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2 de Febrero de 2001

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MEDICINA Y SALUD

De la cloaca para el hombre

Por Enrique Coperías

Desde siempre, hombres y bacterias han librado una batalla sin cuartel. El vencedor de la contienda no se conoce, aunque los microbiólogos no dudan de que los humanos saldremos al final victoriosos. Contamos con un arma poderosa: la inteligencia, dicen los más optimistas. Pensado como auténticos estrategas, los científicos saben que la única manera de doblegar al enemigo es conocerle a fondo, desvelar sus más íntimos secretos y hallar sus puntos flacos, para dirigir contra ellos toda la artillería pesada. Las bacterias, al igual que el resto de los seres vivos, guardan toda esta información en su material genético, es decir, la molécula de ADN.
Gracias a los avances en genética que se han producido durante el siglo pasado, los científicos se han lanzado a la lectura masiva de los genomas de los principales agentes infecciosos. Hoy por hoy, los microbiólogos ya tienen sobre la mesa desplegados los planos genéticos de un número cada vez mayor de microbios, como son, entre otros, los genomas completos de bacterias Escherichia coli, que causa gastroenteritis; Mycobacterium tuberculosis, agente responsable de la tuberculosis; Treponema pallidum, que provoca el tifus; Haemophilus influenzae, el causante más frecuente de meningitis; y Mycoplasma genitalium, responsable de infecciones de transmisión sexual.

El último ADN bacteriano que ha sido descifrado es el de una cepa especial de Escherichia coli. El póster de su desnudez genética acaba de aparecer publicado en las páginas centrales de la revista Nature. Nos referimos a la variante de la E. coli que se conoce como O157:H7. Generalmente, los humanos y la E. coli viven una tregua que dura desde hace tiempo. Esta bacteria habita en nuestros intestinos junto con el resto de la flora intestinal, por lo que a priori resulta beneficiosa para nuestra salud.

Ahora bien, existen cepas descarriadas de este microbio que resultan perjudiciales. Una de las más peligrosas es precisamente la cepa O157:H7. Ésta fue por primera vez relacionada con una enfermedad humana en 1983, cuando se demostró que había causado el año anterior dos brotes de gastroenteritis alimentarias en Estados Unidos. Desde entonces, la O157:H7 se ha cobrado miles de vidas dentro y fuera de este país. En la actualidad, este germen se halla entre los patógenos emergentes más vigilados por las autoridades sanitarias a nivel mundial.
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