El Gobierno se ha atrevido, por fin, a cambiar los aviones que el Rey y el Presidente del Gobierno utilizan en sus desplazamientos oficiales. Para sustituirlos, va a adquirir dos Airbus 310, eso sí, de segunda mano (lo cual me parece un tanto cutre, dicho sea de paso).
Los nuevos aparatos sucederán a dos vetustos Boeing 707, con casi cuarenta años de vida, tan obsoletos que algunos aeropuertos ya no los acogen y precisan un permiso especial para tomar tierra en ellos. Un aparato de este tipo “sacó” de Dallas a John F. Kennedy cuando fue asesinado, en 1963, porque era el avión presidencial de entonces. Y, como digo, han pasado casi cuarenta años. Por añadir una circunstancia más, en algunas reuniones de líderes internacionales (Jefes de Estado y de Gobierno) frecuentemente el avión peor era el que había transportado al representantes español. Lamentable.
El problema más importante de los dos viejos 707 es su escasa autonomía de vuelo, que no permite, por ejemplo, cruzar el Atlántico de un tirón y es preciso una escala. Con los Airbus 310 -aunque sean usados- tal inconveniente desaparecerá.
Los dos nuevos aviones tendrán que ser reformados y habilitados para su futuro cometido, el traslado de altas personalidades. Es decir, contará con dos habitaciones completas, servicios, una sala de reuniones, un despacho de trabajo, cocina… y, por supuesto, los más modernos sistemas de comunicaciones, que garanticen que ni el Rey ni el Jefe del Gobierno se quedan aislados en ningún momento. El sistema deberá incluir comunicaciones secretas.
La sustitución de los aviones oficiales estaba pendiente desde hace años. El primer Gobierno de José María Aznar se planteo cambiarlos, pero no se animó, quizá por temor a las críticas. Solamente ahora, cuando disfruta de una holgada mayoría parlamentaria, se ha atrevido a una jubilación que había que haberla afrontado hace una década.