![]() | Desde el año 1986, el presidente de la Heritage Foundation, Ed Feulner, felicita las Navidades con la selección de un ensayo que aborda algún aspecto clave, y que su fundación edita y envía a sus benefactores. La lista de autores de los ensayos publicados es realmente impresionante: Whittaker Chambers (fue el primero), Richard Weaver, Wilhelm Roepke, Russell Kirk, F. A. Hayek, William Buckley, Robert Nisbet... Este año le tocó a un economista menos conocido, Ben Rogge, pero no menos brillante.
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Doy relativa poca importancia a la demostrada eficiencia del sistema de libre mercado para promover el crecimiento económico y elevar el nivel de vida. De hecho, mi tesis principal es que la parte más importante de la defensa de la libertad económica no es su eficiencia como sistema para asignar recursos, ni su fabuloso éxito para promover el crecimiento económico, sino más bien su consistencia con ciertos principios morales fundamentales.
Creo que cada hombre es responsable último de lo que le sucede. Ciertamente, está influido por su herencia, su entorno, su subconsciente y la pura suerte. Pero precisamente lo que hace hombre al hombre es su capacidad para sobreponerse a esas influencias y cambiar su propio destino. Si esto es cierto, se sigue que cada uno de nosotros es responsable de lo que hace. La respuesta a la pregunta "¿Quién es el culpable?" es siempre: "Mea culpa. Yo lo soy".
debe existir siempre una enorme presunción contra todas y cada una de las propuestas de limitación gubernamental de la libertad económica. ¿Cuál es entonces el problema con un sistema estatal de seguridad social obligatoria? Que niega al individuo su libertad, su derecho a elegir lo que hará con sus propios recursos monetarios.
Es increíble pensar en lo que este simple planteamiento provocaría en el aparato de control estatal en todos los niveles de gobierno. Eliminad de los libros toda la legislación que niega la libertad económica a los individuos, y tres cuartas partes de las actividades que ahora asume el gobierno serían eliminadas.
No sueño con sueños irreales, no espero que llegue el día en que este principio de libertad económica como parte de la libertad total sea totalmente aceptado y aplicado. No obstante, estoy convencido de que, a menos que este principio sea tenido en cuenta, a menos que los que examinan las propuestas de incrementar las regulaciones gubernamentales tengan en cuenta esta pérdida de libertad como un "coste" de la legislación propuesta, las posibilidades de que la libertad de empresa sobreviva son escasas. El potencial controlador siempre podrá encontrar razones por las que parezca conveniente controlar a los individuos; a menos que sea frenado por un sentido general de que es inmoral hacerlo.