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1 de Diciembre de 2000

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CRóNICAS COSMOPOLITAS

Diálogo de sordos

Por Carlos Semprún Maura

Yo no sé si todos los catalanes caben en un hotel chino, pero estoy seguro de que los chinos no caben en un hotel catalán. Esta adaptación del chiste sólo sirve para relativizar las cosas. Las minorías, por diminutas que sean en relación con el mundo ancho y ajeno, tienen derecho absoluto a existir y expresarse pero no a tomarse por mayorías y a intentar imponer, como sea, sus opiniones minoritarias.
Gemma Nierga tiene evidente derecho a expresar libremente sus opiniones -y si no son las suyas, sino que ejerció de “voz de su amo”, allá ella con su conciencia y su integridad profesional-. Admitamos que piensa lo que dijo y que con audacia aprovechó la ocasión para decirlo; la libertad de expresión vale para ella como para mi cuando afirmo que ha dicho chorradas, demagógicas chorradas, tristes chorradas, ya que se aprovechó de un asesinato para proclamarlas. Pero cuando habla en lugar del muerto, cuando afirma: “Estoy convencida de que Ernest (Lluch) hasta con la persona que lo mató, hubiera intentado dialogar ...” ¿usted qué sabe? ¿Quién le ha dado el derecho a hablar en lugar de Lluch asesinado? Me imagino que no será adepta de aquellos círculos de espiritistas, que proliferaron el siglo pasado y hasta bien entrado éste, y que hacían hablar a los difuntos en torno a mesas bailarinas. No es serio.

El asesinato de Ernest Lluch tiene su específico peso político y su entierro tuvo, hay que decirlo, aspectos indecentes. Todos habrán visto, está de moda, esas emisiones de televisión sobre animales voluntariamente crueles en donde a menudo se ven a hienas disputarse el cadáver. Algo parecido ocurrió en Barcelona. Según lo que he leído en la prensa, Lluch formaba parte de esos nacionalistas catalanes del PSC favorables al entendimiento, sobre bases nacionalistas, con el PNV, pero contrario al terrorismo etarra. ETA le asesinó, como a otros, quienes defendían mas o menos las mismas opiniones.

Valdría la pena preguntarse por qué ETA mata también a quienes defiende lo que en la jerga periodística se califica de “nacionalismo moderado”. Desde luego, nacionalismo moderado no existe en el País Vasco, ni en el PNV, ni en EA, ni claro, en EH. Casi todos sus dirigentes actuales mantienen como línea política la condena de los asesinatos y la exaltación de los asesinos y, por supuesto, defienden el “diálogo” con ETA. Además o sobre todo, sus objetivos declarados son los mismos que los de ETA, y no se trata sólo de la independencia de las tres provincias, sino de la anexión, contra la voluntad expresa de sus ciudadanos, de otros territorios, Navarra y un trozo de Francia, por ejemplo. Y de la transformación de los españoles (¿según qué criterios?) en ciudadanos de tercera clase. Yo no veo moderación por ninguna parte en estos proyectos ultranacionalistas y no hablemos del Rh negativo, tan preciado por Arzalluz, manifestación de un racismo arcaico y pueblerino.

Esto del diálogo se parece mucho a las muñecas rusas: se van sacando cabezas y de diálogo a diálogo tal y como lo entienden en el PNV, como en CIU, el PSC y otros socialistas como el propio González, tan dialogante con los GAL, se llega a ETA, y como ETA no dialoga más con Sabino Arana, Fidel Castro y Gadafi, lo que en definitiva se pretende es que para “lograr la paz” el Gobierno ceda ante el terrorismo, que se raje. De rodillas o el tiro en la nuca, este es el diálogo filosófico de los etarras. El terrorismo que ejercen hoy en mucha regiones y aldeas del País Vasco es el espejo de la dictadura sangrienta, tan integrista como policial, que impondrían si vencieran en su patria tan querida, tanto más querida cuanto más sometida a sus delirios. Pero no vencerán, seguirán matando, pero no vencerán.

