CRóNICAS COSMOPOLITAS
De la importancia de ser cartero...
Por Carlos Semprún Maura
Me parece normal que se celebren estos 25 años de democracia, periodo totalmente inédito en la Historia de España, y que sería modélico sin el cáncer de ETA y su guerra sucia. En esta prácticamente unánime celebración yo he notado sin embargo, algún ripio. Leyendo por ejemplo, en El País del 18 de noviembre, la charla entre Javier Tusell, Javier Pradera y Antonio Cazorla (¿será familia de José Cazorla, el juvenil dirigente comunista fusilado?) sobre la dictadura, se me cayó el alma a los pies.
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¿Cómo es posible alardear de tanta estupidez? De entrada, y no son los únicos ni los primeros, afirman, negando la evidencia, que la dictadura franquista fue la peor, la más represiva de las dictaduras de este siglo, ni la Alemania nazi, ni la URSS, ni las “Democracias Populares”, ni la Italia fascista etc, pueden compararse con lo que fue la represión franquista. Javier Tusell, conocido campeón mundial de bobería, dice por ejemplo: “Claro, yo no sé las cifras de Rusia después de la Revolución de Octubre, pero en Europa, en toda Europa, no sólo en Europa occidental, no hay absolutamente nada parecido". A la represión franquista, claro.
Pues que el historiador Tusell haga un esfuerzo inaudito para él de ponerse a leer, ya sería hora. Podría leer “El libro negro del comunismo”, “El Archipiélago del Gulag” de Soljénitsyn, "Terror bajo Lenin”, de J. Baynac y A. Skirda, y cien libros más. Pues no, prefiere comparar la represión franquista con le guerra en Finlandia, sin precisar de qué guerra se trata. ¿No será más bien la invasión de Finlandia por la URSS? En realidad hubo dos, en 1918 y en 1939.
Sin que venga a cuento, Tusell salta de Finlandia a Alsacia-Lorena, en donde, nos dice, un 10 por ciento de los carteros fueron “purgados” tras la ocupación nazi. Por colaboracionistas, me imagino, pero no lo dice. Nadie niega la importancia de ser cartero, aunque se trata de una especie en vías de desaparición, no por motivos políticos, sino debido al fax y al e-mail, pero ¿qué tiene que ver con la represión franquista? Cazorla no dice nada.
Javier Pradera se presenta como no historiador. Se nota. Pero no hace falta ser historiador (reconocido por las Academias, criterio imprescindible, según Tusell) para saber que a principios de la II Guerra Mundial la situación de Francia e Italia no era la misma, pese a lo que él afirma: “...en la Segunda Guerra Mundial el dato fundamental era la ocupación alemana de esos países, es decir, que no era tanto una separación de franceses contra franceses, o de italianos contra italianos, como una actitud de un país derrotado frente al invasor, frente al ocupante”. ¡Tantos años escuchando los cursos magistrales de Fernando Claudín, Federico Sánchez y Felipe González, para afirmar tales sandeces!
En 1939, don Javier, la Italia fascista se lanza a la guerra junto a la Alemania nazi y es sólo en julio de 1943 cuando los aliados desembarcan en Sicilia y el rey Víctor Emanuel III detiene a Mussolini y le sustituye por Baoglio. Mussolini será liberado de su confinamiento por el coronel SS, Skorzeny, y creará la República de Saló, totalmente sometida a los nazis. La situación de Francia nada tiene que ver: declarando, junto a Gran Bretaña, la guerra a la Alemania nazi en septiembre de 1939 debido a la invasión conjunta con la URSS de Polonia y rápidamente derrotada, sin apenas combatir, en junio de 1940. Francia fue entonces ocupada por los nazis hasta 1944. Resulta engorroso tener que recordar tales evidencias. Cazorla no dice nada.
Pradera, en esta conversación de puertas, no de tierra sino de barro, dice algo que me parece sintomático. Se declara orgulloso de haber militado y haber sido encarcelado en las filas de la oposición, sin precisar que se trataba del PCE. ¿Por qué?, pero añade: “... lo que es evidente es que los valores que animaban a buena parte de la oposición española en los años cincuenta y sesenta no eran los valores de la democracia representativa constitucional que en este momento defendemos con absoluta sinceridad”. Será sinceridad o despiste, el caso es que reconoce implícitamente que el PCE clandestino no luchaba por la democracia sino a favor de una dictadura mil veces peor, la dictadura del proletariado, que siempre ha sido la dictadura de un partido, incluso si por los años a los que alude se hubiera disfrazado de “Democracia Popular”. Sin el menor atisbo de éxito, dicho sea de paso. Pero ¿por qué se siente tan orgulloso si él mismo reconoce los siniestros objetivos de su militancia? Cazorla no dice nada.
