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16 de Marzo de 2001

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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Dime con quién andas y te diré quién eres...

Por Carlos Semprún Maura

No hay manera, es algo parecido a una obsesión, siempre recuerdo que la película norteamericana Hellzapopin, en la que un personaje, para asustar a venerables señoras, se pone una careta horrenda, y las buenas señoras sonríen y hasta se ríen, y el tipo, desesperado, se quita la careta, y aparece como es, normal, ni muy guapo, ni muy feo y entonces las mismas señoras se ponen a aullar de pánico. Este gag, ya que así se define en la jerga cinematográfica mundial, es muy eficaz, y yo siempre le recuerdo pensando en el pasamontañas del subcomandante Marcos. Se lo va a quitar, o se lo habrá quitado cuando escribo estas líneas, y nadie aullará de espanto, más bien nos moriremos de risa. Claro que venerables señoras, como la viuda alegre Danielle Mitterand, o Vásquez Montalban, intentarán convencernos de que es guapísimo. No estoy en absoluto convencido de que la realidad supere la ficción, pero es evidente de que no es exactamente lo mismo.
Lo interesante, sociológicamente, en el sentido de entender nuestras sociedades globales, es que la triste aventura del Ejército Zapatista de Liberación, desde su comienzo, es una estafa, y una estafa anunciada, un espectáculo a la vez embustero y presentado como tal. Algo así como cuando en los circos se anuncia a gritos: “¡Venga a ver el enano más alto del mundo!”. Lo primero, en la impostura, es el nombre: Emiliano Zapata era un campesino que luchaba con otros campesinos por la tierra y a través de los acontecimientos revolucionarios de principios de siglo en México, llegó a encabezar un ejército guerrillero, como Pancho Villa, que era más bandolero, según lo que he leído. De todas formas, esta revolución mexicana, cuyas peripecias no voy a resumir (salvo para recordar que tanto Zapata como Villa fueron asesinados, el primero en 1919, el segundo en 1920), sin haber sido totalmente inútil, o negativa, no resolvió del todo el problema fundamental entonces, el de la tierra, y, a cambio, parió el PRI, que se convirtió en partido permanente y permanentemente corrupto y en el poder, hasta hace unos meses. Se juzgue como se juzgue la acción de Zapata (y confieso mi simpatía), la del subcomandante Marcos, el extraterrestre aterrizado en Chiapas, nada tiene que ver.

La segunda estafa, o espectáculo, es lo del “indigenismo”. He aquí un grupo de universitarios que se instala en Chiapas, zona ya trabajada por los curas adeptos de la “Teología de la liberación”, y que poco a poco van montando una guerrilla virtual, hasta que las cosas estallaron en San Cristóbal de las Casas, a principios de 1994. No se olvide que hubo muertos. No se olvide —existen las fotos— que los universitarios iban pertrechados con armas modernas, y los indios con... fusiles de madera. Desde ese momento, los salones de la gauche divine europea se entusiasmaron. A todos estos notarios e hijos de notario, les entusiasman las guerrillas en América Latina, las prefieren, sin comparación, a las barricadas en el Barrio Latino de París, o en otras ciudades europeas. Cuanto más lejos, mejor. Desde el principio, estos notarios y viudas de notarios, exaltaron las “presa poética” del subcomandante (los términos tan militares también son significativos), que sólo es una bazofia en la que se mezclan la teología de la liberación, las monsergas antiimperialistas a lo Che Guevara, residuos de marxismo-leninismo, y demagogia barata de sobremesa. Reconozco saber pocas cosas sobre la cuestión indígena en América Latina, algo he leído, y relacionado con Chiapas, recuerdo lo que escribían Octavio Paz y sus amigos en Vuelta, lo que aún recientemente ha escrito E. Krauze o Vargas Llosa, etc., y claro también he leído bastante de la delirante y abundante propaganda a favor del EZLN, y del bellísimo, genial, astuto y revolucionario subcomandante.