El nacionalismo catalán es diferente. Sin entrar en detalles diré sencillamente diferente porque no utilizan el terrorismo, ni pretenden seriamente anexionar Perpiñan (y si lo hicieran, se morirían de risa los perpiñaneses). Pero, pese a la absurda guerra lingüística, reflejo de un complejo de inferioridad, y a su utilización sucia del terrorismo etarra para atacar al Gobierno y a Aznar, como acaba de ocurrir, la lucha política e ideológica se desarrolla por otros causas más democráticos que en el País Vasco. Casi podría hablarse de nacionalismo moderado en Cataluña. Evidentemente, como se vio antes del asesinato de Lluch y de la indecencia de los intentos de utilización partidaria de su muerte, se ven claramente los proyectos de creación de un frente común contra el Gobierno, Aznar y el PP, considerados como el enemigo principal.

Una de la maniobras, que por muy monstruosa que sea tiene cierto éxito, es la de culpabilizar al máximo al Gobierno, llegando a la infamia de acusarle de ser el responsable de los crímenes de ETA. No se atreven a gritar: ¡Viva ETA porque fastidia al Gobierno! Pero grita: ¡Muera Aznar, porque objetivamente, favorece al terrorismo! Me llega incluso a sugerir que la solución sería fácil, que bastaría con que Aznar telefoneara a Otegui para declarar: “De acuerdo, dile a tus jefes que acepto todo lo que quieran...” Lo siento, pero yo he oído sandeces semejantes. Ocurre que los españoles, incluyendo a los vascos, no quieren someterse a la dictadura sangrienta (ni a la “sangre pura”) de los terroristas etarras. Y el Gobierno, hasta que no sea derrotado en futuras elecciones, representa a la mayoría absoluta de los españoles y no puede ceder ante una banda de asesinos. No voy a repetir lo que ya ha dicho el Gobierno sobre la existencia de un diálogo, conocido es de todos, pero de lo que se trata no es de dialogar, se juega con otras palabras, lo que buscan los nacionalistas ni siquiera es un acuerdo, otro pacto, buscan una rendición. Y eso, ni hablar. Por ello son tan importantes las manifestaciones ciudadanas, el Foro de Ermua, el movimiento ¡Basta Ya!, la batalla demócrata en la calle, en la prensa, en los municipios, en todas partes. Por ello son tan imprescindibles las próximas elecciones vascas -y cuanto antes mejor- en las que el voto de anónimos, de los humildes, de los que nunca tiene ocasión de hablar, cuenta tanto como el de Arzalluz, Otegui, y demás jerifaltes nacionalistas inmoderados. Este aspecto tan fundamental de la democracia representativa no se resalta suficientemente.

Una nueva mayoría en el Parlamento y Gobierno vascos -buena ocasión no de charlar sino de negociar lo mejor a favor de los vascos y la libertad- podría además cambiar muchas cosas y por ahora voy a referirme sólo a una: la policía autónoma vasca. Dependiendo del actual Gobierno, dominado por el PNV, se constata desde hace años, y se confirma cada día, que la policía vasca no ha impedido un solo atentado ni detenido a un terrorista. A veces incluso apalea a los que se manifiestan por la paz y protege a los pro-etarras. Últimamente se han llevado a cabo algunas detenciones de etarras, ya era hora, y hasta se ha podido evitar un nuevo crimen en Pamplona, pero estas acciones las ha llevado a cabo la Policía Nacional y no la vasca. ¿Se dan cuenta de lo que podría, y digo bien podría, cambiar si la policía vasca a las ordenes de un Gobierno menos nacionalista y más democrático, actuara realmente en defensa de las libertades y en la protección de los ciudadanos contra el terrorismo?

Para terminar, citaré dos frases de Fernando Savater en uno de sus recientes artículos como testimonio de solidaridad: “Los actuales terroristas de ETA son los asesinos natos de Tarantino, tocados con la txapela de Sabino Arena y el pasamontañas del comandante Marcos, el totalitarismo postmoderno”. Y: “Hay que ir a por ETA, a por los servicios auxiliares de ETA, a por los legitimadores castrenses de ETA. Quien en este país crea en la democracia ya sabe cuál es su bando, sin equidistancias.” (“El País” 24-11) Totalmente de acuerdo.
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