MEDICINA Y SALUD
El corazón sabe repararse a sí mismo
Por Enrique Coperías
Todo empieza, por lo general, con un sórdido dolor que va creciendo en el medio del pecho y que se extiende como una mancha a la espalda, el maxilar, el brazo izquierdo y, con menor frecuencia, al derecho. A veces, la sensación dolorosa tiene su inicio en el estómago y puede confundirse con una simple indigestión. A renglón seguido aparece una sensación de desvanecimiento y un pesado martilleo del corazón. Éste se comporta como si hubiera perdido el control: los latidos irregulares y anárquicos pueden interferir gravemente con la capacidad de bombeo de la bomba vital o provocar su interrupción, conduciendo a la pérdida de la conciencia o, en el peor de los casos, a la muerte.
|
Cada año, casi un millón de estadounidenses y 50.000 españoles sufren un ataque de corazón o infarto: la tercera parte de ellos muere sin que la medicina pueda hacer nada por salvarles. En muchos casos, el infarto se ha presentado silencioso como un fantasma: hasta una de cada cinco personas que sufren un ataque cardiaco tienen solamente síntomas leves o puede que ninguno en absoluto.
Hasta hoy, los cardiólogos pensaban que, tras el infarto, las células del músculo cardiaco que morían literalmente asfixiadas no se regeneraban. La interrupción el aporte sanguíneo hacía que las células afectadas entraran en un proceso biológico conocido como apoptosis o muerte celular programada. Durante décadas, esta tragedia había sentado doctrina en la medicina del corazón. Pero este dogma está a punto de derrumbarse como un castillo de naipes: los corazones dañados pueden autorregenerarse gracias al nacimiento de nuevas células musculares. El hallazgo acaba de ser hecho público en la publicación inglesa The New England Journal of Medicine. El doctor Piero Anvesa y sus colegas del New York Medical College, junto a dos equipos italianos de las universidades de Udine y Trieste, han observado cómo una proporción de miocitos —o sea, células musculares— se dividen en las zonas vecinas a la infartada e incluso en puntos más distantes, aunque con menos vigor. Mediante técnicas que permiten detectar cuándo una célula entra en mitosis, es decir, en división celular, los científicos han determinado que el 0,08 por ciento de los miocitos adyacentes a la región afectada comienza a proliferar. "La confirmación de que este mecanismo, junto a la posibilidad futura de potenciarlo, hace que pensemos en nuevas y revolucionarias terapias para tratar los accidentes coronarios", ha manifestado el doctor Avensa. Del mismo modo opina David Finkelstein, investigador del Instituto Nacional del Envejecimento estadouniense: "Sabemos ahora que los miocitos se dividen. El paso siguiente es encontrar la forma de activarlos en el laboratorio". Cuando esto ocurra, los pacientes infartados podrán recibir una inyección de sus propias células madre cultivadas en el laboratorio para que favorezcan la proliferación de los miocitos. No estamos ante una situación ficticia. Hoy por hoy, las células madre son las estrellas de la medicina. También conocidas como stem cells, éstas son capaces de transformarse en cualquiera de las 200 variedades que integran nuestro organismo. A finales de 1998, dos equipos de investigadores independientes obtuvieron casi simultáneamente, pero valiéndose de métodos distintos, las primeras stem cells humanas. Uno de ellos las aisló directamente del interior de un blastocisto, es decir, un joven embrión en fase anterior a su implantación en la mucosa uterina.
El otro extrajeron las células madre del tejido fetal de unas mujeres embarazadas. La virtud que tienen este tipo de células en transformarse en células nerviosas, musculares, hepáticas o sanguíneas les convierte en objeto de deseo de la medicina moderna. A estas transformistas se les atribuye el poder de recrear tejidos y órganos, aunque estén dañados o sean defectuosos. Las posibles aplicaciones terapéuticas saltan a la vista: el trasplante de células hepáticas para tratar la diabetes, la regeneración del tejido nervioso destruido por las enfermedades neurodegenerativas , como el Alzheimer y el Parkinson; la eliminación de determinados tipos de cáncer y la producción de tejidos y órganos completos. El corazón está en el objetivo de los científicos: en 1998, los investigadores reunidos en una conferencia en Toronto (Canadá) se marcaron el reto de fabricar en los próximos 10 años el primer corazón humano desde cero, a partir de un puñado de células. Los primeros pasos ya se han dado. El pasado mes de mayo, un equipo e investigadores de la Universidad de California en los Ángeles inyectó, durante una operación de by-pass, células madre del músculo esquelético en la zona dañada del corazón de un paciente que había sufrido un infarto.
No cabe duda de que la ciencia médica dispondrá, tarde o temprano, para fabricar tejidos y órganos de recambio a partir de células del propio paciente. En la actualidad, la alternativa está en el trasplante del órgano, con las limitaciones que esto supone.

© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899