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18 de Mayo de 2001

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LA PRUEBA DE LA SEMANA

Chrysler Sebring Cabriolet 2.7 V6 Limited: A la americana

Por Enrique González

El origen americano del nuevo Chrysler Sebring en su versión convertible es incuestionable y en ningún caso puede renunciar a sus raíces. Su abultado tamaño y refinada imagen le convierten en un coche con mucha personalidad.
Generoso por su tamaño, con una longitud de más de 4,9 metros, exclusivo por su diferenciadora estética y amplio por su desahogado interior —con capacidad real para cuatro adultos— el Chrysler Sebring Cabriolet es un modelo que responde fielmente a los gustos del mercado norteamericano.

Si bien éstos son en algunos aspectos muy diferentes a los que se llevan en el Viejo Continente, lo cierto es que el conjunto es capaz de llamar poderosamente la atención. En el otro lado de la balanza, y quizá el capítulo que peor sintoniza con las preferencias europeas, una puesta a punto dinámica algo burguesa.

BURGUESÍA DE REACCIONES

El Sebring es un coche muy confortable, eso es cierto, pero los técnicos de la marca siguen apostando por un tarado de suspensiones excesivamente blandos, muy a la “americana”, que le restan bastante enteros cuando practicamos una conducción alegre. Se echa en falta el aplomo que presentan otros modelos rivales, la referencia más adecuada sería la Serie 3 Cabrio de BMW, y eso que su conducción en condiciones normales y trazados tendidos hay que catalogarla de muy placentera.

De todos modos, si tenemos en cuenta la filosofía de estos modelos, diseñados para disfrutar de la conducción con el cielo como único techo, el Sebring Cabriolet no nos debería defraudar en estas lides. Mecánicamente, la marca norteamericana ofrece dos posibilidades: un motor 2.0 litros de 141 CV y un 2.7 litros V6 de 200 CV que es precisamente la unidad que hemos tenido oportunidad de probar.

Antes de nada hay que destacar su buena cifra de potencia final y moderna arquitectura. Su respuesta también es elogiable, con una progresividad bastante acusada, pero el “Made in USA” vuelve a hacer acto de presencia en la caja de cambios, con una transmisión automática de sólo 4 velocidades y largos desarrollos, y en unos consumos que son bastante aleatorios y muy sensibles a los cambios de ritmo. No obstante, la posibilidad de manejar el cambio de forma manual —al disponer de un pasillo secuencial— puede contrarrestar el hándicap de las cuatro marchas.

HABITÁCULO ESPACIOSO

De lo que no cabe ninguna duda es de su diferenciadora imagen y de un interior en el que hay espacio para dar y tomar. Los más de 4,9 metros de largo que mide su carrocería se traducen en un habitáculo con cuatro cómodas plazas y hay pocos modelos en el mercado, por no decir ninguno, que puedan igualarle en este apartado.

Otros elementos que tienen mucho peso en un convertible, como por ejemplo la capota, están bien solucionados. Chrysler emplea una cuyo accionamiento es completamente eléctrico y, aunque carece de cubrecapota rígido (para ocultar la capota plegada cuando el coche está descubierto hay que cubrir la zona con una funda poco práctica) no hay muchas pegas más.

Por lo que concierne al equipamiento, la versión Limited probada es muy completa. Aire acondicionado, equipo de música con cargador de CD, llantas de aleación pulidas, programador de velocidad e incluso tapicería de cuero son elementos de serie. Algunos echarán en falta una dotación en términos de seguridad pasiva más evolucionada, sólo dispone de airbags frontales, mientras que Chrysler sigue sin ofrecer un control de estabilidad, mayoritario ya en el resto de sus rivales.

Su precio de 6,5 millones es uno de sus acicates más reseñables. La mayoría de sus competidores se sitúan por encima de los 7 millones y en este capítulo el modelo americano parte con ventaja. Si a esto le sumamos la exclusividad de su diseño y su espacioso habitáculo, el Sebring Cabriolet puede ser la opción ideal para el que persiga esos objetivos y no sea muy quisquilloso con las cuestiones dinámicas.

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