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6 de Abril de 2001

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ARGENTINA

Cavallo: ¿Bimetalismo de papel?

Por Jesús Gómez Ruiz

Domingo Cavallo, ministro de economía argentino, propone que sus administrados se vayan familiarizando con la moneda única europea para, en el futuro, modificar la definición del peso en función de una combinación dólar-euro u otras divisas fuertes, todo ello con el objeto de aliviar la "excesiva dolarización" del país.
Pero si el fundamento de tal propuesta no se encuentra en el súbito entusiasmo de los argentinos por la moneda única (ellos prefieren el dólar), ¿qué otros motivos puede haber? Los mal pensados creen que se trata de una maniobra para encubrir una devaluación, cosa que el "superministro" niega tajantemente; aunque la experiencia nos dice que, en materia monetaria, cuanto más tajantes son las afirmaciones o las negaciones de los banqueros centrales o de los ministros de economía, más cerca están de decir "donde dije digo, digo Diego".

La propuesta del Cavallo no es nueva. En esencia, se reduce a establecer un patrón bimetálico, sólo que con monedas de papel, el dólar y el euro. El antiguo patrón oro internacional surgió como degeneración del bimetalismo oro-plata que los gobiernos intentaron imponer para aliviar las dificultades periódicas de sus bancos centrales y obtener una fuente de ingresos adicional. Se reservaban la prerrogativa de fijar la paridad entre el oro y la plata. Si la paridad del oro con la plata estaba por debajo de la del mercado, el oro era atesorado por el público y circulaba sólo la plata, cumpliéndose la ley de Gresham. Y al contrario, si la paridad oro-plata estaba por encima de la del mercado, se atesoraba la plata y circulaba sólo el oro. Era justo el momento en que las autoridades monetarias cambiaban la paridad. Si era la plata la que circulaba y las arcas de los bancos estaban vacías de oro pero repletas de plata, fijaban una paridad más favorable a la plata, y se invertía el proceso. O al contrario, si circulaba sólo el oro, se fijaba una paridad más favorable al oro.

Estas operaciones, devaluaciones encubiertas muy lucrativas para el gobierno y los bancos centrales, se repetían periódicamente y suponían una expropiación parcial de los ahorros de la gente que había atesorado el metal infravalorado. En apariencia, el proceso podía repetirse ad infinitum. Sin embargo, las mejores características monetarias del oro se acabaron imponiendo y el público aprendió a anticiparse a los manejos de los gobernantes, acuñando plata masivamente y cambiándola por oro en uno de esos vaivenes periódicos. Los gobiernos tuvieron que suspender la acuñación de plata y aceptar los dictados del mercado, que eligió el monometalismo.

El ilustre economista Alfred Marshall propuso una medida para evitar la quiebra del bimetalismo, ante la imposibilidad de fijar un tipo de cambio estable entre el oro y la plata. Consistía en reembolsar los billetes de banco con oro y plata a la vez, concretamente en lingotes con una parte de oro y otra de plata. Denominó a su sistema "simmetalismo". Pero nunca llegó a ponerse en práctica porque, si bien permitía a los bancos poner en circulación un stock de plata no deseado, nada impedía después vender la plata a cambio de oro en los mercados internacionales, en detrimento de la cotización de la plata. En última instancia, equivalía a una devaluación, porque entre cortar un pedazo de lingote de oro y sustituirlo por un pedazo de plata o de hierro, la diferencia es sólo de grado.

La propuesta de Cavallo huele a "simmetalismo". Como solución in-extremis a los apuros financieros argentinos no está mal, hasta puede calificarse de ingeniosa. Pero el inconveniente de esta medida sería precisamente aquello que el sr. Cavallo pretendía evitar con la dolarización, esto es, la flotación del peso; puesto que si se introduce el euro en la definición del peso, a no ser que euro y dólar tengan un tipo de cambio fijo, el peso fluctuará respecto del dólar, la moneda preferida de los argentinos. Es una devaluación encubierta, y por tanto, una estafa a los inversores, aunque de menor cuantía, porque la medida equivale a sustituir los dólares por un fondo de inversión en divisas. El peso flotaría, aunque con menos volatilidad, permitiendo cierto alivio a la apurada economía argentina, alejando por un tiempo el fantasma de la quiebra.

Sin embargo, hay que tener bien presente que no existen sustitutos para la rectitud financiera. Si Argentina no estabiliza sus finanzas y su presupuesto, no la salvará ninguna ingeniosidad monetaria, y el banco emisor argentino acabará agotando sus reservas tanto de euros como de dólares.
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