CRóNICAS REALES
El "bando" de doña Elena
Por José Apezarena
La polémica sobre un eventual matrimonio del Príncipe con Eva Sannum va adquiriendo dimensiones de auténtico debate nacional, en el que todo el mundo, a todos los niveles, toma posición y, por supuesto, desea ser escuchado. Asistimos a una generalizada y democrática discusión que recorre el país, en los más variados foros populares, además de en los medios de comunicación. Se trata de un fenómeno algo inédito porque, si bien en otras ocasiones habíamos presenciado cosa semejante, nunca había alcanzado la generalización y globalidad que ofrece la actual coyuntura. Quizá se debe a que el personal percibe que podemos estar asistiendo a la etapa final, la irreversible.
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Con todo, si debatir es cosa sana porque —entre otras cosas— así puede conocerse la opinión de muchos, y los ecos alcanzarán sin duda al principal afectado e interesado (me refiero, claro, a Felipe de Borbón), que podrá tomar datos para su decisión, menos positivo me parecen algunas derivas que empiezan a apuntar. Hasta el punto de que pienso que la incertidumbre no debe continuar mucho más tiempo, no vaya a ser que acabemos en el despeñadero.
He escuchado a gente del pueblo, hablando por la radio, afirmar rotundamente que no veían en Eva Sannum las condiciones de una futura Reina, que no les saldría hacer una inclinación protocolaria ante ella, o a otros que no están dispuestos a pagar una peseta para la casa que se construye el Príncipe si en ella va a vivir la joven modelo noruega. Por no hablar de las referencias a las famosas fotos o a los desfiles en la pasarela. Y se ha empezado a escuchar eso de que, si el Príncipe no está dispuesto a ser consecuente con las exigencias —que no son pocas— de su condición, que opte por la renuncia. Sin faltar quien remarcaba que los Reyes son "empleados de todos nosotros". Insisto, voces del pueblo.
Pero lo que me ha preocupado más es un novedoso enfoque: está apareciendo el "bando" de doña Elena, es decir, quienes empiezan a lanzar la opción de la hija mayor de los Reyes para ceñir la Corona. Asunto descabellado, desde luego, pero nuevo e inquietante. Son consecuencias indeseables de un debate que debería terminar cuando antes. Porque —insisto— los asuntos en discusión podrían ir incluso a mayores.
Por cierto, y no hay anuncio inminente de compromiso. Tranquilidad.

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