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4 de Noviembre de 2000

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DRAGONES Y MAZMORRAS

Educación claudicante

Por Julia Escobar

Valentín García Yebra (no me canso de citarle) es autor de un luminoso ensayo titulado Claudicación en el uso de preposiciones . Creo que lo han vuelto a reeditar (o están a punto de hacerlo) para alivio y disfrute de los profesionales del lenguaje que deberían de apoyarse en él como el cojo en su bastón. Para quienes no hayan captado el juego de palabras implícito explicaré que “claudicar” quiere decir “cojear” (claudicare, en latín) y, por extensión, “fallar”. En el prólogo don Valentín explica que para el título se inspiró en el siguiente comentario de Azorín: “he observado que oradores y literatos claudican en el uso de las preposiciones”. Efectivamente, no se imaginaba el escritor de Monóvar cómo iba a empeorar esa incipiente cojera.
El descalabro ha sido tal que, desde la primera edición del libro (Gredos, 1988) se han producido nuevas claudicaciones que no sé si don Valentín recoge en la nueva. Por ejemplo, la moderna confusión entre la preposición “desde”, que implica tiempo y distancia (“desde mi casa” “desde que nací”) y la preposición “con”. Desasosiego produce a quien tenga un mínimo sentido lógico de la lengua oír cosas como “lo decimos desde la generosidad y la abnegación”, transformando ambas disposiciones morales en ignotas regiones del alma.

Este tipo de suplantación de funciones parece de difícil solución como ocurrió con la confusión entre “en” y “por”: “no tengo interés por la religión”, que sería lo lógico, se ha transformado ya de forma irreversible en “no tengo interés en la religión”. Este cambio en la estructura de la frase implica muchas cosas, entre otras, un cambio en la estructura mental. Sin duda quienes más lo notan son los que manejan el lenguaje como instrumento habitual. También es en quienes más se nota.

Pero la norma nunca es aleatoria sino que recoge el uso natural del lenguaje y no resulta demasiado fácil establecer ni el momento ni las razones por las que ha caído en desuso. Cuando asistimos o protagonizamos este proceso nos parece muy claro que en el origen están el desconocimiento y la ignorancia, aunque como señala muy bien don Valentín, “Está claro que lo que hoy consideramos norma puede no serlo mañana. Pero mientras se mantenga la norma, conviene observarla. El ideal de una lengua no son los cambios continuos; hasta que se establece la nueva norma, los cambios pueden dificultar la mutua comprensión de los hablantes”.

Por eso es tan importante la educación y por eso es tan terrible que el analfabetismo gane adeptos en los mismos centros donde se supone que debía ser corregido y erradicado. Aquí los que claudican son los profesores y los padres, como lo demuestra ampliamente el estudio realizado por Jesús Mesanza, profesor de lengua, doctor en Ciencias de la Educación e inspector del Ministerio de Educación, en el que se demuestra que los alumnos de ESO son incapaces de escribir 25 palabras sin cometer faltas de ortografía, siendo dos de cada tres faltas de acentuación. En total los alumnos de ESO de 1999 han cometido más errores que en 1989 los estudiantes de EGB. Y esto -nos aclara el autor del estudio- con palabras corrientes, de “andar por casa”, nada de cosas difíciles, por favor.

Pero si pavorosos son los datos, la conclusión del profesor Mesanza no es menos aterradora: si los alumnos cometen faltas es... ¡porque les enseñan las normas demasiado pronto!. Y no se pierdan sus recomendaciones: suprimir las diferencias diacríticas entre algunas palabras, como por ejemplo la que hay entre “mas”, conjunción adversativa equivalente a “pero” (bastaría con explicarles eso, digo yo, mas no, según Mesanza es demasiado complicado) y “más”, adverbio de cantidad. El doctor en Ciencias de la Educación propone que se acentúen siempre porque “seguro que así no se equivocan nunca porque el uso de “mas” como conjunción adversativa ha quedado completamente en desuso. Y tanto, sobre todo si a las susodichas criaturas sólo las preparan para leer tebeos.
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