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13 de Abril de 2001

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EXPOSICIONES

Casas en Madrid

Por Pablo Jimenez

La Fundación Cultural Mapfre Vida acaba de inaugurar una exposición antológica de la obra de Ramón Casas (Barcelona, 1866-1932), uno de los grandes pintores catalanes y españoles en la historia de la modernización del arte de nuestro país. La exposición, organizada conjuntamente con el Museo Nacional de Arte de Catalunya, presenta un centenar de pinturas más otro centenar de dibujos, entre los que se encuentra una selección de su famosa galería iconográfica.
Nacido en Barcelona en 1866, inició su formación artística en el taller de Joan Vicens, célebre pintor decorador y reconocido retratista. En 1881 llega a París donde completa su formación con el pintor Carolus-Duran. De regreso a Barcelona pintó una serie de obras de temática taurina, dejando atrás su oscura paleta, para poner de manifiesto sus extraordinarias dotes del color. Con todo, la producción más abundante de la década de 1880 y de hecho de toda su carrera, es la consagrada al retrato, género con el que ocupó uno de los lugares más relevantes de su tiempo, en los que se acusa la influencia de la pintura naturalista francesa.

A finales del 1890, inició su segunda y decisiva estancia en París, en la que realizó gran número de obras en calidad y cantidad y en las que incorporó, en los temas y composiciones, algunos aspectos de las pinturas de Manet, de Degas y de Toulouse-Lautrec. En 1894, ya instalado en su nueva residencia del paseo de Gràcia, pintó la mayoría de piezas que representan acontecimientos de ciudadanos, que le dieron gran popularidad. Asimismo realizó una serie de desnudos femeninos, en los que la figura suele aparecer en el suelo y en complejos escorzos.

En 1897, la apertura de Els Quatre Gats, célebre establecimiento por el que desfilaron las principales personalidades de las artes y de las letras catalanas y extranjeras, propició que Casas iniciara sus famosos retratos al carbón. Estos retratos así como la aparición de la revista Pel & Ploma, cuyas ilustraciones corrieron a cargo del propio Casas, incrementaron su actividad como dibujante. También entonces realizó los primeros carteles que le dieron gran popularidad.

En 1899, celebró su primera exposición individual en la Sala Parés, en la que mostró principalmente su vertiente de dibujante. En 1890 realizó otra exposición con carácter antológico, en la que reunió básicamente sus pinturas. Ambas fueron aclamadas por el público y la crítica de Barcelona, que consagraron a Casas como el artista más relevante de la pintura de aquel momento.

A partir de entonces retomó algunos temas que había cultivado anteriormente, pero se centró en el género del retrato hasta el final de su vida, en el que realizó obras destacadas, aunque su producción adolece de un cierto convencionalismo. De ahí que la presente muestra insista en aquellos momentos de su dilatada actividad artística que merecidamente convirtieron a Casas en el mejor pintor del modernismo.

Casas es, sin duda y junto con Joaquín Sorolla, el pintor español mejor dotado de su época. La gran facilidad y lo exquisito de los recursos de que hace gala, sobre todo en el retrato, lo convierten en un pintor que si a veces no conmueve por una pintura un poco fría, sin embargo siempre deslumbra por el alcance de sus recursos técnicos. Pero si Sorolla se dedicó a retratar el mundo y la estética de una aristocracia que estaba a punto de desaparecer, Casas hizo el retrato de una burguesía, la catalana, que había tomado el relevo y que tenía también una gran voluntad de establecer una forma propia de entender el mundo y la cultura.

El nacionalismo, entendido como movimiento progresista frente a un gobierno central todavía muy anclado en la tradición y que se había mostrado incapaz para acometer las grandes transformaciones que reclamaba una sociedad moderna, inspira estas pinturas de Casas y encuentra en ellas una idea de la elegancia y una imagen de sí mismo que le resulta especialmente grata.

Casas, se convertirá, de este modo, en el paradigma del pintor catalán del modernismo trabajando, curiosamente, con mucha frecuencia para la publicidad, lo que nos habla de esa idea compartida del arte como un medio más de apoyo a la modernización, a través del comercio y de la industria, de la sociedad.

De este modo inaugura un nuevo estereotipo de pintor compenetrado con la sociedad en la que se inscribe y de la que realiza un retrato complaciente, al tiempo que también se dedica a llevar al terreno del arte aquellos temas y asuntos que más les interesan. Así hay que destacar los grandes cuadros que recogen acontecimientos ciudadanos de gran importancia, como la Procesión del Corpus, o una Ejecución de garrote vil.

Esto tiene una gran importancia ya que al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en el país vasco, más preocupado por la recreación artística de una idealizada aldea vasca, en Cataluña, la creación de un lenguaje artístico nacional se basa en un ideario estético mucho más próximo al del contexto general europeo y claramente urbano y burgués.

Desapasionado, de grandes recursos técnicos, de escasa imaginación, Casas consigue también trascender el retrato de lo catalán para mostrarnos a un pintor inquieto y con una gran capacidad de innovación en los recursos para intentar plasmar lo que no deja de ser una visión peculiar del mundo y sus personajes.
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