Texto grandeTexto normal
Ideas Ir al contenido
2 de Marzo de 2001

En portada

El informe sobre la población de la ONUPor José Ignacio del Castillo
Un contexto policialPor Agustín Jiménez
Miedo al futuroPor José Hermida
Un poco mejor de lo esperadoPor Carlos de Matesanz
Carta de un roedor desesperadoPor Antonio López Campillo
Homenajes variosPor Carlos Pérez Gimeno
Al borde de una escisiónPor Víctor A. Cheretski
March Attacks!Por Rafael Escalada
La salud del ReyPor José Apezarena
Se acerca el rallye de PortugalPor Enrique González
El espía que amaba el fríoPor Carlos Semprún Maura
Primera "Casa Internet"Por Libertad Digital
Reagan, el intelectualPor Steve H. Hanke
La nueva vida del Capitán MarvelPor David Jiménez Torres
Semana del 24 de febrero al 2 de marzoPor I. González y Rosana Laviada

Suplementos

Buscador

Google
Palabra (s)

FUEGO AMIGO

Carta de un roedor desesperado

Por Antonio López Campillo

Señor director:
Muy señor nuestro. En nombre de mis amigos de la ciudad de Madrid nos gustaría comunicarle algunas de las consideraciones, indignadas, que han suscitado entre nosotros la noticia que unos investigadores americanos habían injertado en el cerebro de un ratón células de cerebro humano. Por suerte, según informaban los investigadores, no ha producido el menor efecto en nuestro congénere. La realidad es diferente. Unos congéneres que están presos en ese mismo laboratorio, nos han comunicado que Pif, es el nombre del operado, se comportaba "aparentemente" de un modo normal, visto por los humanos, pero nuestros amigos nos han comunicado que esa operación, bárbara, había provocado ciertas anomalías. Por ejemplo Pif anunció, en privado, que quería comprar euros y colocarlos en una Caja de Ahorros. La elección de los euros les inquietó a todos, un ratón en estado mental normal jamás haría tal cosa.

Declaramos que se pueden aceptar ciertas manipulaciones quirúrgicas, pero tiene un límite. Sabemos que somos "animales" de laboratorio, pero de eso a dejarnos implantar partes del cerebro humano, hay un abismo. Pueden destrozar nuestros cuerpos, pero ¡Por favor!, no nos degraden nuestro cerebro, nuestro segundo órgano más importante, que decía el otro, metiéndonos neuronas de una especie que practica esos juegos. Respeto a nuestra integridad cerebral.

Agradeciéndole por anticipado la publicación de esta carta en el periódico de su digna dirección, le saluda atentamente en nombre de nuestra asociación.

Dr. Roedr Mur
RSS © Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
    Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899