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LA POLÍTICA A PESAR DE TODO

Cantos de sirena

Con el inicio de septiembre vuelven gobernantes y políticos a sus oficios y despachos, mientras los que ejercen la opinión y la influencia mediáticas no paran. Desde el campo gubernamental y socialista ya toman posiciones con el fin de activar la siguiente fase de presión contra el PP para que se modere, se centre y deje atrás su pasado.

Con el inicio de septiembre vuelven gobernantes y políticos a sus oficios y despachos, mientras los que ejercen la opinión y la influencia mediáticas no paran. Desde el campo gubernamental y socialista ya toman posiciones con el fin de activar la siguiente fase de presión contra el PP para que se modere, se centre y deje atrás su pasado.
Nos hallamos ante un capítulo más de la conocida estrategia del PSOE consistente en demonizar y literalmente criminalizar al PP, en neutralizarlo e inutilizarlo para bastantes años, en impedir que pueda recomponerse tras la sorpresa de las últimas elecciones generales. Y si lo hace, que de sus pedazos salga otro partido, más dócil y maleable. Para hacer efectivo el plan vale todo, desde la intimidación y el acoso piquetero a las sedes del PP, a sus militantes y simpatizantes, hasta la más sutil ofensiva psicológica y moral que procura culpabilizarlo por su pasado y, en suma, bloquearlo. La obra maestra de la propaganda y el lavado de cerebro culmina cuando a la víctima se le convence de que es culpable de sus propias desgracias.
 
Si en esta peculiar dialéctica del amo y el esclavo se parte de la autosugestión que hace al verdugo superior moralmente al  martirizado, y a ello se suma la ayuda impagable de una víctima predispuesta a la lamentación, la expiación y aun al martirio, obtenemos como resultado un escenario propicio para el sacrificio. En este caso, para darle la puntilla al antaño bravo toro español y después desmembrarlo. He aquí el panorama: por un lado, acción directa y piqueteros en acción, modalidad “participación ciudadanista”; por el otro, labor de oficina y redacción con la que convencer a pacientes y espectadores de que tienen lo que se merecen si no cambian y van a más.
 
Una singular campaña montada para deslegitimar la etapa de Gobierno de José María Aznar y para justificar la toma del Palacio de la Moncloa de la pasada primavera se ha revelado la más perversa y letal de todas, a saber: persuadir a la parroquia de que muerto el perro se acabó la rabia. Puede decirse más cursi, al modo de esas licencias líricas de la vicepresidenta de cuota, para quien ahora en España se respira mejor y demás pavadas. Pero no más claro. La maniobra continúa sin descanso, capitaneada, cómo no, por el diario El País. Repasemos el periódico del pasado domingo. Javier Tussell publica el artículo “Sobrevalorar la victoria”, en donde, haciendo balance de la presente temporada, le atiza algunos tímidos pellizcos de monja a los socialistas, compensados con sabios consejos de experto, a la vez que le asesta esta certera estocada al PP: “Ha sido toda una sorpresa que lo en apariencia más difícil —la distensión ambiental— haya llegado lo primero”. Soledad Gallego-Díaz, por su parte, dos páginas después, comunica desde el Boletín Oficial del Gobierno el informe polanquista que marcará la hoja de ruta a seguir en “El año de las grandes expectativas”. También ella está persuadida de que la primera parte de la misión está cumplida: “El gran éxito del PSOE y del Gobierno de Zapatero en sus cuatro meses de gestión (dejando aparte la salida de las tropas españolas de Irak), según explican ellos mismos y concede, sin rechistar, la oposición, ha sido tranquilizar el escenario político. Esa falta de crispación es la que ha hecho subir el índice de satisfacción de los ciudadanos, mucho más cómodos en un país no sobresaltado que en el clima de desasosiego que impuso José María Aznar” (cursiva mía).
 
Entiéndase el balance como la réplica vengativa socialista al lema aznarí de “España va bien”. He aquí el mensaje subliminal: con nosotros todo va mejor y no hay tumultos, porque no convocamos a los piqueteros o, al menos, los contenemos, por ahora. Se esfumó la indignación. Ya pueden hundirse barcos en Galicia o quemarse montes en Huelva, señor conde, que aquí ya nadie se mueve, por algo está desarmado y cautivo el Movimiento Nacional. Por último, y para no agotar el tema ni la paciencia del lector, refiramos un momento ejemplar del Daguerrotipo que dedicó cariñosamente Manuel Vicent a ZP en el suplemento dominical, “La aventura de la cordialidad”; todo, pues, en el mismo día y al mismo precio: “De momento, ya no nos riñe nadie desde La Moncloa. Ésa es una primera conquista”. El dictado parece seguir una consigna y no puede ser más nítido ni machacón. Ni eficaz, puesto que gran parte de la población española se ha creído el cuento y sigue haciendo la digestión. Lo primero, pues, es lo primero. ¿Y lo segundo? A continuación viene la preparación de los Presupuestos Generales del Estado mientras el PP decide el ser o no ser en su próximo Congreso. El objetivo es sujetar a los populares para tener así las manos libres y poder pactar sin control con los independentistas y los eco-izquierdistas la gran política para el próximo año sustentada en el incremento del gasto público y en la ampliación de los “derechos ciudadanos”. Domar al PP por las buenas o por las malas, arrastrándolo de los pies hacia el consenso o llevándoselo con los pies por delante. Con su ideal de la paz perpetua (la paz de los cementerios) Zapatero consuma así su aportación al orden internacional y nacional, o postnacional, o plurinacional. ¿Cómo se llamará España mañana?
 
Hay moros en la costa. Pero, por las cosas del querer y del multiculturalismo que nos invade, junto a las voces del muecín se escuchan desde las orillas del Mediterráneo cantos de sirena que intentan arrastrar a los heroicos dirigentes y ex ministros del PP a los arrecifes de coral para hacer que allí encallen y no vuelvan a abrir la boca nunca más. Bastantes de ellos, grandes aficionados a la música y sumisos ante los dictados de Prisa, están dispuestos a aceptar la derrota, a no crispar, a con-centrarse en sí mismos, y aquí paz y después gloria. Aznar y su legado son el precio a pagar por el silencio y esa paz social. Afortunadamente, no hay unanimidad en el coro, y escuchamos algún solo. Jaime Mayor Oreja en una entrevista concedida a Europa Press habla, no de resignación, sino de avanzar en “convicciones” y de “asumir riesgos por defender ideas”.
 
Bien está, pero acaso las urgencias del presente exijan mucho más, un impulso de acción que se resume en una evidencia incuestionable: se trata ahora de hacer política de oposición con el fin de volver a gobernar, pero no renunciando al pasado sino aprendiendo de él. Sólo hay que marcar distancias con la etapa de Aznar en aquello que significó su peor faceta: acostarse con el enemigo, sólo atender a los consejos (de Administración y Redacción) de quienes buscan tu ruina y dejarse encandilar por los cantos de sirena, que resultan ser tiburones.
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