En Haití no hay Estado de Derecho, y llevan 200 años de gobiernos incompetentes y corruptos. Suiza es el polo opuesto: no hay corrupción, rige el imperio de la ley, los jueces y el resto de funcionarios son competentes y honestos. Así las cosas, en vez de estudiar lo que funciona mal en Haití habría que preguntarse qué se puede aprender de Suiza.
En relación al PIB, Suiza tiene un gobierno muy pequeño, lo que no quita para que disponga de unos servicios y una seguridad de primera, y sea una de las sociedades más prósperas y libres.
¿Cómo lo hacen? A muchos les parecería en principio harto complicado, pero lo cierto es que, en su pequeño país, donde se practican varias religiones y se hablan distintos idiomas, los suizos han logrado vivir en paz desde tiempos inmemoriales. Disponen de pocos recursos naturales, pero disfrutan de una de las mayores rentas per cápita del mundo. No es una sociedad perfecta, claro, pero sí es limpia, próspera, agradable y libre, y está bien administrada.
Mis viajes a Suiza, en los que persisto desde hace más de 30 años, me han convencido de que Estados Unidos y el resto del mundo pueden aprender mucho de este país. Los suizos son más prácticos que ideológicos, pero veneran la libertad, protegen tanto la propiedad privada como el libre mercado y no aceptan que los gobernantes incurran en gastos deficitarios. Su moneda goza de muy buena salud, y se ha revalorizado con respecto al euro, el dólar y la libra esterlina.

El grueso de los recursos públicos es manejado por los gobiernos locales, mientras que el gobierno nacional es pequeño y menos importante en la vida de la gente. En Estados Unidos, aproximadamente dos tercios de los recursos e iniciativas públicos están en manos o corren por cuenta del gobierno federal; justo lo contrario de lo que ocurre en el país helvético, donde esos dos tercios son cosa de los municipios y cantones.
En Suiza, la tasa máxima del impuesto sobre la renta es del 11,5 por ciento, mientras que en Estados Unidos, luego de que expire la rebaja impuesta por Bush y a raíz del Obamacare, escalará por encima del 40 por ciento. En Suiza, los tipos impositivos máximos en los cantones se mueven entre el 10,9 (Zug) y el 30 por ciento (Ginebra); en Estados Unidos la horquilla se mueve entre el cero por ciento de Texas y Florida al 12 de Nueva York y California. Suiza no impone impuestos a las ganancias del capital y permite considerables deducciones a ingresos por intereses y dividendos.
Del lado negativo, Suiza tiene un impuesto al valor agregado (IVA) y otro, muy pequeño, sobre el patrimonio. En el lado positivo, la tasa combinada promedio que pagan las empresas es del 21,3 por ciento, mientras que en Estados Unidos es de más del 40 por ciento.
En Suiza, la legislación sobre el secreto bancario son cruciales, algo que afecta a los derechos humanos. Al habla Pierre Bessard, director ejecutivo del Instituto Rebecque de Constant (Lausana):