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Barrera de aceroPor Daniel T. Griswold

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ESTADOS UNIDOS

Barrera de acero

Por Daniel T. Griswold

Proteger a las grandes empresas de acero de la competencia extranjera puede que ayude a corto plazo al gobierno de Bush, pero significará un pesado costo a largo plazo para la economía de Estados Unidos. El 5 de junio, el presidente Bush anunció la iniciación de la Sección 201 de investigaciones contra productores extranjeros de acero, lo cual seguramente culminará con la imposición de cuotas.
La imposición de cuotas a las importaciones no es un ejemplo de internacionalismo sino de aislacionismo. Significa construir una cerca de púas alrededor del mercado de Estados Unidos, cerrándole el paso a importaciones y a la competencia en precios. Tales cuotas aumentarán los precios internos, ayudando sólo a la relativamente pequeña pero políticamente importante industria del acero.

Los más altos precios del acero causados por las cuotas equivaldrán a un impuesto disfrazado que pagarán millones de consumidores cuando compren automóviles, neveras y casas nuevas. Se estima que el costo para el consumidor será de por lo menos 732 mil dólares por cada puesto de trabajo “salvado” en la industria del acero. Estas cuotas perjudicarán a otras industrias que son hoy en día mucho más importantes que la del acero.

El acero más caro incrementará el costo de producción y desmejorará la competitividad internacional de los fabricantes de vehículos, maquinaria industrial y de muchas otras empresas. Estas otras industrias le dan empleo a 8 millones de personas, lo cual significa que por cada puesto de trabajo que supuestamente se están salvando en las siderúrgicas, se vuelven menos seguros 40 empleos en otras industrias. Además, se le están dando a Europa, Brasil y Japón razones para no abrir sus mercados.

Para justificar las cuotas, el presidente apuntó al “dumping”, pero esa es una práctica de todos los días y perfectamente legal para las empresas de Estados Unidos. Cada vez que una empresa pierde dinero o vende sus productos a precios diferentes está haciendo lo que se le pretende prohibir a los extranjeros.

Es cierto que las siderúrgicas extranjeras a menudo reciben subsidios de sus gobiernos, pero estos están desapareciendo y los industriales de Estados Unidos también han recibido favores, tales como 30 años de cuotas a las importaciones y créditos garantizados. Nuestras manos tampoco están limpias y erigir barreras sólo logrará posponer la necesaria consolidación de nuestra industria siderúrgica.

La industria del acero no ha estado reduciendo el empleo debido a importaciones injustas o desleales sino a implacables cambios tecnológicos producidos por las miniplantas que producen una tonelada de acero con una fracción de las horas-hombre que requieren las grandes. Entre 1984 y 1992, la mano de obra en la industria del acero se redujo a razón de 10 mil obreros al año y las cuotas sólo hace más lento algo que es inevitable.

© AIPE

Daniel T. Griswold es subdirector del Centro de Estudios Comerciales del Cato Institute.
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