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4 de Mayo de 2001

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LA PRUEBA DE LA SEMANA

Clio Renault Sport V6: De carreras

Por Enrique González

Sorprendente por su atractiva y deportiva imagen, el Clio Renault Sport V6 es un coche con unas características muy especiales que a su paso hace volver la vista atrás.
A pesar de ser un fabricante generalista, a Renault siempre le ha gustado llamar la atención. Lo hizo en su día con el 5 Turbo, conocido popularmente como el “culo gordo”, recientemente con el Spider, aunque este original roadster pasó con más pena que gloria, y vuelve a las andadas con el Clio Sport V6.

Destinado a satisfacer las exigencias de los conductores más puristas, el capricho francés derrocha deportividad por los cuatro costados. Sin duda, lo más espectacular es la definición de su carrocería, capaz de levantar los comentarios más apasionados, sobre todo entre los amantes de realizaciones tan exclusivas como ésta.



PODEROSA IMAGEN

El generoso ensanchamiento de los pasos de rueda, con especial atención a los posteriores, las numerosas tomas de aire, la doble salida del escape posterior o las espectaculares y bien dimensionadas llantas de aleación conforman una imagen que no pasa desapercibida.

De todos modos, los diseñadores de Renault Sport, el departamento de competición de la marca, han estado menos afortunados a la hora de “dibujar” el interior, poco agraciado e idéntico al que podemos encontrar en la versión Clio Sport de 172 CV, sólo que en su caso está reservado a dos ocupantes por los imperativos tan especiales que se han aplicado en su construcción.

Y es que el Clio Renault Sport V6 dispone de un motor ubicado en posición central, justo en el lugar que otros coches reservan a las plazas posteriores. Se trata del habitual 3 litros V6 de la marca, afinado por Renault Sport y capaz de ofrecer unos niveles de potencia y par motor superiores a los que este propulsor rinde en un Espace o en un Laguna, por citar a los otros dos modelos de la marca que lo montan.

En su caso estamos hablando de 230 CV, una cifra a decir verdad nada espectacular de acuerdo con su explosivo continente, pero que en la práctica deja unos resultados que no dudamos en catalogar de notables. No cabe duda de que podía correr más, pero los cronos registrados en las mediciones habituales, bajando con autoridad de los siete segundos en el 0 a 100 km/h, hablan por sí solos de su poderío mecánico.

TODO ATRÁS

También su forma de entregar la potencia es muy meritoria, sobre todo por su apreciable elasticidad en toda la gama de revoluciones, y mucho más la forma con la que el modelo francés pasa los caballos al asfalto. La tracción, por supuesto, es a las ruedas traseras, otro detalle más de su contrastada deportividad, y al volante es un coche que convence rápidamente. La agilidad de todas sus reacciones, la rapidez y precisión de la dirección y el gran equilibrio de reacciones que muestra le convierten en un coche muy indicado para disfrutar al máximo en aquellos trazados repletos de curvas.

No queremos decir con esto que en carreteras tipo autovía o autopista nos dé la espalda, ni mucho menos, pues incluso en estas condiciones es un coche que sabe agradar convenientemente a quien se pone a sus mandos.

Por lo demás, llama la atención el celo que Renault ha puesto en conseguir un completo equipamiento, y su marcado acento deportivo no le impide ofrecer un elaborado paquete de medidas de seguridad pasiva, con airbags frontales y laterales, así como otros accesorios entre los que cabe destacar el aire acondicionado, el ordenador de a bordo, los elevalunas eléctricos e incluso el equipo de sonido con mandos en el volante.

En cuanto a su precio, los 6,5 millones que cuesta nos parece una cifra bastante elevada. Por esta cantidad hay coches con más imagen y posibilidades de uso en el día a día —este modelo está reservado a dos plazas y prácticamente no tiene maletero— pero, ahora bien, su exclusividad, agresiva imagen y potencial dinámico para muchos podría justificar ese importante desembolso.

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