AL MICROSCOPIO
Alivio para padres
Por Jorge Alcalde
Los padres que en el mundo somos respiramos un poco mejor desde que la psicología moderna se ha empeñado en seguir las trazas del influjo del ambiente en la personalidad de nuestros hijos. Resulta que no somos tan culpables como creíamos de sus depresiones, de sus descarríos o de sus elecciones cuando llegan a la edad adulta.
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LA PRIMERA PIEDRA
Fue la escritora de libros de textos estadounidense Judith Harris la que revolvió el cotarro con su libro superventas El mito de la educación. Aquellos que tuvieron la osadía de abordar sus casi 600 páginas pudieron solazarse con la idea de que quienes de verdad moldean la personalidad de los infantes no son sus padres, sino sus compañeros de clase y de pillerías. Son los propios niños, dice Harris, los que se socializan entre sí. Peligrosa palabra ésta, de socializar, cuando se utiliza como sinónimo de casi todo, algo que suele ocurrir en la psicología de salón.
LOS ARGUMENTOS
Tras un estudio proceloso que sienta sus bases en la genética y en el conductismo, Harris venía a decirnos que los niños no son lienzos en blanco sobre los que se puede escribir, y que nuestros hijos no son tan nuestros como para que podamos hacerlos mejores o peores a nuestra voluntad.
ADIÓS A LA CULPA
Lo cual alivia al padre moderno un montón. Este padre suele tener una desmedida querencia a la delegación. Agobiado por sus quehaceres y sus "quequereres" gusta de exigir a los demás que hagan uso de su poder de influencia sobre el niño. Los profesores y cuidadores tienen la culpa, la televisión tiene la culpa, el vicio de los videojuegos tiene la culpa, la legislación demasiado permisiva tiene la culpa, la violencia en el cine tiene la culpa. Todos, por supuesto, menos el padre y la madre que bastante tienen con aprender a comportarse en un mundo enajenado de azotes y preñado de golosinas. La teoría Harris viene a añadir una excusa más a la lista: los amigos tiene la culpa.
TAZA Y MEDIA
Pues cuando aún no habíamos digerido el tocho de doña Judith, un equipo de psicólogos de la Universidad del Estado de Arizona viene a darnos otra ración. En un artículo que publica el último número de la revista Developmenal Psychology, pretenden demostrar que los estereotipos sexuales (eso que llaman "de género") y los roles masculinos y femeninos se adquieren y refuerzan en los juegos entre compañeros y compañeras. Han llegado a esta conclusión después de observar a un grupo de niños y niñas de entre 3 y 6 años atendidos en una guardería, durante un periodo de 6 meses. Al parecer, los pequeños no mostraron ninguna tendencia a la separación entre sexos en el primer periodo de observación, pero conforme pasaban más tiempo juntos, los niños tendían exponencialmente a jugar sólo con niños y las niñas sólo con niñas. Cuanto más tiempo pasaba cada uno con su grupo, más fuertes eran los trazos de comportamiento estereotipado, más emociones positivas desarrollan y mayor es la tendencia a excluir del grupo a individuos de distinto sexo.
JUNTOS O SEPARADOS
El estudio no adelanta ninguna conclusión sobre posibles aplicaciones en la estrategia educativa derivados de tales hallazgos, entre otras cosas, porque no existe un volumen de evidencia suficiente como para determinar efectos a largo plazo de esta traza conductual. Pero es fácil interpretar que los niños juegan como niños y las niñas como niñas porque sí, porque está en su naturaleza, porque no tiene nada de malo hacerlo. Es posible que algunos psicólogos y sociólogos sigan insistiendo en hacer que niños con ricitos morenos jueguen a las muñecas en los anuncios de la tele. Es posible que algunos colectivos se empeñen en proponer nuevas normas de "educación no sexista" cuya ñoñería, a veces, sólo es superada por su acientificidad. Pero mientras nuestros hijos jueguen con los hijos de los demás seguirá existiendo una tendencia natural a cumplir el dicho de "los niños con los niños, las niñas con las niñas".
¿Y LO DE LOS PADRES?
Ya es otra cosa. Afortunadamente, los que nos sentimos responsables de la educación de nuestros hijos podemos encontrar en la literatura psicológica miles de páginas para oponer a las 600 donde se desarrolla la teoría Harris. Judith Harris y los científicos de Arizona son buenos aliados de la tendencia moral a la delegación paterna. Pero eso no les da la razón, y menos la científica. Espero.

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