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27 de Julio de 2001

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EXPOSICIONES

Cerrado por vacaciones

Por Pablo Jimenez

La temporada artística madrileña se interrumpe, una vez más, durante los meses de verano. Aunque este año la iniciativa tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad para que se mantuviera una mínima oferta cultural parece haber dado sus pequeños frutos. La idea es que Madrid pueda abrirse a un turismo de clase manteniendo vivos sus grandes atractivos culturales.
De este modo, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía mantiene abiertas exposiciones importantes recientemente inauguradas. Desde la exhaustiva retrospectiva de Alberto a la exposición sobre el minimalismo, ola menos de la obra sobre papel de Lucio Muñoz.

Por su parte, el Museo Thyssen Bornemisza mantiene abiertas la gran exposición de Canaleto y una pequeña, aunque exquisita, pensada y planteada en torno a una obra de Corot de la propia colección del Museo.

En cuanto a la iniciativa privada prácticamente sólo la Fundación MAPFRE mantiene abiertas sus salas con una triple exposición que, bajo el título de Colecciones sobre papel, presenta una selección de sus fondos en tres importantes grupos: una colección completa de la obra gráfica de la obra de José Gutiérrez Solana, una colección de un centenar de dibujos del escultor catalán Ismael Smith, realizados durante su estancia en Paría entre los años 1910 y 1914, y una pequeña colección de dibujos de maestros españoles del siglo XX con obras de Picasso, Gris, Miró, Dalí, Julio González, Tápies, Chillida, etc.. que recorre un arco cronológico que va desde 1910 a 1960.

Todo ello, por mucho que pueda parecer algo extravagante la tardía fecha de inauguración de la gran exposición de Alberto, no es más que lo habitual en un final de temporada que se ha caracterizado más por los problemas de infraestructuras que no por la brillantez de las programaciones tanto de los centros privados como públicos.

Si el Museo del Prado está sumido en una de las más tenebrosas tormentas que su accidentada historia ha conocido, con una ampliación que no sólo ha tenido que enfrentarse a lo más rancio y reaccionario de la rancia y reaccionaria sociedad madrileña, sino además con su rendición a los poderes políticos y a las ideas de gestores tan pueriles como insensatos.

Parece que llevamos más de diez años empeñados en desprestigiar la que sin duda sigue siendo la pinacoteca más importante del mundo, con directores que han ido, uno tras otro, demostrando su incompetencia, y un cuerpo de conservadores empeñados en imponer su deslealtad.

Pero no es sólo el Museo del Prado el que afronta su ampliación, lo mismo ocurre, aunque sin polémica, con el Reina Sofía, con el Museo Thyssen, con el Lázaro Galdiano, en fin que bien podemos afirmar que estamos y estaremos todavía durante un par de años más de obras en el mundo del arte.

Habrá que destacar que otros centros públicos, como el Conde Duque han sabido revitalizar su política de exposiciones y llenar lagunas a las que no llega la programación de los grandes centros públicos. Recordemos que, por ejemplo, los estudiantes madrileños de historia del arte que quieran saber cómo se produce en nuestro país el salto a la modernidad y más tarde a la vanguardia, tienen que conformarse con las viejas historias que se cuentan en los viejos manuales, ya que el Casón del Buen Retiro lleva casi cinco años cerrado, ocultando toda la pintura del XIX y el Reina Sofía, por mucho que sus nuevos responsables tengan una visión más abierta y generosa de la historia del arte, no termina de encontrar un lugar oportuno para el arte de principios del siglo XX.

A estas tribulaciones de principio: el Prado debatiendo su esencia y sus órganos de poder y el Reina Sofía en quiebra técnica, los círculos artísticos más inquietos ya empiezan a prepararse para afrontar la amenaza de una gran crisis en su mercado. En este último año se han multiplicado las casas de subastas y, siguiendo la tónica internacional, los precios han crecido desmesuradamente.

Hace tan sólo 20 años el mercado del arte español vivía una de las peores crisis de su historia, una crisis que amenaza de nuevo. Las estructuras del mercado en nuestro país son especialmente frágiles ya que no hay ni tradición ni gusto por el arte. Ello hace que la mayoría de las veces el mercado, en sus momentos más brillantes, atraiga a un público más especulador que aficionado, que encuentra una manera brillante de aflorar dineros negros y la posibilidad de brillantes plusvalías. Pero el mercado francés, por ejemplo, muestra ya una prudencia que en España ni siquiera se sospecha como algo mínimamente sensato o prudente.

Y así, sobrecogidos por lo que pueda ocurrir con el Prado por el posible escándalo en el Reina Sofía y la amenaza del desmoronamiento del mercado en cuanto se produzca el más pequeño síntoma de recesión económica nos retiramos de vacaciones recomendando vivamente las exposiciones temporales que permanecen abiertas y la visita a las grandes colecciones de nuestros museos públicos.
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