Sin embargo, tengo claras un par de cosas. Si los indígenas de Chiapas y de otras zonas en México y en otros países de América Latina, viven en situación de subdesarrollo, lo que todo el mundo admite y algunos critican, una de las soluciones, sería, a mi modo de ver, convertir esas zonas en “reservas” subvencionadas, dedicadas al culto de los antepasados, para satisfacer el masoquismo histórico y turístico de la progresía europea y yanqui. Liquidar el subdesarrollo en esas zonas, es darles acceso a la modernidad capitalista, un capitalismo popular, se entiende. Liquidar el subdesarrollo es también promover la electricidad y el ordenador (hoy, sólo Marcos y los suyos utilizan abundante internet y otras nuevas tecnologías), liquidar el subdesarrollo también pasa por la creación o ampliación de las escuelas, en donde uno imagina que se enseñaría biología, álgebra, como español e inglés, osea todas las materias necesarias en las sociedades modernas, y no sólo el culto de los antepasados. Evidentemente, esto eso no se puede hacer contra la voluntad de los habitantes de Chiapas y de otras regiones, mayoritariamente indias, sino con su participación activa y a su ritmo. Osea exactamente lo contrario de lo que hizo, no hace mucho, el progresista ejército castrosandinista en Nicaragua, masacrando a los Misquitos, para que alcanzaran así su “modernidad” revolucionaria, mediante el asesinato de masas. La depuración étnica. Y la progresía europea nada dijo de esa masacre, claro, puesto que los sandinistas eran de izquierdas.

Pero el indigenismo, para la guerrilla virtual “zapatista” es sólo una cortada propagandística, les importa un bledo el destino de los indios. Algo de esto se ha expresado durante su “marcha a México”, copia de la marcha fascista hacia Roma, con la diferencia de que ésta fue el primer paso de la dictadura de Mussolini, y la de Marcos, el entierro festivo del Ejército zapatista. Se les ha negado el derecho de hablar en nombre de todos los indios, ellos que ni siquiera lo son, y ahora están en un callejón sin salida; van a lograr discutir de lo que menos les interesa: la autonomía de las zonas indias. Pero atrapados por su propia propaganda, no pueden negarse a discutir con los verdaderos indios y las autoridades mexicanas, aquello de la autonomía, con el dilema antes expuesto: “reservas” subvencionadas, o lucha real contra el subdesarrollo. Lucha democrática, es de esperar.

Porque, pese a una búsqueda, en parte lograda en cuanto a engañar a tantos, de novedad, de originalidad, este “ejército zapatista” es de los más viejos que existe por esas tierras latinoamericanas, es la vieja cantilena de la “lucha armada antiimperialista”, para conquistar el poder, adaptada al goût du jour, el odio al neoliberalismo, careta que tantos ponen hoy al cochambroso anticapitalismo. Esto es lo más evidente en la logorrea demagógica del subcomandante. Como es evidente que la fecha de la sublevación en San Cristóbal de las Casas no coincidía por casualidad con al firma del tratado TLC entre México, Usa, y Canadá, que tiene y aún puede tener más efectos positivos para reducir la miseria escandalosa de tantos millones de mexicanos, indios o no. Todo esto está muy visto y ha producido muchos desastres y muchas dictaduras de izquierda” como de “derecha”. La peor de todas, siendo, evidentemente, la dictadura castrista. Yo no sé si Cuba ayuda directa o indirectamente al EZLN, es muy probable, como tampoco sea imposible que lo hicieran algunos sectores de la llamada izquierda del PRI, o incluso otros sectores, partidos o países latinoamericanos. Lo seguro es que se les ayuda —las armas cuestan caro— y que su acción entronca con ese movimiento antiimperialista de marras, que ha sufrido bastantes derrotas, pero que aún subsiste. Es posible que me equivoque y que sobrevalore la habilidad del presidente Fox, pero por ahora, me parece que ha logrado desmontar buena parte del mito “zapatista”, obligándoles a abandonar sus armas y a sentarse a discutir, como con cualquier movimiento ciudadano o sindicato de ferroviarios.

Y no será el french-cancan de los famosos en México, los viejos y nuevos profesionales del espectáculo antiyanqui, con el payaso José Bové, la viuda alegre, Saramago, el Nobel, que va repitiendo que el enemigo principal, hoy, es la Inquisición católica de hace 5 siglos, y los demás minifalderos de abundantes tripas, los que lograrán dar sangre nueva a este cadáver. La heroína será peligrosa, pero esta farsa ni siquiera es metadona. Finita la comedia
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