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INVENTOS INFORMáTICOS

Cyborgs o mejor calidad de vida

Por 141

Recientemente se ha celebrado en Washington la 4ª Conferencia de la ACM (Asociación norteamericana de profesionales relacionados con aplicaciones informáticas) sobre Tecnología de la Rehabilitación (ASSETS 2000). De entre los avances presentados destacan dos trabajos que describen investigaciones sobre interfaces cerebro-ordenador.
Los interfaces cerebro-ordenador abren un inmenso campo de investigación con numerosas implicaciones éticas. Estos escenarios, descritos por numerosos autores de ciencia-ficción, no están tan lejanos como parece. El campo no se limita a aplicaciones para personas con discapacidad, sino que se entiende a todo el mundo. Esta “extensión” a todos los ciudadanos de una investigación destinada a personas con discapacidad no es la primera vez que ocurre en la historia.

A principios del siglo XIX un joven inventor italiano llamado Pelligrino Turri, enamorado de la condesa da Fivizzono, ciega, inventó una rudimentaria máquina de escribir con caracteres en relieve que le permitieran a su amada escribir sus cartas de amor. Alexander Graham Bell comenzó a experimentar a finales del mismo siglo con la posibilidad de mejorar la comunicación con su amante, sorda. Sus trabajos le condujeron a pensar que era posible variar la intensidad de una corriente eléctrica en respuesta a la voz. El resto es historia. El transistor, tan presente en nuestras vidas actualmente, fue desarrollado a mediados de siglo por Western Digital para los audífonos. Sin embargo, dos ingenieros japoneses fueron capaces de prever un futuro más brillante para los transistores, licenciaron la tecnología de Western Digital y crearon Sony Corp. La lista podría continuar indefinidamente con ejemplos como los jacuzzis o los discos de vinilo.

Los trabajos presentados distan en espectacularidad y fascinación de los imaginados por los autores de ciencia-ficción, pero muestran los primeros pasos de un campo que va a ofrecer resultados sorprendentes en los próximos años.

El primer resultado corresponde a unos investigadores canadienses de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver y de la Fundación Neil Squire. Estos investigadores centran sus trabajos en desarrollar un interfaz que permita a personas con discapacidades motoras severas, tales como lesionados medulares o personas con discapacidades neuromusculares, realizar tareas esporádicas en el hogar: bajar y subir el volumen de la televisión o del equipo musical, cambiar de canal o de emisora, descolgar el teléfono, etc., mediante flexiones “imaginadas” de sus dedos. Sus estudios se basan en mediciones de baja frecuencia con una serie de electrodos situados en la zona motora del cerebro. Estos mismos investigadores ya realizaron un mapa de potenciales eléctricos en el cerebro para individuos “sanos” cuando realizan físicamente este tipo de flexiones, y cuando las “imaginan”.

A partir de este mapa, crearon un interruptor que pudiese ser activado por personas con discapacidades motoras severas a través de esos mismos potenciales. Los resultados son prometedores, ya que las tasas de reconocimiento para “movimientos voluntarios” superan el 40 por ciento, mientras que las tasas de activación por “movimientos involuntarios” (es decir, activaciones no deseadas del interruptor) no llegan al 1 por ciento. Todos estos resultados, además, se obtuvieron sin ninguna adaptación especial al propio usuario, por lo que es de esperar en un futuro próximo resultados aún mejores.

El segundo trabajo corresponde a dos investigadores de la Universidad de Georgia State y de la empresa Neural Signals, Inc. Los resultados son más prometedores que en el caso anterior, aunque en este caso es necesario implantar un electrodo en el cerebro del paciente. Los sujetos del experimento en este caso son personas con sus capacidades mentales intactas pero que no pueden realizar casi ningún movimiento en su cuerpo. Su comunicación con el mundo exterior se limita a movimientos de cejas o a parpadeos.

La tecnología utilizada requiere la implantación de un electrodo en la zona motora del cerebro. El electrodo es tratado con un elemento neurotrófico de forma que permite al cerebro que crezcan células a su alrededor para que el electrodo tenga una posición estable. El electrodo se conecta a un amplificador y a un transmisor de FM en el cráneo que capturan las señales neuronales. El sistema utiliza un método de inducción para las baterías, de forma que no existen cables “saliendo de la cabeza” del paciente.

“Imaginando” movimientos de la mano izquierda, el paciente es capaz de mover el cursor en la pantalla del ordenador, permitiéndole controlar, mediante un interfaz desarrollado ad-hoc, un “teclado virtual” en la pantalla del ordenador que escribe textos en un procesador de textos. Curiosamente, tras el entrenamiento, el paciente reconoció que no necesitaba “imaginar” el movimiento de la mano, sino que le bastaba con “imaginar” el movimiento del cursor, lo que induce a pensar a los investigadores que podemos desarrollar en nuestro cortex cerebral una actividad neuronal para activar electrodos implantados en él. Aunque las tasas de escritura son muy lentas (3 palabras por minuto, que se incrementan a 10 con sistemas de predicción de palabras), la tecnología es prometedora.

Después de revisar estos trabajos, hasta parecen anticuadas las películas de Star Trek en las que los personajes se comunican verbalmente con la computadora de a bordo. Después de todo ... nos pueden leer el pensamiento.

Referencias: Assets 2000
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