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22 de Junio de 2001

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Cómo mentir diciendo la verdad

Por Antonio López Campillo

El caso del uranio empobrecido: En marzo último un informe de las Naciones Unidas declaraba que la presencia del U 236 en las municiones utilizadas en Kosovo no era suficiente para presentar un peligro de irradiación. Y es verdad. Este informe era tranquilizador y mostraba, científicamente, que los casos de enfermedades producidas por radiaciones de algunos de los soldados presentes en Kosovo no podía atribuirse a la presencia del U236. Lo que no es verdad.
La unidad de investigación sobre las radiaciones y la estabilidad de los genes del Medical Research Council de Harwell han realizado por primera vez un estudio in vitro de células sanguíneas, que eran irradiadas con las radiaciones procedentes del U 236 y que han demostrado que los linfocitos humanos son muy sensibles a las radiaciones alfa (un núcleo de helio). Una sola de estas partículas puede provocar alteraciones genéticas, lo que significa que puede formarse un cáncer.

El U 236 se utiliza en las municiones antitanque por su dureza y su alta densidad, por esto último se suelen emplear en los aviones de línea como contrapeso. Pero las municiones al chocar con el blindaje en parte se dispersa en la atmósfera en forma de polvo y lo mismo sucede al incendiarse un avión. En esos casos los soldados o los bomberos pueden inhalar el polvillo de U 236.

No es el metal el peligroso, aún siendo radioactivo, como lo ha indicado correctamente el informe de las Naciones Unidas. Lo peligroso es el polvo del metal. Las municiones están siempre a una distancia del soldado y durante un lapso de tiempo más o menos largo, el polvo que penetra en el organismo por la respiración permanece todo el tiempo en el organismo y está dentro, es decir muy cerca, tanto que es un contacto íntimo. En este caso, por la distancia y el tiempo el peligro es grande.

Las medidas del informe de Las Naciones Unidas corresponden a un tiempo corto de contacto y a distancias relativamente grandes, en ese caso las piezas del metal U 236 presentan poco riesgo, se trata de horas y decímetros, cuando no metros. Una partícula de polvo del U 236 inhalada permanece en el cuerpo, en contacto directo con los órganos durante años, y las distancias son inferiores a fracciones de milímetros. La densidad de las radiaciones decrece con la distancia, a mayor distancia menor peligro. La peligrosidad aumenta cuando aumenta el tiempo de irradiación, es de contacto con la fuente de irradiación.

Alguien que haya inhalado 20 miligramos de U 236 verá su organismo atravesado por quince millones (15 000 000) de rayos alfa cada día. Y una sola partícula alfa puede producir alteraciones genéticas, que a su vez pueden acabar en cáncer. En el caso de inhalación de polvo de sustancias radioactivas, aunque esta sea débilmente radioactiva, no hay dosis mínima de exposición.

Ambos estudios dicen la verdad, la diferencia reside en la diferencia de las condiciones: El informe U.N. se ocupa del efecto a una cierta distancia del organismo y tiempos cortos, es decir de la manipulación y proximidad. El informe de Harwell nos cuenta lo que pasa cuando la fuente de irradiación está en el interior del organismo. Por eso uno miente al generalizar una situación determinada, el otro se limita a decir lo que sucede en determinadas circunstancias y sólo en ellas, y por eso es más de fiar.

Sin duda en el primer caso es muy probable que no haya habido intención de manipular la opinión, pero el resultado es como sí. Conocer los límites de validez de una experiencia es el principio de toda sabiduría.
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