Huir de los convencionalismos es algo que pocos fabricantes pueden hacer. Desde luego, Chrysler podría ser uno de ellos, como lo demuestra con su nueva berlina. El primer punto de atención de este modelo lo encontramos en el
exclusivo diseño de su carrocería que, aunque flirtea con los gustos europeos, no puede ocultar su procedencia. En efecto, el
“Made in USA” se aprecia en un buen número de detalles, pero sobre todo en sus
generosas dimensiones, con una
longitud de más de 4,8 metros, suficiente para comprobar su gran envergadura.
AMPLIO HABITÁCULOEl interior está en consonancia con lo que se percibe de su línea exterior. El acabado, el tacto de todos sus mandos, la ubicación de éstos, todo está realizado con un
aire bastante lujoso y el resultado final es estéticamente muy agradable. A esto hay que sumar una
habitabilidad muy superior a la de las clásicas berlinas del tipo medio europeas. Tanto el espacio reservado para las plazas traseras como para las delanteras es soberbio y cinco ocupantes disfrutarán siempre de un apropiado confort de marcha.
El motor resulta conocido, puesto que ya se utiliza en el 300 M, su homólogo inmediatamente superior. Se trata del
V6 de 2,7 litros y 200 CV, un propulsor
muy agradable de utilizar y especialmente cómodo al disponer como única posibilidad de una
transmisión automática de 4 velocidades con pasillo secuencial; es decir, que permite cambiar a mano mediante ligeros toques sobre el pomo, a la derecha para subir de marchas y a la izquierda para bajar las mismas.
Sin embargo, este automatismo le penaliza bastante a la hora de medir sus capacidades dinámicas. Y no sólo por sus cuatro relaciones, sino también por la utilización de unos
largos desarrollos que no se adaptan del todo bien a las preferencias que en este sentido tenemos por lo general los conductores del viejo continente. A pesar de su buena cifra de potencia final,
los repechos y los adelantamientos exigen pisar a fondo el acelerador para salir airosos y, en este capítulo, está un poco por debajo de los modelos europeos de similares características.
COMPLETO EQUIPAMIENTO DE SERIEEl comportamiento en carretera, por su parte, cabe catalogarlo de noble. Sobre trazados bien asfaltados y curvas de amplio radio, como las que podemos encontrar en una autopista o en una autovía, el Sebring ofrece una respuesta de primer orden y un
confort de marcha impecable. En zonas muy viradas, su conducción es fácil y segura, pero echamos en falta una amortiguación mucho más severa en sus tarados que, al igual que sucedía con el motor, sintonice mejor con nuestras preferencias.
Son en definitiva pequeños apuntes que para nada deberían restarle ni un ápice del protagonismo que ostenta en otros capítulos. Además de los ya mencionados, como su
exclusivo diseño o su
generosa habitabilidad, el Sebring apunta muy alto en todo lo que tiene que ver con el equipamiento, que incluye hasta
tapicería de cuero en origen, y también con la seguridad pasiva al disponer, entre otros, de una moderna
cortinilla inflable que protege lateralmente la cabeza de todos los ocupantes. Por último, y analizando el conjunto, los
5.065.000 pesetas que cuesta no es una cifra nada descabellada en relación a lo mucho que ofrece.