pago) o acudir a empresas digitales (cada vez más especializadas, y en consecuencia, con menor prestación de servicios plenos). Como es natural, las empresas se desaniman ante tal cantidad de barreras generadas, precisamente, por la dispersión y abundancia de la información, y en consecuencia, acuden a los medios tradicionales: carta, catálogo en papel, teléfono y fax. Esta oscilación entre medios convencionales y medios digitales es la primera causa, por ejemplo, de la falta de utilización de plataformas digitales de negociación, de restricciones en los procesos exportadores e importadores y del mantenimiento de gastos innecesarios.
Del mismo modo que las empresas de todo el mundo (¡incluidas las españolas!) se están acostumbrando a bajar los rastrillos de sus fortalezas para invitar a socios comerciales, industriales y financieros a pasar a la torre del homenaje y participar en sus negocios, del mismo modo las instituciones públicas se verán forzadas a colaborar entre sí mediante la creación de servicios de captura y distribución de la información para las empresas.
¿Cuánto tiempo puede llevar este proceso? Tal vez demasiado como para que se convierta en realidad dentro del espacio temporal en el que seguirá existiendo Internet tal como lo conocemos hoy. No debemos olvidar que el crecimiento de la Red no sólo tiene lugar como resultado de las sucesivas adiciones de índole técnica, sino por su uso cada vez más inteligente, sobre todo en lo que se refiere a las estrategias de marketing y comunicación. Si las instituciones públicas no desarrollan planes reales y efectivos de colaboración estratégica, o si se demoran demasiado en llevar a la práctica esos proyectos, lo lógico y natural es que sea la iniciativa privada la que acabe de hacerse cargo de dichos procesos de información, puesto que así lo demanda el mercado.
Y cuando ese escenario se configure de forma efectiva, sea en el ámbito de Internet o de cualquier otro sistema que alguien descubra, es sumamente probable que el papel de los gobiernos nacionales se vea reducido a mínimos institucionales, pero no operativos.
Pero a lo mejor eso tiene lugar cuando nuestros nietos lean con toda naturalidad Libertad Digital a bordo de un transbordador espacial.

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