Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
29 de Junio de 2001

En portada

Suddenly last summerPor Rafael Escalada
Pepinos biológicosPor Jorge Alcalde
Batman: El largo HalloweenPor David Jiménez Torres
Ford Mondeo Wagon 2.0 TDdi GhiaPor Enrique González
De Reina a ReinaPor José Apezarena
La isla de StevensonPor Rubén Loza Aguerrebere
Puñetazos en la DumaPor José Ignacio del Castillo
Para no perderse con tanto discoPor Carlos de Matesanz
Turismo, sexo e infeccionesPor Enrique Coperías
Julio Iglesias, la gran estrellaPor Carlos Pérez Gimeno
¿Por qué fracasan?Por Manuel F. Ayau Cordón
Los trostquistas y yoPor Carlos Semprún Maura
BMW presenta la nueva Serie 7Por Enrique González
Un impuesto único para AlemaniaPor Ingolf Günter Krumm
Alberto en el CARSPor Pablo Jimenez
Vuela, vuela, GagarinPor Alicia Delibes
Ética y prostituciónPor Francisco Capella
Los manifestantes ignoran la realidadPor Johan Norberg y Roger Bate
De actores y sobre actoresPor Andrés Arconada
Cuando aprieta la calóPor Ignacio Montes
Ambiente y medioPor Alberto Carrasquilla
Semana del 23 al 29 de junioPor I. González y Rosana Laviada
Don Miguel y el segundo principioPor Antonio López Campillo
Leyes anticuadasPor Bruce Bartlett
Resulta más caro ser pobre que ricoPor Ricardo Medina Macías

Suplementos

Buscador

Google
Palabra (s)

BASURA SELECTA

Dejad que los niños (y los leones) se acerquen a mi

Por Lucas Soler

Hace unas semanas, Ángel Cristo inició una huelga de hambre ante la puerta de la Dirección General de Agricultura de la Comunidad de Madrid, con el fin de recuperar los cinco leones que las autoridades autonómicas madrileñas le habían confiscado hace un año por no atenderlos de forma adecuada. Las fotografías del antiguo esposo de Bárbara Rey, sentado en una silla plegable y achicharrándose al sol del mes de junio, son muy tristes. También lo es la gran pancarta de tela en la que el domador ha escrito con vacilantes letras de spray negro y escasa corrección estilística: “Estoy en huelga de hambre para que me de vuelvan (sic) los leones y mi circo para trabajar”. Con hábil sentido táctico, el popular domador ha querido imitar el torpe estilo literario de las reclamaciones de un minero en paro o de las llamadas de auxilio de un mendigo callejero, para despertar los sentimientos más piadosos de los viandantes y los lectores de prensa rosa.
El espectáculo circense (nunca mejor dicho) que ha montado Ángel Cristo puede tener eficacia publicitaria, pero no deja de ser patético. Ignoro quién le puede haber recomendado salir a la calle a exhibir en público sus desgracias, pero sospecho que bien podría ser Emilio Rodríguez Menéndez, que está defendiendo al domador en su litigio contra la Comunidad de Madrid. En vez de buscarse un abogado discretito, Ángel Cristo ha caído en la tentación de recurrir a un experto en casos escabrosos y sensacionalistas. Agotado el culebrón jurídico del divorcio de Antonio David Flores, Rodríguez Menéndez se ha prestado a ayudar al domador en paro para seguir ocupando portadas de revistas y minutaje en los programas de cotilleos. Como una hiena, ha buscado la carroña que le proporcionan los famélicos leones de Cristo.

La desesperada situación del domador no acaba con el conflicto de los leones mal alimentados. Junto a las fotos de su protesta callejera, las revistas del corazón publican unas terribles imágenes suyas en una silla de ruedas, con la cara magullada y el gesto abatido, durante su estancia en el servicio de urgencias de un hospital madrileño. El desahuciado empresario circense declaró luego que unos malandrines le dieron una paliza después de intentar robarle. Debemos dar crédito a sus palabras aunque nos asalten las dudas, si nos atenemos a la vida de excesos e incontinencias que ha llevado Cristo en los últimos años. Su lista de accidentes y altercados públicos es interminable. En vez de comportarse como un ángel, el domador está empeñado en revivir la pasión de Cristo. En este último episodio de su peculiar martirio, ha quedado hecho un “Ecce Homo”, como se puede comprobar en las fotografías de su vía crucis por urgencias.

Tan angustiosa situación no ha conmovido a su antigua esposa, que está harta de las continuas tragedias del padre de sus hijos, siempre convertidas en escándalos, truculentos reportajes en las revistas y psicodramas televisivos. No es, sin embargo, el principal motivo de enojo. En las últimas semanas, Bárbara Rey está de los nervios con las reiteradas quejas en público de su ex-marido, que dice sentirse sólo, traicionado por su antigua mujer y abandonado por sus propios hijos. Hace unos meses, los hijos de Cristo Rey se enfrentaron a su padre por una serie de descalificaciones del domador contra su ex mujer. La hija (Olivia) llamó por teléfono en directo a la jaula circense de “Crónicas Marcianas” para pelearse con su padre y hacer pública una cinta en la que su progenitor amenazaba e insultaba a Bárbara Rey. Naturalmente, Javier Sardá tuvo que ejercer de domador para apaciguar los ánimos. Días más tarde, el primogénito (Ángel Junior) publicaba una dura carta al padre en la que afeaba su conducta y defendía a su madre.

Veinte años después de su matrimonio, Ángel Cristo y Bárbara Rey viven situaciones muy distintas. Arruinado y hundido sicológicamente, el domador es una sombra del pasado que no encuentra salida a sus numerosos problemas. Según su ex mujer, es un hombre enfermo “que no se ha curado porque no ha querido”. De esta declaración, el lector podrá intuir de la naturaleza de la enfermedad. Por su parte, Bárbara Rey vive una segunda juventud (la cirugía estética hace milagros) y presenta un simpático programa de cocina en el canal autonómico valenciano. En estos momentos, lo único que la desquicia es ver a Cristo en su agonía.
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899