Una de las mejores lecciones nos la da el período de la “Prohibición” en Estados Unidos (1920-1933), cuando se prohibió el consumo del licor, una política que tuvo que ser abandonada por su estruendoso fracaso. Comenta Marx Thornton, profesor de Economía de la Universidad de Auburn que “aunque el consumo de alcohol cayó al comienzo de la Prohibición, luego aumentó. Se volvió más peligroso consumir alcohol; aumentó el crimen y se “organizó”, el sistema judicial y carcelario resultó abrumado y la corrupción era moneda corriente. No mejoró la asistencia al trabajo ni hubo ganancias de productividad. La Prohibición removió una fuente de recaudación de impuestos e incrementó el gasto gubernamental. Llevó a que muchos tomadores trasladaran su consumo al opio, la marihuana, cocaína y otras substancias peligrosas que no hubieran utilizado en ausencia de la prohibición” (“Alcohol Prohibition was a Failure”, Cato Institute).
Consecuencias parecidas vemos en la Argentina por motivo de la regulación y los impuestos a ciertos productos. Siendo que una prohibición puede ser interpretada como un impuesto infinito, algo similar sucede en nuestro caso cuando tasas impositivas muy elevadas generan efectos similares. Algunos ejemplos:
- Con un impuesto de 72,7%, el cigarrillo es uno de los productos más castigados. Entonces, no es de extrañar que el contrabando haya llegado a cubrir hasta el 18% del mercado. No sólo eso, entre 1999 y 2000 el consumo bajó 7,6%, al mismo tiempo el contrabando aumentó 38,9%. La frontera con Paraguay, país donde el impuesto es de solamente 14% se parece a la frontera entre México y Estados Unidos que la película muestra: cada tanto detectan algún cargamento, pero la sensación es que se trata de tapar el sol con un dedo.
- Algo similar sucede con la nafta súper en Patagonia, donde se estima que 19,5% de estas ventas de gasolina son ilegales.
- Los costos que imponen las elevadas cargas de aportes y contribuciones sobre los salarios dan como resultado que el sistema previsional de capitalización logró en el año 2000 el aporte de apenas 39% del total estimado. En el sistema estatal de reparto logró sólo el 43,5% de los aportes. Según el secretario de Seguridad Social, la evasión al sistema de jubilaciones y pensiones alcanza 49%.
Estos son viejos problemas en la Argentina y sucesivos gobiernos han propuesto todo tipo de remedios, desde las educativas hasta las amenazas, el aumento de las penas de prisión, etc., sin notarse mejora alguna.
En la China aplican una política contra el contrabando llamada “Qianxian”. Yang Qianxian era el director de la Aduana de Xiamen y fue condenado a muerte por aceptar sobornos que permitían al grupo de Lai Chanxing introducir productos tan inofensivos como aceite vegetal, autos y cigarrillos por unos 6.400 millones de dólares, evadiendo el pago de aranceles de importación por unos 3.600 millones de dólares. Los aranceles aplicables son de alrededor de 50%. Qianxian fue acusado de aceptar sobornos por unos 175.000 dólares y de mantener una amante con la asistencia financiera de Lai. Otros 14 contrabandistas fueron también condenados a muerte. El problema es que a cada rato hay nuevos acusados y ni siquiera la amenaza de muerte es capaz de detenerlos. ¿Existe alguna alternativa?
Sí y es mucho más sencilla y razonable, no pone en juego la vida de nadie, no estimula la corrupción, no requiere dedicar enormes esfuerzos a controles imposibles y se trata de eliminar el gran incentivo para evadir o contrabandear. Impuestos más bajos reducen el premio y la tentación de asumir los riesgos del contrabando, por lo que resulta mucho más eficiente que aumentar las penas, como el caso chino nos muestra. En la Argentina ya se han probado todos los tipos de control posibles, ¿porqué no darle una oportunidad a la desregulación?, ¿o acaso queremos ir a la “tortura china”?
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AIPEMartín Krause es corresponsal de la agencia de prensa AIPE.