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4 de Mayo de 2001

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ARGENTINA

Cavallo no es el mismo de antes

Por Robert J. Barro

A principios del siglo XX, Argentina era uno de los países más ricos del mundo. Luego vinieron muchos años de políticas fracasadas. Desde 1913 a 1990, el crecimiento promedio per capita del PIB argentino fue de apenas 0,6% al año. Esto cambió en 1991, cuando Domingo Cavallo fue nombrado ministro de Economía. Sus reformas favorecieron el libre mercado, resaltando la fijación del peso uno a uno con el dólar. También promovió la liberación del comercio internacional, la reforma de las finanzas públicas y del sistema bancario. A pesar de la recesión de 1995, provocada por la crisis del peso mexicano, el PIB per capita creció en Argentina a una tasa de 4,8% durante los años de Cavallo en el gobierno, hasta 1996.
Pero Argentina ha estado en pleno retroceso en los últimos años. La producción per capita decayó en 3,2% al año desde 1998. En marzo de este año, el nuevo ministro de la Economía del presidente Fernando de la Rúa —Ricardo López Murphy— chocó contra un implacable muro político, no logrando la instrumentación de su razonable programa de recortes fiscales. Ahora hay rumores de que la Argentina incumplirá con el pago de su deuda externa.

Ante la desesperación, el presidente llamó a Cavallo, su rival político, para que por segunda vez salve la economía. Pero el año 2001 no es 1991 y las propuestas de Cavallo se han concentrado en manipular la confianza, sin mostrar el brillo ni la preferencia por el mercado de hace 10 años.

El programa de Cavallo se puede entender como una reacción a dos preocupaciones: el tamaño del déficit fiscal y la sobrevaluación de la moneda. Tratando de evitar lo que le pasó a López Murphy, Cavallo no propone acabar con el déficit recortando el gasto público sino aumentando los impuestos. La manera de hacerlo es a través de un impuesto a las transacciones del sistema bancario.

Esto trae graves problemas. En primer lugar, la economía se beneficiaría mucho más bajando el gasto gubernamental que con un aumento de los impuestos. Argentina necesita fomentar su bajo nivel de inversiones reduciendo los impuestos a las empresas. Otro problema es que el nuevo impuesto distorsiona gravemente el sistema financiero, empujando a los argentinos a utilizar cuentas bancarias en el exterior y a pagar en efectivo.

Cavallo también busca aplacar los temores de incumplimiento de la deuda pública, persuadiendo a empresas y bancos a que aumenten su tenencia de bonos del gobierno. La ventaja para los bancos sería que el banco central reduzca el monto de las reservas obligatorias y permita que estos bonos formen parte de tales reservas. Pero a fin de cuentas, lo que esto lograría sería convertir a los bancos en entidades de mayor riesgo.

La apreciación del peso, causada por la paridad con el dólar y el fortalecimiento de éste, ha encarecido los productos y la mano de obra argentina. La reacción de mercado es una caída de precios y salarios, pero la deflación toma tiempo y el desempleo mientras tanto aumenta. El reto es impedir la contracción sin poner en peligro la convertibilidad, principal fundamento de la reactivación de los años 90.

La propuesta de Cavallo manipula la convertibilidad sin abandonarla. Trata de devaluar sin hacerlo de manera oficial sino por vía de un dramático aumento de aranceles de productos de consumo. Las consecuencias adversas de ese proteccionismo son bien conocidas y el anuncio de que los aranceles son temporales no convence.

Cavallo quiere reemplazar el vínculo del peso con el dólar anclando el peso a una canasta de 50% dólares y 50% euros, pero sólo después que el euro alcance una paridad con el dólar. Es comprensible la inclusión del euro porque el intercambio comercial con la zona del euro es comparable al comercio con Estados Unidos. Pero el momento escogido es raro, al presidente Bush acabar de proponer en Québec el avance hacia el ALCA. La idea de esperar por la paridad dólar/euro también es confusa. Si Cavallo sabe que el euro se va a apreciar, entonces podría resolver los problemas fiscales de Argentina especulando con el euro.

El plan de Cavallo es especialmente desconcertante porque el déficit fiscal (de entre 2% y 3% del PIB) y la deflación no son muy diferentes de cuando la economía estaba creciendo. En realidad, la crisis actual es de confianza y los mercados financieros se tranquilizarían más con un plan coherente para reformar el gasto público que con un aumento de los impuestos para salir del paso. La confianza también requiere mantener la convertibilidad y los anuncios oficiales más bien la debilitan. Por ello son tan altas las tasas de interés.

Hubiera preferido un plan más audaz: dolarización total de la economía, sujeta a negociaciones con Estados Unidos para extender el libre comercio a la Argentina. Esa negociación podría también incluir una compensación por la dolarización.

Todos necesitamos héroes y Cavallo era uno de mis héroes. Ojalá que el nuevo Cavallo recapacite y logre un golpe de timón en la economía argentina.

© AIPE

Robert J. Barro es profesor de Economía de la Universidad de Harvard y académico de Hoover Institution.
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