Javier Tusell hace, como de costumbre, el ridículo, faroleando de que fue un estudiante antifranquista y de que eran muy pocos por los años sesenta (yo conocí a más en 1954/56) y para demostrar su intensa actividad nos cuenta que leía los panfletos que le traía Gregorio Peces-Barba. Me imagino que los inspectores de la Brigada político-social leían los mismos, no por los mismos motivos, es de suponer. Cazorla no dice nada.
Pradera es otra cosa, su larga militancia es conocida, pero como él mismo reconoce, no militó a favor de la democracia. Además, su posterior compromiso con la dictadura castrista tampoco constituye un modelo de lucha por la democracia. Yo le conocí en la clandestinidad madrileña en aquellos lejanos años de 1954/56. Con el detalle de que yo, que era un asalariado del PCE (“liberado” se atreven a decir los asesinos de ETA), al darme cuenta con muchísimo retraso en 1956, en Madrid, de que con la máscara de antifranquismo era un soldado del totalitarismo comunista, con un gulag interior y su agresión imperialista contra Hungría, el cual era peor que el franquismo, me largué del PCE. Pero no de la militancia antifranquista, FLP, AC, y lo que te rondaré, morena. Ya que toca el clarín de las confesiones, diré que no por abandonar el totalitarismo abandoné de inmediato mis ilusiones gauchistas (de izquierda en francés, y de gaucho en argentino).
Ya que les gusta a Santiago Carrillo, y a tantos ex, pos y neo comunistas, afirmar que durante el franquismo los únicos que luchaban eran ellos, puedo, podemos, afirmar que es mentira. Lo que ocurre es que el PCE tenía respaldo y subvenciones de una docena de países y de unos cien partidos, era mucho más rico. Si de algo me siento, no orgulloso, pero sí satisfecho, es que jamás he intentado rentabilizar mi actividad antifranquista para obtener algún cargo, prebenda, condecoración, subvención o enchufe. No es que haya fracasado en mis intentos, es que jamás lo he intentado. Pero basta ya de ínfulas de ex combatientes. Cazorla no dice nada.
En cuanto a esta celebración (ensangrentada con un nuevo asesinato de ETA), que me parece normal, repito, yo sin embargo noto una ausencia en el recuento de los protagonistas de la transición democrática, la gran ausente de casi siempre, la sociedad civil, porque España dejó de ser franquista mucho antes de que muriera Franco. Eso era evidente con nuevas generaciones que nunca lo fueron. ¿Cuántos jóvenes eran franquistas en 1970, pongamos? Pero en las universidades, en las empresas, incluyendo a muchos empresarios, en el propio seno de las instituciones del régimen, cada vez más escuálidas, el espíritu de la Cruzada, los principios del Movimiento, etc, se iban tirando poco a poco a la basura. La iglesia, el Ejército, durante años señalados como los puntales del régimen, también habían evolucionado. Cierto que por todas partes zumbaban ideas estrafalarias: maoístas, trotsquistas, guevaristas, etc, pero no eran ideas del régimen. También es cierto que el franquismo no ha inventado nada, ha utilizado las viejas ideas carcas, antiliberales, del integrismo clerical y del conservadurismo a ultranza y las ha embadurnado mal con barnices mussolinianos y semi nazis (la conspiración judeo-masónica, etc). El franquismo fue una dictadura, hortera, además.
Para concluir con la charla de nuestros ilustres payasos (pero Cazorla no dice nada) se les nota que no saben explicar cómo la dictadura más represiva de la historia se convierte en lo que califican de “segundo franquismo”: menos represión, menos censura y un despegue económico español que comienza cuando, durante el apodado “gobierno de los López” (Rodó, Bravo), se rompe resueltamente con la autarquía y el corporativismo francofalangista para abrirse al capital extranjero. Desarrollen ustedes este pensamiento que conduce a la mundialización. Detalle jocoso: de esto habló el ultra izquierdista antitotalitario Cornelius Castoriadis quien, lo cortés no quita lo valiente, fue economista de la OCDE, y asistió a las reuniones de esta entidad con los enviados del Gobierno español por aquellas fechas. “Han realizado casi todo lo que hemos aconsejado”, me dijo.
Cazorla no dice nada, sólo se le nota una implícita nostalgia de venganza.